Teorema del giro de las hélices.

Se levanta en la madrugada,
camino de la cocina
a beber agua.

Dejando el rastro de su sexo
mi nariz la sigue,
como en un viaje astral.

Apaga el fuego de la cerveza
y la cachaça,
se hidrata, canturrea,
vuelve siguiendo
las gotas de mi esperma
como una pulgarcita erótica.

Se acurruca entre mis brazos,
y permite que la invada el sueño
mientras la beso.