En el rellano del abismo.

Chocando con seda,
la transparencia del olvido
me pellizca el estomago.

Me siento en el bordillo
de la calle.

Mira de lejos mis manos,
sonríe,
columpia su corazón
en mis contraventanas.

En ocasiones no busco el amor,
me convierto en un  indolente,
en un haragán,
no lo busco, no...
remoloneo tocando mi pelo,
tan solo dejo que llegue a mi
como una brisa en la noche de agosto,
mientras bebo cerveza
de una botella marrón,
y toco con mis pies descalzos
el suelo.