Mirando árboles cuando ya es tarde para el café.

Me gusta,
esa sensación del beso
impregnado de nicotina
y vino.

Justo el momento antes,
cuando el corazón se revoluciona
como un republicano de veinte años,
bombeando sangre, como consignas
en una manifestación.

Me gusta beber con ella, y emborracharme
de ese vacío por donde caben
mil canciones, y cerrarlo con saliva
intoxicada.

Mente, ideal, palpitaciones
bajo mi cremallera,
todo es una conquista de ideales,
tras mancharme de humo y hollejos.