Aquelarres indefinidos.

El poema es un callejón sin salida,
entras y te exprimes
hasta abandonarte,
hasta el dolor del verso,
que entra en tu carne y te descerraja
en trozos.

Al poema no le interesa nada
que no sea el poema,
y al que lo escribe,
intenta meter un mundo de extrañeza
dentro.

El poema es raro,
el verso extraño.

Todos los versos
del mundo, desde hace siglos,
sobre todo, los que murieron
escribiendo poemas; todos,
todos los versos, repito,
empiezan en la boca,
muriendo cuesta abajo
cuando chocan
en un corazón de hielo.