Ni adiós ni tiempo para decirlo.

Sé que soy un monstruo,
que devora corazones,
y se esconde tras los ecos
de la calle...
¡qué me vais a contar de mi
que no sepa mi otro yo!
ese que ahora no escribe.

Me derramo siendo un socarrón,
abandono mi propia resolución
para mirar como un loco el frente.

Mastico todos los pecados,
los cuelgo de mis tripas
para hacer caldo,
lo bebo bajo la luna
con los ojos cerrados.

Todos tenemos sopa
de pena, todos cocemos
caldo con los huesos de nuestra
cobardía.

Cada día es día, mientras la noche
fabrica muerte inesperada.

He parido dolor sin sufrir,
esto me convierte en un ser
deplorable,
sigo siendo el mismo,
camino a solas por la noche
olvidando a cada instante,
el movimiento exacto
del tiempo.

Tiempo,
tiempo,
tiempo,
segundos en horas
que convierten en olvido
los edificios más recios.

Es hora de cerrar los ojos,
y llorar como nunca,
o al menos hasta que vengas
de nuevo.

Digo todo esto,
o lo escribo,
vaya ser que mañana,
las fuerzas se me conviertan
en bulimia y vomite
el poco amor que tengo,
mientras como he dicho antes,
mastico corazones y escupo al suelo
gargajos de mi alma,
para que otros los pisen.

A Juanito del Moral.