Amor incondicional, motor y carracas sin pestañas

Escapes, tubos que no comprendes
en la ciudad que grita tu nombre a tus espaldas,
te chista y disimula, como una quinceañera
que se sonroja al verte pasar.

Llevas la muerte liada como un bocadillo,
dentro de la mochila que tanto pesa
en tu espalda.
El corazón de tu amor en el llavero
de tu coche, que desea arrancar
para llevarte a ella, pero te traga
la noche.

Escuchas tiros y aspiras en los bares
mientras bebes mata ratas.

Al final del todo, estornudas
para despejar las fosas,
pero andan saturadas porque
es invierno.

Te despiertas el lunes pensando
que es sábado, no das crédito
a como ha pasado todo
tan rápido, y piensas
que de nuevo la has liado
y estás de mierda hasta
las arquetas.

No, déjalo, es mejor dejarlo
así no das pie a que la cabeza
analice, mientras se parte de dolor
como una sandía contra el suelo.

Crees como todos en dios,
pero el tuyo va al baño
con un gramo de coca
en los huevos, y te cobra
sesenta el polvo con anestésico de muelas
rotas.

Siempre caes en la misma trampa.

Los camellos son como las putas,
les gusta el dinero fácil y no piensan
en como tenerlo, sí como gastarlo.

Pero entras en bares de mala muerte,
alta sociedad callejera infecta,
que ingesta tu corazón mientras
se beben tus bolsillos y esnifan
la mejor de tus sonrisas,
vuelta al error, no ocurre nada;
lo prometo; no volverá a ocurrir,
la próxima vez:
Daré un volantazo y no colisionaré
con esa maldita piedra.