Negando mi esperma, para que dibujes tu nombre con mi sangre.

Llora en esta habitación,
llora.
Es una manía intensa y tormentosa,
es una verdad creada,
una mentira cincelada.

Atraviesa los días,
como una estación demente
que sienta su cátedra,
en la jaula de un león marchito.

Ahora no puedo mostrar diferencia,
únicamente dolor de cabeza
y un estrago adyacente e inhumano;
soy el viajero de la vida,
mi vagón, es la maleta de la muerte.

No te vayas, aún no he acabado esta queja,
aún no tengo el final que deseas.

No quiero el mío para esto, ni el tuyo,
sólo el que deseas.

La locura es dios colgado de un cable
de alta tensión, esperando a la paloma
con las patas de alambre.

Trae carne, vino, ginebra y ganas...
lo demás lo pondrá mi lengua húmeda
y mi polla enajenada de tu ausencia.

Ahora toca silencio, no gimas, no grites...
dibuja tu nombre en mi espalda,
y utiliza, de pincel, tus uñas.

Es el momento,
ahora es cuando la muerte cuelga las camisas
en la locura de nuestros nombres.