Estigmas en los ojos de mi deseo.

Si pudiera,
te doblaba como un sello
y te pegaba a mi pecho,
poniendo en el remite: Tus besos.

Quiero meterte en mi bolsillo pequeño,
coserte la boca con mi vello púbico,
desearte felicidad con mis manos.

Tocar tu vagina, es como tocar un piano.

Quiero ser el ogro que duerme bajo tu cama,
salir por la noche, y traumatizarte con sexo.

De niño, quería cabalgar dragones,
tus sueños, son más feroces.

No fabrico miedo,
no fabrico.

Silencios, sorpresas, imaginación intensa, verbos que se deshacen en la boca.

Me gusta leer,
me hace pasar largos ratos
casi a solas,
creo en mi cabeza,
colores que no sabía
de su existencia.

Me llena leer,
me atormenta a veces,
me crea sentimientos
extraños,
rara vis, rara relación.

No lo he leído todo,
pero leo todo lo que puedo.

Leo libros,
leo revistas,
leo cartas,
correos,
mensajes,
leo recetas de cocina
en el reverso de los paquetes
de pasta,
leo prospectos de medicinas, las que tomo;
leo el reverso de los botes de gel,
leo zapatos,
leo ríos,
leo sonrisas,
leo cuadros,
leo la constancia,
la felicidad,
el amor,
lo inerte,
lo vivo,
leo la nada,
leo el vacío,
leo a los niños,
leo los pasos,
leo las personas,
la gente,
leo incluso cuando hablo con otros,
o con otras.

Leo acostado,
leo sentado,
leo de pie,
leo cagando,
leo tirado,
leo acurrucado,
leo haciendo el amor,
leo follando.

Leo en los bares,
en la calle,
en los parques,
en casa de otros,
leo en centros comerciales.

Leo a oscuras,
leo con el sol,
leo con la luna,
leo contigo que ahora lees.

Leo en la constancia del espíritu,
en el filo de la cordura,
que también es el de la locura.

Me gusta leer, y leo con ella.
Ella es la mejor de las lecturas,
leo sus palabras, sus gestos,
sus sonrisas, su despertar, sus enfados.

Leo sus defectos, leo sus pasos,
leo su distancia...

y después de todo leerla:
La leo.


Sangre en las pestañas.

Ya no queda nada en la despensa,
se ha vaciado en cesto
de la ropa sucia,
esta casa es más casa que nunca,
esta locura mía, es un geranio
que huele a asesinato,
se siente en la plaza,
los gritos.

Lloverá esperma en los desiertos.

Nacerán brotando a bocajarro,
arbustos de muerte verde.

Mi corazón es viernes 13,
mi corazón es un gato negro,
un paseo bajo la escalera,
es todo menos supersticioso,
lleva colgado de sus vaqueros,
el llavero de tu alma.

Viajando a Urano.

Ella en la ducha,
yo con una erección,
en la cocina.

Entre mis manos,
un libro de: Sylvia Plath.

Me huele a chocho,
hasta la menestra.

Soy un salido,
se me quema la bechamel,
hasta en una cama de pubis.

Entre tanto, me incomoda hacerlo, pero he de hacerlo para que el universo no me atosigue, con las ramas de la verdad, que se avergüenza de parir plancton.

Ver el espacio unisono,
la igualdad, teñida de lejía.

Los huesos, son de vez en cuando,
negros.

Si aspiras fuerte, ves la insolencia
de lo expuesto; de ti, en otros.

Caer en la equivocación,
no es más que un intermedio,
en la película que protagonizas,
tan sólo, patrocina, el centro,
neurálgico de tu experiencia.

Siempre quise ser diminuto,
pequeño, colarme por los agujeros
del queso,
descansar en los pliegues exactos,
en esa frontera que dibuja el cielo,
con forma de arruga; en su cara.

Lo extraño es ordinario,
lo ordinario es aburrido,
enrocar las piezas,
cambiar la dirección
del engranaje, ser coda,
en un universo de corcheas.

Una vez leí: La soledad,
es la madre de todas las sabidurías.

Alego: La exactitud del error,
yace en la repetición de los patrones,
en no cambiar las vías, en continuar
los caminos cómodos.

Revivo sentimientos,
mas no experiencias,
reclamo la emoción,
rechazo la rutina.

Ahora duermo entre sauces,
ellos enjugan mis juegos,
me ha tocado ser el llorón,
y carezco de hojas.

Es momento de huir despacio,
despacio,
lento,
muy lento,
como un arpa.

Noches, con mañanas a lo lejos.

Un hombre y su camino,
una decisión y una confusión.

Nunca sigas la cuestión,
como algo disoluto,
sino como una quimera
de inteligencia,
una sonrisa por descubrir.

Atraviesa el rellano de lo pensado
en medio de un torbellino.
Al borde de la desaparición,
empezaras de nuevo a sonreír.

Para siempre en tu habitación,
donde los monstruos acechan
pero no matan,
podrás ir poco a poco subiendo
la persiana.

La luz dibujará con sus dedos,
caminos infinitesimales,
dudas sobre la elección.

Vida desde lo oscuro,
la luz al final del túnel,
es la muerte que por fin,
te hará renacer en llanto.

Infusión de vísceras, tras el baile de mascaras.

Imagino humos,
columnas de colores,
que trepan por mi cabeza,
es una sensación plácida,
en medio del mundo que gira.

Son las tres y media de la madrugada,
voy borracho,
y no ceso en mi guerra;
pierdo todas las batallas,
pero sé que al final de todo,
la guerra será nuestra,
habremos tintado de rojo sangre,
el campo de mil batallas perdidas.

Imagino humo de colores,
pero voy borracho, y nadie
me hace caso,
a no ser que sea un recién nacido,
que ata su cordón, a sus zapatos.

Cierra el cerebro, no pienses,
abandónate al verbo dañino
de la muerte.

Amasando el pan, antes del desayuno.

Me gusta tener sexo,
con ella,
por las mañanas,
para luego hacerle el amor,
desenredando su pelo.

Morder su espalda,
acariciar su vientre,
lamer su boca;
besar su vagina.

Me gusta tener sexo
por las mañanas,
para hacerle el amor
después,
con mis manos,
perderme en la utopía,
de sus muros enjutos
de saliva.

Sufriendo a deshoras.

Penetro mi estilográfica,
empapando la punta,
en tinta.

Chorrea y mancho,
el papel,
de tinta y vida.

Escribo su vagina,
en el aire,
vagina en el viento.
Vagina todo el tiempo.

Tanka de la desesperación por las mentiras de adviento.

Entre cordones,
va mi vida caminando.

Del ombligo a los zapatos,
hay un sendero materno.

Como un contrabajo,
acaricio la música,
que parieron conmigo.

Aguardándote en espera incierta,
siempre me jacto de mi paciencia,
y vienes con mi nombre a gritos,
en las horas inciertas.


Volando espantapájaros, bajo la angustia de la histeria.

Interminable.
Inextinguible.

Barco pequeño,
charco vacío.

Me voy tranquilo,
a la orilla de la muerte,
a mirarme en tus espejos.

Mi corazón está a la sombra
de una flor petra.

El sendero es discontinuo,
en ocasiones, aburrido y corto.

Hay una puerta en tu frente,
un número en vientre,
un reja en tus pasos.

Voy cerrando poco a poco,
arrancando en mi,
aquello que huye de ti.

Soy jardinero, arranco fatigas
de tu cuerpo,
dejo volar de mi, el mal floreciente,
de esta humanidad podrida.

Hay sedas rotas manchadas de sangre,
hay colmillos que nunca han desgarrado carne.

Discusiones en una cena, antes de llegar a casa de Po.

Como en una alacena,
mantengo todo el alimento,
recogido del río:
el corazón arrancado en mi mano,
el alma desahuciada de tiempo.

Hay una senda,
que lleva hasta tu casa,
he de cruzar el bosque,
denso de hierba y bambú,
es invierno y hace frío,
al final del camino,
la luz de tu viejo candil,
hace imaginar
el cuenco de caldo y huevo,
el vaso de vino.

Llevo en mi espalda un hatillo indivisible,
hay en él, pan caliente y un libro Shiki.

Estimado Po, no conozco aún,
miedo por el frío,
mas sí,
por la ausencia de poema y amistad.

Pues es el poema la esencia del todo,
como la amistad el conjunto vacío,
recogido en vida.

Poesía,
poema,
o
amistad,
hermandad,

Distintas vías,
significados,
contrasentidos,

Quien al poema le llama, poesía;
es llamar a cualquier muerte asesinato.

Prefijos que establecen conferencias con lo más lejano de tu existencia interna.

Anguloso y freático,
me movía por los bares
con la cerveza en la mano
y la sonrisa en los pies.

Parecía el susto,
que espanta la muerte;
mientras rompía el movimiento
del cielo.

Resbalaba en cada punto de partida,
trituraba cada opinión vertida.

Era difícil ser un payaso,
hasta que descubres,
que los bares son un circo.

Era difícil ser equilibrista,
hasta que me di cuenta,
que tu amor era un cable de acero.

Nunca fui de ciencia,
porque lo mío fue la letra,
por eso ando desconociendo,
la cierta verdad de la experiencia.

La ciencia y la letra, tienen ante todo,
un prefijo para llamarlas:
Cons.
Es el que te hace las conferencias
más profundas del ego, sin caer,
en el "centrismo", o el "ísmo".

El aguante de lo externo,
soportarte a ti mismo,
sin pensar que eres un super-héroe,
sino, uno más, que a diferencia escucha.



Libertades en medio de adoquines de bilis.

Eres libre,
como lo somos los demás,
en el hogar de la exactitud,
tu reprimenda de cactus de espuma,
reverdece en flor de quilombo,

La esperanza camina de puntillas,
y es una sorpresa negra.

No recuerdes nada, ya llegan solos
cuando más lo necesitas.

A todos nos disgusta la soledad,
mas, todavía más, el vacío.

Llénate de ti mismo,
camina por la ciudad,
que ajena a todo,
se hace tuya, a cada emoción
vivida.

Ahincando escoria, diamante de ceniza hirsuta.

Hay un espectro,
debajo de mis sabanas,
un viaje blanco,
que empapa el cielo.

+++++++

La muerte viva,
es un invierno de amor,
un frío docto.

+++++++

Cabe en un risco,
la escasa mirada mía,
aliento apocado.

+++++++

Sumiso y enjuto
malvivido timorato,
apenas llega.

+++++++

Si huesos somos,
manda la parca negra,
somos pavesa.

Llegué tarde a clase, y me castigaron en el pasillo por siempre.

Así como miro,
recibo en la mácula
de mi propia imagen;
tu imagen,
de lagrima absoluta.

Así es como te quiero,
con la percepción,
exacta y minúscula,
de lo percibido en lo conciso.

Papel de estas letras,
es el justificante del colegio,
las ganas de quedarme en ti,
y que me ponga falta de asistencia,
el universo.

a Laura Bettonica.

Medicina con receta de vuelta.

Vacíos,
capas enteras,
que cubren la nada.

En ocasiones,
la piel y el hueso,
es papel que recubre,
un bocadillo de excremento.

Listado de vallas, tropiezos de incoherencia imaginativa.

Hay un charco en la luna,
una calavera en todos mis sueños.

Onírico y maleante,
me gusta lamer la espuma
de la cerveza, mientras
lo poético me resulta
odioso.

Entro a los baños,
para torturar mi imaginación.

Una especie de oración,
nace de mi pene,
cuando siento sus dientes
en mi espalda.

Disfruto acariciando
el jacinto de sangre,
sumiso, cae sobre mi cara
su cascada,
no me llega la sangre a las manos,
atarme en uno de sus poros,
es mejor que despertar cada día.

Ahora dejo de ser todo;
hasta mañana sin verbo.

Plazas y calles.

Iba de un lado
a otro.

Risueño, melancólico,
de calle, en calle,
solitario, asustado,
borracho, irreverente.

Buscaba en los bares,
como perro callejero,
un mendrugo de amor
caliente.

Absorto en miradas ajenas,
me perdía en el parpadeo
de otras borracheras,
arrojaba risas como tumores.

Ahora soy jardín,
que solitario
en alguna hora,
encuentra sosiego
en un boomerang
con forma de brazo.

Me gusta lanzarme
a la vida;
con la fuerza de la muerte.

Conquistar el desamor es enamorarte, todos los días.

Sobre un follaje somnoliento,
descansa ardiendo,
todo lo que echo de menos.

Cabeza de grillo verde,
corazón de pelele,
muñeco de trapo tuerto.

Hice lo que pude
cuando no pude,
y he dependido
de una mano infecta.

A mi también
me atormenta,
los vientres negros,
de doncella.

Amor de cafetería,
besos en todas las esquinas,
tabaco y cerveza a media tarde,
todos los cisnes del mundo, lloran,
todos los sauces: mueren cantando.

El amor siempre llega,
el amor siempre llega.

Inmóvil ante el hojudo. Haiku de la desesperación.

ojos hinchados,
viaje de sangre densa,
Los tigres rugen.

Manoseándome en medio de la urbe.

Pincho mi dedo,
con una aguja.

Viajo por mi sangre,
exprimo mis emociones.

Hay una manera mejor
de ser el más fuerte.

Trasforma tu ira en besos.

Juega al comecocos,
dispara tu rayo láser,
juega a los médicos,
practica el erotismo
que desemboca en porno.

Conviértete en hoja,
en bambú,
o en sauce,
aliméntate;
imagina que no eres nadie.

Atisbando la monomaquia, matándome en ayunas.

A veces la ropa
es la tristeza guardada,
he tropezado tantas veces
en la misma piedra,
que el callo de mi piel,
ya no habla mi idioma.

Plancho mis penas
echando brasas sobre ellas.

Tengo una nueva revolución
en mi vientre,
embarazado de ti,
voy, a no abortar las tragedias.

Lo vital es un pez que no maúlla,
lo exiguo, crece en jardines
del insomnio.

Ya es comprensible,
cuando el dolor es orgasmo.

Ella se retuerce en el café,
mientras la cucharilla marea
sus negativas, para ser bebida
entre mis dientes.

La muerte es un viaje sin maleta,
la herencia al mundo, es la ropa;
por eso siempre la humanidad, es,
la hermana pequeña.

Cerraduras con llaves mágicas.

Perpendicularidad rotunda,
hay rocas de mantequilla
en medio del bosque.

Parece que las copas,
se llenan de viento,
es como si el vino
se deslizara por el cielo,
el amanecer es tan rojo
como la tarde de sus besos.

Es fácil ser perpendicular
ante la naturaleza ignominiosa
de lo fácil, 
lo complicado es hacer equilibrio
en la soledad, 
para no vaciarte y formar parte
de un ovillo de tristeza.

Estaciones abandonadas, pasajeros que lloran maletas.

Ante el túnel,
mi sombra
es un trashumante
homónimo.

Ella llega como la lluvia,
no como el chubasco,
ni el monzón,
sino, como la lluvia.

Deja caer sus dedos
y después, hasta su alma,
pide el permiso al perdón,
para aparecer como parto
sereno.

He cambiado la indiferencia,
por la importancia, a todo
lo que antes me exigía atención.

Suelo caminar solo,
hablar solo,
beber solo,
llorar a solas.

Me gusta saber
qué aún, no sé,
lo que tengo que aprender.

Su vagina, es una enciclopedia
del cariño.

Infinito exacto, lujurias en nuestras copas de sexo.

Se arrancaba
de su cara,
jirones enteros,
lágrimas de papel,
manchadas de vino,
migajas de pan,
y tomate.

Cercada por un núcleo
de melancolía,
bebía vino y se resbalba
por el sumidero
de sus emociones.

Estaba sola,como el sistema planetario.
No había nada que la rescatara,
y mientras;
le dibujaba
poemas en el mantel,
con las palbras que sacaba de su bolsillo
empapado y chorreante
de sexualidad; aún no conquistada.

Fue como pisar uva,
Baco jamás conoció
nuestro vino,
hubiese muerto,
encharcado en lujuria.

Natura incontrolada

Cuatro espinas,
un cerezo.

Un nenúfar
su vagina.

Mi pene,
una bala
de brezo.

Salvaje y desmedido,
es el viento
que exhalo;
desprendo
como un alud,
chorreando,
todos los jugos
de mi sexo.

Pariendo formas, en medio de una decisión.

Es una oración exigua.
Camina desde el fin, de tu decisión.
Examina el alma,
es el shakuhachi oscuro,
el llanto soplado.

No proviene del inicio,
sino que resuelve el conflicto,
siendo el receptor universal,
ahora, tú; que lo lees.

Anula el comportamiento falso,
nadie es nadie, en medio de nada.

Lo existente, es porque se le otorga,
en el instante de la verdad, su propia,
y parida existencia no elegida.

Sopla shakukachi oscuro,
se arrían velas de sangre,
empapando nuestro nombre.

Café de almendra, y molestias en los pies.

Un saludo,
pasa, toma asiento,
ponte cómodo.

No me gustan las despedidas.

Hola, ¿Cómo estás?.

Sonríes mientras lo haces,
pensando que la muerte,
hace un zumo con tu hígado;
pero sigues como si nada.

No quiero despedidas,
ni adioses, ni nos vemos pronto.

He aprendido que ya de por sí,
nosotros nos vamos marchando
en todo.
Hasta en las mejores
presentaciones, ya hay algo
que se va de ti, 
incluso en los besos que das;
hay una parte que jamás vuelve.

No quiero despedidas, porque ya no estamos
cuando llegamos,

Quiero quedarme con el queso,
con la risa, 
habitar en medio de todo,
ser un completo estorbo,
molestar hasta cuando me molestan.

Quiero coger un camino
y fabricar una cuerda.

Universos cerebrales, filtrados de corazón.

Juego a menudo con mi pene,
lo toco, lo acaricio, me masturbo
como un irracional.

En la calle, pasan mujeres,
y los semáforos están en rojo.

Recuerdo de niño jugar con mis hermanas,
imaginarme dueño de una tribu extraña,
haced los iconos con los cromos
de las bolsas de patatas y de los tigretones.

Me escondía bajo la cama de mis padres,
pasaba ahí horas, las siestas de lo sábados
eran siempre allí debajo;
fue el comienzo de mi defecto de visión,
cuando empecé a verlo todo distorsionado.

El mundo había que entenderlo siempre desde arriba,
nunca desde abajo.

Esperaban un buen estudiante, un buen hijo,
salí un mal jugador, uno que siempre miraba
las tetas de las amigas de mis padres; imaginándolas,
desnudas y masturbándose.

Después, a los años, me quedaba despierto
y cuando todos dormían, me levantaba a ver
canales porno, por cable.

Adoraba a las mujeres de las películas,
eran como las diosas de mis tribus, sacadas
de las pegatinas de mis trigretones,
dulces y comestibles.

Recuerdo la primera vez que me corrí,
mis padres habían salido,
y mis hermanas, dormían.
Tomaba cola-cao y el salón estaba a oscuras,
me mareé, me trasladé años atrás cuando,
me encerraba bajo la cama de mis padres,
fue la misma sensación de libertad y de soledad.

Ahora bebo cerveza y miro como un poseso
a todos lados, mientras siento que el mundo,
es más pequeño que mi universo de tribus.

Muerte a los muertos, para que revivan las flores arrancadas.

Trece calaveras y una muerte,
juego de azar en esta noche.

Trece calaveras y una muerte,
el amor trae buena suerte.

Muerte en cocinas ensangrentadas,
toda la comida se muere en el frigo.

Esta noche es la noche de mi sombra,
dormiré más sólo, y menos asustado.

La luz visitará mi almohada,
la muerte, llamará a la puerta, del abrigo
de la parca.

A Verónica Valiente.

Estudiando la posibilidad de la luz oscura e isquiática

Todo tiene hueco,
todo cabe hasta donde no ves:
E
  S
P
  A
     C
   I
      O

Busca el lugar solitario,
potencialo en su melancolía;
es un alimento a cucharadas.

Caminas bajo botones,
mientras tu alma se oxida
en una olla de barro.

Si lo buscas, puedes: aderez-arte,
y pasar de castaño a oscuro,
sin ver en lo oscuro lo tétrico
adoctrinado.

Es un viaje constante,buscarte
en medio de los huecos llenos;
mas en los vacíos, en esos,
en los que reside el miedo
a re-ubicarte:

Es donde has de colocar el marcador,
y:
L
   E
E
  R
T
   E
en esos resquicios que te desquician,
y, te convierten en la insatisfacción
ecuánime ordinaria.

Ascensor ciego emocionante,
llévame al sótano, ahí,
en el preciso, inimaginable,
e impío arañazo del alma,
en el cual, el momento de soledad
alimenta la sabiduría.

Cajas de cartón vacías, solfeos destilados de una sombra desafinada.

Noches como galletas,
resacas tan grandes como si te enamoraras,
invenciones, invencibles.

Caídas de ego, como suicidios colectivos.

Hay ginebras aún por destilar,
que ya provocan resacas.

Hay ojos por mirar,
que ya atraviesan corazones.

Meses recluidos en el hollejo de la existencia, que pre-ambular, desentona melodías erráticas.

Como el vino mancha la copa,
así es la muerte del espíritu estancado.

Tan solo es bebido el liquido esencial.
En ocasiones el alma, la dejas resbalando.

Raspando pellejos a la vida,
la muerte se convierte en jirón
de una existencia criticada
por su forma de extirpar segundos
a su propia vida, esa que tan eterna,
la mantiene matando.

Muerte no es vida,
mas vida no es estar vivo,
al menos siempre.


Recetario de un alienado.

Tengo la nevera llena.
Todo está caliente.
Me encanta cocinar,
para, después, comerte.

a Laura Bettonica.

Ella llueve al mundo, y el fuego venera la histeria de nuestros besos.

Vuelo entre trampolines,
los papeles reciben su dosis
de letra,
como si cosquilleasen
encías rotas bajo la lluvia,
se entrelazan en una locura
excitada del yo profundo.

Abro la nevera, abro una cerveza;
abro las puertas, abro las ventanas,
abro el pecho, abro las ganas.

Ha salido el sol y me violo a mi mismo
mientras escribo y bebo.

La cocina es un universo separado
de hedonismo,
he amado tanto en ella,
que siempre me horneo bajo
la receta de los besos y los abrazos.

Mañana habrá un agujero negro,
un big bang en el pasillo,
arriaré mis velas,
pondré destino a un corazón poco hecho:

Voy a devorar la vida, con vino tinto,
voy a besarte, como si comiera fruta.

Guerreando con el sueño.

Por la noche gritan los vecinos
de al lado.

Siempre llegan tarde
y su hijo llora.

Mientras, escribo,
bebo cerveza,
de vez en cuando
la miro de reojo.

Luego en la cama,
la abrazo y duermo,
no sin antes sentir
una guerra en mi pecho.

Bosques de espuma y muerte

Los bares de los hospitales,
son como los bares
de las estaciones.

Misma entrada y salida,
igual sabor en la cerveza,
simbiosis entre muerte
y rutina.

Es como si dios,
fabricara la misma llave,
para dos cerraduras.

Entras, bebes, comes,
viajas en autobus de tercera,
y mueres con el billete,
sin ticar,
en la cartera.

Pienso, en ocasiones;
en toda la gente muerta
que mastica bocadillos,
engullendo el último trago,
de cerveza.

Fonambulista con red de cemento.

Deseando ser gervera o eucalipto,
nacer en medio de un campo sucio,
deseando ser algo distinto a lo que soy.

Nacer no siendo algo proyectado,
ser entendido por mi mismo, y no,
por mi ente creado de una nada
arrebatada de sueños.

Escociendo mis entrañas
cuando sonrío,
no soy nada especial,
no eres nada de este mundo.

Haber nacido en otra odisea,
en una horcajada de la luna.

Regando en silencio mi silencio,
marcando los finales con lápiz rojo.

Asintomático de ti mismo,
has derrumbado el valor del día;
¿No has conocido nunca la unión
universal fuera de tu espacio?

Estar en medio de un huracán tuerto,
estar en medio de todos siendo el tonto
de la clase; ese imbécil del grupo.

Deseando ser una herida en un campo baldío.

Gafitas cuatro ojos, elevo al cubo el pasado, trayendo a tus manos, mi niñez envuelta en besos.

Al corro ancho de la patada,
como si nada pasa,
comeremos ensalada,
como trozos, como jirones;
naranjitas podridas y limones.

Ahora ha de pasar todo,
como ya pasó una vez,
como siempre pasa,
aunque sea bueno,
porque nada queda
en el exprimidor
de esta rutilante vida.

Al corro ancho de la patada,
mandaremos al carajo
lo que nos mata,
pasaré mi mano por tu frente,
hasta que los besos
se conviertan en tiza,
con la que escribamos
amor,
en una pizarra eterna de recuerdos.

A Laura Bettonica.

Aclarando la existencia del negro, me corto las venas para descubrir el cuello del cielo.

El espacio es verde,
los besos son verdes,
la música es verde,
la estela universal es verde,
el poema es verde...

el viento es verde,
el viento es verde,
el viento es verde,

los besos son amarillos
los abrazos azules,
por eso el amor es verde.

La sopa es verde,
la cerveza es verde,
las sabanas son verdes,
los sueños son vida,
y la vida es magenta,
cian y banca.

Todo es verde
cuando duermes en la hierba;
hasta mi guitarra desafinada es verde
y el haiku es una construcción mínima
estructurada,
y es verde.

Lorca era verde, reverdecía en su vida
hasta en su muerte negra,
y heredamos verde,
la herencia del dolor,
la herencia de lo no muerto pero incontrolado
de lo blanco.

La vida es blanca,
la tiras al suelo,
se rompe,
y se desangra en verde.

Todo es verde porque La Odisea,
marcó las quijadas partidas por espadas;
como la esperanza del hombre matado
que riega con su sangre el suelo:
semillas esperanzadas, destinadas al verde.

Resacas de dolor, amor como una boya.

La pena, es la verdad,
el dolor, es la verdad,
el tiempo, es la verdad,
la vejez, es la verdad,
la muerte, es la verdad,
la depresión, es la verdad,
el odio, es la verdad,
la guerra, es la verdad,
la bala, es la verdad,
el insulto, es la verdad,
el miedo, es la verdad,
la distancia, es la verdad,
el llanto, es la verdad,
la soledad, es la verdad.

Hundirte es la verdad,
atravesar un bosque oscuro
es la verdad;
perder todo, es la verdad,
no saber donde estás, es la verdad,
verte en espejos rotos, es la verdad.

Todo en la vida es verdad,
el espíritu, la sangre, todo es verdad.

Todo es verdad, porque en la verdad
encuentras el átomo de esperanza,
minúsculo, pequeño, como una lagrima,
como una gota de lluvia,
como una risa a carcajadas,
tan pequeño como lo bueno,
tan poderoso como nada;

esa es la verdad,
siempre gana el amor,
y te atrapa cuando miras
al frente, buscando el momento,
que en su poder,
fue una verdad apabullante,
atropellando tu pecho
y sacando tu ánimo.

Muerte en medio de mis vesanias.

De niño leía en la cama,
disfrutaba de aquel tacto
de papel fino,
de aquel olor a tinta,
de imaginación loca
destapada por las historias.

Luego me quedaba dormido
con el libro abierto en mi cara,
lo olía en mi inconsciencia,
y me producía hasta flato,
una ansiedad inexplicable.

Ahora, me acuesto con ella;
es la autora anónima de todas
mis desventuras, de mi locura,
de ese fracaso que me ronda.

Me despierto con ella sobre
mi cara, como los libros que leía...
pero con el sabor de la aventura,
en medio de mis manías.

Gallinita ciega.

Me gusta matarme
en los te quiero,
es un suicidio
que dura toda la vida.

Debiera ser una muerte
colectiva,
pero el amor, es bipolar,
y nos deja en ocasiones,
al borde de una verdad
abismal y desconocida.

Por eso siempre he sido,
de amar hasta con los ojos cerrados.

Galletas y peces

Deja que que la angustia
siga su curso.

Es como un río,
desemboca y muere
en la inmensa y variada
vida.

Imposible, lo imposible.

No es tarde
aunque en tu cara
el tiempo labre.

Aún puedes si te aferras
y lloras.

El despertador aún suena
y lo mejor, es que lo escuchas.

Puedes hacerlo con todos,
todos son tú, y tú eres el canto
de un coro en un drama griego.

Coreuta milenario,
la vida no es en vano,
si eres capaz de volar
como un violín.

Huecos rellenos.

Las vacas no tienen maletas, ni estancias, ni conciencia; creo.
La ropa es como la vida en cascara, te enfundas y sales, pero olvidas siempre las lagrimas debajo de la cama. Ahora esperamos la lluvia y el suicidio de las hojas, para cubrir el asfalto gris y caluroso de las ineditas noches, en las que olvidas hasta el monstruo de tu armario o la oscuridad de cuando contabas cara a la pared, jugando al escondite.

Todos los días muero. Muero en la mañana, muero en la media tarde, al anochecer y en la madrugada, sé de sobra que tu también mueres, a solas todos los días, mas, lo haces sin la corteza ni la extrañeza del día, de la rutina del zapato negro.

Muero todos los días a todas horas como tú; y aunque no lo creas, intento poner un beso en cada muerte, mientras me robas las lagrimas que olvidé debajo de tu cama, esas que uso como migas de pan, para volver a tus besos, a tu sonrisa, a la vida de nuevo.

Dulces de licor amargo, corazones como tomates en lata.

Sueño en grande,
vivo en pequeño.

Descompensación:
abismo ininteligible
creado por el hombre
para la sociedad.

Siempre preferí
vivir por todo lo alto
donde sólo yo,
puedo elegir la grandeza
de mis recursos.

Sueño en grande,
vivo en el día
con todos los astros
deseando ser mi sueño.

Copulando con las nubes, mientras se balancea entre hojas.

Libre vuela deshojada;
raya la linea horizontal
entre el cielo y la montaña.

Llora todas las mañanas,
deseosa e incierta, extraña;
triste y melancólica cuenta
los días, deshojando el deseo
no atendido, como una margarita
en la que sus pétalos,
niegan constantemente
el destino del amor deseado.

Así despierta casi siempre,
esperanzada de amor,
y llena de orgasmos.

Muriendo en sostenido menor.

Me entretengo,
entre malos pasillos.
Camino en falso,
resbalo y caigo.

Ahorcado por la cuerda
de un arpa,
lloro flujo de sus orgasmos.

Entretenido por lo que pasa,
voy andando mientras dibujo
con mi dedo, extrañas figuras
en el aire.

Me gustaba y todavía
lo hago,
acariciar con la yema de mi dedo
indice, las paredes de casa
cuando el sueño me secuestra
a la cama.

Partiendo las bases establecidas

Es melodía hasta en el dolor,
corren los segundos como niños
del tiempo.

Pared destruida en lagrimas.

Encuentro constante con el deseo.
Mientras leo
subrayo jadeando, lo importante.

Marca los mejores capítulos
de cada libro,
esos que aprendí a leer
sin entender a penas,
lo que en ellos se había
escrito.

Me sucedes invariablemente;
hasta en las notas
discordantes.

por eso siempre:
compraré relojes atrasados.

Picoteando mientras sobrevivo en las calles.

Viento raro,
brisa rara,
besos húmedos,
tardes jadeantes.

Suelo absorto
pasos flotantes,
complicaciones adyacentes.

Tengo regalos aún por abrir,
mi eterna maldad,
es la que ven los malos.

Ves lo que quieres,
cambias lo que deseas,
lees en un traspiés, un fracaso,
y la quejumbre, te relata
al oído que te han vencido.

Tus rodillas aún flexionan
tu rabia, traducela: es fuerza.
sigue, ahora; no mañana, sigue.
Tus ojos aún miran, depende de ti,
hacia donde:

Es hora de besar el rastro de las avispas.

Barrancos corazón abajo.(Haikus de las cuatro vidas)

En cambio nada,
llegó a su vida llena.
Lloró más sola.

++++++

Un cementerio,
de mil crisantemos.
Color y muerte.

++++++

Vagina rota,
loto pleno y calmo,
adolescencia.

+++++

Tomo un vino,
a sorbos de la  copa,
soledad feliz.

++++

Cumplo cien años,
envejezco mi cuero.
mas no mi ficción.

Marca páginas de la desesperación.

Desesperado, en su ausencia,
desesperado, olisqueando
loco por hallarla,
siempre la encuentro
entre las páginas de los libros;
marcando todas las frases subrayadas
en las que mi alma se conmovió
al leer el misterio, el azote a mi alma,
antes de que me despertara con besos
todas las mañanas.

Rimando con la muerte en mayo, la supe amar en un día de septiembre.

como un crisantemo,
erguida sobre su tallo
y piel,
se asemeja,
para escribirle encima,
a un trozo arrugado
de papel.

Se asoma el sol
por su pecho,
lo veo desde mi vista
trasera.

La mañana calma,
y el río recitando su bajada;
parece que el día anuncia,
el nacimiento del sexo
en nuestra almohada.

Me dijo la muerte,
que no la soltara,
ahora con mis dedos,
leo en braile entre la hierba.

Vamos a coger briznas de miedo,
tejeremos una larga noche
cuando todos duerman,
nuestra oscura y secreta
desazón de arrebato.

Combate a tumba abierta

Arrinconarte entre las cuatro
paredes de la cama.

Empalarte en la distancia,
con un poema en carta,
lleva consigo darte forma
de vocal espatarrada,
tejer con las consonantes
de tu orgasmo un loncha 
para envolver mi pene,
repletar todos tus rincones
en abrevaderos de sueño,
cascadas irremediables
de gemidos y gritos;
sacudidas y estertores:

Imagina que la muerte
es minúscula y tímida.

Desayunos que apaciguan la ausencia.

Son las 08:00 de la mañana,
soy un adicto del despertar,
me giro en la cama,
y exprimo su vagina
como una naranja
para sorber su néctar,
apagar esta desesperación,
esta agonía de las ocho horas
sin consciencia de sus besos.

Vida entre sombras.

Amanece y llueve,
las nubes tapan el sol.
no hay luz, pero la claridad,
crea vida en su oscuridad.

Colores al amanecer, que se retuerce sin suerte.

Hablo con mis sueños
cuando duermo.

Dialogo sin lógica
y no los tengo,
pues ellos me razonan.

Me dicen:
Vamos chico,
aún puedes darme
formas infinitas y reales
como esto.

Siempre quise tener
sueño, dentro del sueño,
como el barroquismo
de la esperanza.

Hablo con mis sueños
y me dicen siempre
lo mismo,
y cuando despierto
es como si saliera
de una placenta
viscosa de vino tinto.

Cunnis lingus

Como siempre,
en el verano me gusta
coger un tomate de la nevera.

Hago una mezcla de sal y azúcar,
tomo un biberón de aceite.

Muerdo el tomate, 
que me chorrea por la comisura
y la mano.

No me limpio, me gusta mojarme,
de su jugo.

Entonces le echo de la mezcla
de sal y azúcar.

Lo hacía cuando era niño,
lo hacía cuando era joven,
cuando era adolescente,
cuando era veinteañero,
cuando era ejecutivo de 120.00 anuales,
cuando era ejecutivo en medio de la crisis, endeudado,
cuando era un amargado.

Es como centrarme en un universo colorado
de semillas;
en una pasión no nata.

Lo sigo haciendo ahora, 
lo seguiré haciendo siempre,
ahora que escribo inerte,
e inherente a un pasado ficticio.

Morder el tomate, dejar que chorree:

sal-azucararlo...

De niño lo hacía mirando la tele
junto a mi madre,
ahora pasan mendigos por las calles,
pidiendo hasta sonrisas.

Luces en una carta sin sello.

El viento es celo
de su nombre,
se rasca y sonríe,
suspira y maldice.

Me gusta oler,
a escondidas,
su ropa interior.

Es un secreto,
he dejado
una ventana abierta,
sin que lo sepas,

para saltar esta noche
como un lobo,
sobre tu vagina despierta.

Títulos en una noche conjugada.

echar de menos
al estar despierto,
morir cuando se respira.

Acabar es empezar a morir
mientras deshojo mi estomago
con soplete y tiros de sal.

Entregando cartas a destinatarios erróneos.

Como una esquina que burla
el viento, me desfogo con extraños
roces pasivos.

Es como exprimirme en deseos
inconclusos, presos de una emoción
de caramelo.

Hasta la esperanza me sabe amarga
por la lejanía de su complicidad.

Es el cuento de la zanahoria tonta,
que siempre engaña a dos burros.

Sin nada es todo, pero a veces
la suposición nos asesina nubes.

Partituras de la indiferencia.

Es el espacio que hay
entre un hombre 
y una mujer.

Definelo como quieras.

Pero la letra ya está escrita antes 
de que nada ocurra.

La melodía, saldrá entre el roce
de sus instrumentos.

De todo eso, 
vendrán legiones
de primaveras,
otoños,
equivocaciones
y ostracismos de repetición
inconclusa.

Incertidumbre, geranios y flores de mal matar.

No es el bosque de besos furtivos
ni los sauces.

Es que no llora la natura,
y maduras tanto, que te pudre
la frente para matarte y disfrazarte
de crisantemo.

Ahora eres fluido de propia angustia,
en breve, serás un autómata
bebido por un asesino de siete años.

Sin olvido, no recuerdo lo vivido.

Gotea.

Susurra.

Es el yo que no soy.
El tú que no eres.
Es, el, él, que somos.
Mientras somos,
nosotros nos olvidamos.

Nos perdernos en la forma del verbo.

Parece que ellos nos aman
pero en el fondo, os engañáis.

Es la una de la madrugada;
y mi corazón ha madurado tanto
que se ha caído de la rama de mis sueños.

La podredumbre rescata la pesadilla,
para disfrazarla de razón.

No me importa que pises mis nubes,
esas que he tras sembrar ilusiones
han brotado en sueños.

No me importa,
porque  goteando,
mis susurros
han elegido ser tu narcosis,
para de esa manera,
crecer siendo lo que me gusta,
sin corregirme en mi, ningún error de los tuyos.

Creatividad marchita.

Ya no hay nada,
ni sauces, ni bambú.
Ni siquiera su lamento,
pues tampoco hay viento.

Espiando y rascando.

La miro silencioso.
ella no se da cuenta,
se despereza, estira el cuello
y los brazos,
lee algo en la pantalla y ríe.

Es como una grulla,
en la salina.

Se atusa la frente,
y suspira mientras bailotea.
se rasca la boca y recoge el pelo.

Es como si amaneciera en mis tripas,
mientras la observo.

A medio camino, siempre me dolía la cabeza

Fascinación,
horas embelesado
ante libros abiertos.

Contaba los pasos
que daba camino del colegio.

Se me quedaban cojos
a la vuelta a casa.

Recuerdo el cielo,
las nubes,
el banco,
la fuente
el autobús
que dejaba escapar,
y los cordones siempre
desatados.

Siempre me daban
miedo los autobuses.

Suspendía todo,
pero me esforzaba
en dibujo,
para no sacar colores,
mezclaba las bases,
retorcía el arco-iris
en un dolor inmenso.

En mi paleta sólo estaba el negro,
al llegar a casa la merienda,
bocadillo de atún con mayonesa,
dibujos, y a la noche, de nuevo el miedo.



Entrada en noches de ventanas y cerveza negra

Tan libre como el tiempo,
hacia delante como el fuego,
se acoge a la noche
como un cuervo en celo.

Vuela y trota,
mientras aúlla
en cada esquina,
el nombre,
que la vuelve loca.

Falseta por bulería, camisa arrugada.

Está mi garganta muda,
excusa de mi ego
fluye de mi mano,
el silencio de mi persona.

Aquelarres indefinidos.

El poema es un callejón sin salida,
entras y te exprimes
hasta abandonarte,
hasta el dolor del verso,
que entra en tu carne y te descerraja
en trozos.

Al poema no le interesa nada
que no sea el poema,
y al que lo escribe,
intenta meter un mundo de extrañeza
dentro.

El poema es raro,
el verso extraño.

Todos los versos
del mundo, desde hace siglos,
sobre todo, los que murieron
escribiendo poemas; todos,
todos los versos, repito,
empiezan en la boca,
muriendo cuesta abajo
cuando chocan
en un corazón de hielo.

Cartomancias, esperanzas y jazz a la tarde, con café y ventanales cuadrados plagados de lluvia.

Su sexo es un jacinto entre mis labios,
un crisantemo esperanzado de mi llegada.

Su sexo es una muerte prolongada,
un feto viscoso no-nato,
con toda la vida por delante.

Su sexo es una barca indefensa en el mar,
es asfalto no andado,
es almohada albergada de esperanzas,
es amanecer en mitad de una carcajada,
es una zarabanda de aullidos a doña Catrina.

Su sexo no es miedo,
pero en ocasiones es pena.

Su sexo no es tristeza,
aunque a veces es un abandono
al sueño.

Su sexo es una melancolía hirsuta.
Su sexo es para acuchillarlo de besos.

Su sexo es un corro ancho de la patata,
un columpio en medio de las avenidas llenas de coches.

Su sexo es la profunda sonrisa que provoca llagas
en mi camino, grietas y precipicios por los que me tiro,
suicidándome entre su piel, para matarme en orgasmos.

El parpadeo del hombrecillo verde.

Me gusta observar
la gente, como cruza
la calle, justo cuando
el semáforo,
está a punto de pasar
a rojo.

El parpadeo del hombrecillo
verde, anuncia que se acaba
el tiempo.
Ellos y ellas, corren apresurados
a la otra orilla.

Es como si murieras
y desearas hacer algo
en el último momento
que olvidaste hacer,
o dejaste arrumbado.

Aprovecha la hierba,
aprovecha el mar,
aprovecha las calles
aprovecha los bares,
la risa y la tristeza también.

Aprovecha al hombrecillo
verde antes de su parpadeo,
antes de que un diablillo
rojo, lo mate;
y este  te guiñe un ojo
justo a mitad de paso.

Trasvase de flujo, desde el papel a la duda.

Me parece que despierto
demasiado pronto de mis sueños.

Sobresaltado en medio de la calle
a las dos de la tarde, sudando y jadeante.

Casi nunca llego a lo que consigo,
es como si al tenerlo, me quedara corto.

No es ambición,
es un perder ante la vida
del significante camino.

Puede ser que sea algo descomunal,
pero al final, es una humareda,
una especie de: me da igual todo,
aunque todo, sea al final lo que deseo.

¿Lo entiendes?
Porque yo no, mas no lo deseo
vaya ser que lo logre y me arrepienta
de estos versos.

Niñez de ensoñaciones y cuentos erróneos.

He arrancado hojas del almendro
 la primavera me ha gritado.
Llega la cigarra, a robar a la hormiga,
siempre me contaron mal el cuento.

Mirando debajo del sofá, buscando bajo la alfombra.

Confuso el radiograma
se rompe por decreto
angosto,
el sentimiento creado.

Sin embargo,
la emoción descubierta,
es un camino
de reconocimiento
hacia el yo profundo
de nuestras alteradas trochas

Gritando al cielo nombres y olvido.

El valle está ardiendo,
corre la naturaleza,
hacia la cascada de agua.

++++++

Piensas en nada,
el vacío es inmenso en ti,
la sabiduría te descubre.

++++++

Has pintado en el suelo
con un corazón escobillado
mi nombre.
Este día lo marcaré con mi lápiz,
tu espalda estará llena de heridas.

Siete minutos de triste deja-vu, entre prólogos y epílogos con lenguas húmedas y vientres besados.

¿Si pudieras ponerle            
un nombre a la tristeza
cuál le pondrías?

Miércoles por la tarde
a las 16:43.                            
Siempre me parecieron
tristes, los miércoles
a las 16:43.

¿Y tú?                            

Ayer,
si tuviera que ponerle
un nombre a la tristeza
le pondría ayer,
porque siempre
dejo por realizarme
algo que me debo.

¿Sabes?...
Hoy es jueves y son las 16:43.

La besé, y bebimos cerveza,
ella leyó el periódico
yo leí a Derek Walcott.              

El  jueves tardó mucho en marcharse,
duró siete horas ese momento
y se quedó para siempre
esa hora, a la que sumamos;
lectura, cerveza y besos.          

                      Siestas de agosto, con borrachera y deseo, que concluían al día siguiente.

Noches de soledad, amor, y melancolía.

Hace calor y retozo
en mi sudor,
la noche está pegajosa;
la cerveza solitaria
es una mujer sin bragas.

La luna fuma un chorro de estrellas,
lleva gafas de sol,
los amaneceres solitarios
siempre la cegaron.

Goteamos de un bar a otro,
es la rutina del verano en la urbe,
soledades que nos pescamos
para estar menos solas,
tan sólo alcohol, drogas y sexo
en los cuartos de baño.

Bares como establos,
baños como confesionarios,
todos están solos en verano.
La ciudad es un vientre
con retortijones y angustia.

El amor, todos los años,
se va de vacaciones en verano.

Engaña a los tontos
que se besan a la orilla de la playa,
y sueñan en la eternidad
de la compañía:
ser canción y poema.

El amor ama noviembre,
cuando todo oscurece
antes,
hasta los ojos de los niños.




Si la vida fuese un giro de angustia, agarraría un manojo de almas para escupirlas

Templé mares de plata
para aspirar la espuma
vengativa de su ola,
nada me ha hecho tan feliz
como la muerte y la imaginación.

Cambios bienvenidos.

Van cayendo hojas,
la luz entra en el bosque,
tenue, alumbra y muestra sendero.

Aokigahara

Hay un sueño profundo
entre el bosque enmarañado;
prendido de fuego
se muere de frío.

Si caminas por los helechos,
te hundes en su lodo.

Todo el vivir es cuento;
sin pulpa, y su agua
es zumo fresco de hígado,
en la pesadilla de tu boca.

Lunares en la luna, nubes en martes. Lubes de locura.

Tenía una duda;
por qué a los lunares
se les llama, lunares.

Me gusta contar
los de su cuerpo,
con la punta de mi lengua.

Lunar, viene de luna,
parajes lunares, lo hay,
sé que existen.

Anoche concluí de contar
lunares en su cuerpo,
y a medio día,
cuando lo recuerdo,
me anochece el corazón
y mi alma de ectoplasma
deambula por el pasillo,
recordando los orgasmos.

Lunares, en su cuerpo,
lunar de luna en mi lengua,
anochece en sábado
y no sale el sol
hasta el miércoles,
porque el lunes,
lo llevo puesto en su sexo
prendido de mi pene chorreante,
manchando la semana,
llenando de semen su calendario.

Libre por deferencia del uso.

Preferiría ser antes que yo,
en ocasiones, rueda de carro viejo.

Para eso pienso que nacemos,
tan sólo para desear ser objetos.

Página de libro, o corcho de botella,
llave de buzón,
palabra que vuela,
corazón de cachorro que juega con su sombra,
vistas al mar,
reflejo en los ojos ajenos,
humo que se escapa por agujeros,
libertad de objeto
que no reflexiona su acción,
pues por hacerla, encuentra en la ejecución,
la libertad de vivir, y huir despavorido
del hombre que cree, que lo tiene esclavizado.

Objeto patafísico, es el hombre esclavo
por la libertad de lo que nos deja el objeto,
no depender de sus movimientos.

Desear ser objeto, ser usado, para aportar
felicidad al uso, que no al que usa.

Sin objeción ni palabra;
tan sólo escapar al vuelo.

Agazapando intenciones

La noche nace en sus labios.
Hay una luna purpura acechante,
la caza sin sangre, sucederá sin tregua.

Ceremonial de té, a la hora en la que sol nace por el bosque de bambú.

Lamiendo las hojas
de la urticularia,
dejo que me devore
la lengua,
para convertirme en pared
de su vagina.

Acaricio su matriz,
con mis dedos largos
y huesudos,
como la abeja,
busco la cascada del néctar.

Trasformé en música
las notas de mi flauta,
y empapé con ellas
tu vientre de sake:
nigori de mi vesania.


Vientre de vino

El feto, nonato.
Existencia de hiedra,
crece entre arroyos,
bebiendo sangre nuestra.

Una pauta quieta,
en la soledad viscosa,
muerde con rabia
la vida nerviosa.

Ahora descansa y crece,
como la sakura; 
pronto su alma
como el bambú,
será carne cierta.

Mantente fuerte,
no decaigas,
que la vida, 
como el arquero,
te lanzará estrepitoso
por los acantilados cambiantes.

A mi futur@ sobrin@

Negando mi esperma, para que dibujes tu nombre con mi sangre.

Llora en esta habitación,
llora.
Es una manía intensa y tormentosa,
es una verdad creada,
una mentira cincelada.

Atraviesa los días,
como una estación demente
que sienta su cátedra,
en la jaula de un león marchito.

Ahora no puedo mostrar diferencia,
únicamente dolor de cabeza
y un estrago adyacente e inhumano;
soy el viajero de la vida,
mi vagón, es la maleta de la muerte.

No te vayas, aún no he acabado esta queja,
aún no tengo el final que deseas.

No quiero el mío para esto, ni el tuyo,
sólo el que deseas.

La locura es dios colgado de un cable
de alta tensión, esperando a la paloma
con las patas de alambre.

Trae carne, vino, ginebra y ganas...
lo demás lo pondrá mi lengua húmeda
y mi polla enajenada de tu ausencia.

Ahora toca silencio, no gimas, no grites...
dibuja tu nombre en mi espalda,
y utiliza, de pincel, tus uñas.

Es el momento,
ahora es cuando la muerte cuelga las camisas
en la locura de nuestros nombres.

Vendiendo finales alegres, reconociendo principios abismales.

Hay un poco de tristeza
en mi corazón,
sale cuando menos lo espero,
y salpica a todo el mundo,
como cuando pisas un charco,
mientras juegas
a los nueve años,
después de una lluvia
intensa
y
un castigo después de clase.

Parece que no existe
si lo miras con lupa
en tu mano,
pero escuece con la soledad
de los que me rodean,
cuando no me miran
mientras salto en el charco
asqueroso de barro.

Ese charco que pisan
los coches, con su paso
caballerizo de trote inquisidor.

Soy el enano saltarin
y todos sabían como me llamo,
antes de acabar el cuento.

En el rellano del abismo.

Chocando con seda,
la transparencia del olvido
me pellizca el estomago.

Me siento en el bordillo
de la calle.

Mira de lejos mis manos,
sonríe,
columpia su corazón
en mis contraventanas.

En ocasiones no busco el amor,
me convierto en un  indolente,
en un haragán,
no lo busco, no...
remoloneo tocando mi pelo,
tan solo dejo que llegue a mi
como una brisa en la noche de agosto,
mientras bebo cerveza
de una botella marrón,
y toco con mis pies descalzos
el suelo.

A solas, escucho la lluvia de sus pasos.

Como si tocara el piano,
camina por la ciudad
hundida en ella,
inmersa en sus propias notas.

Camina y sonríe,
saca del bolso un cigarro
y se lo enciende.

Le gusta saludar de lejos,
pero no alza la voz,
ni levanta la mano.
sonríe dejando una estela
de despedidas melancólicas.

Es triste y solitaria,
pero no lo muestra,
sabe que su lucha
empieza en ella
y acaba en un horizonte
dibujado.

Mientras; yo me bebo una cerveza
haciendo el vago,
me gusta holgazanear,
mirar a las mujeres e imaginar
sus vidas,
no siempre acierto,
la última vez, me tomó la mano
y aún no la ha soltado.

Me gusta beber cerveza;
si puede ser, en compañía,
y si lo hago solo...
imagino la música melancólica
del caminar de las mujeres;
como si me pusiera unos auriculares,
cierro los ojos e imagino.

Es uno de mis espacios,
es uno de mis momentos,
intimo conmigo a la par que:
el mundo gira y yo intento
olvidar,
los recibos,
las dudas,
el pasado.
Siempre me gustó mirar al frente
con los ojos de mi pecho.

Flores que vuelan, pensando que nunca mueren

Como pájaro flor,
poco a poco,
con el frío de la soledad
que ella le dejó,
se desplumó en su vuelo,
hasta que al no poder mantenerse,
se estrelló, contra el suelo.

Jamás pensó, que el amor,
a veces, en la lotería del horror,
es un sentimiento efímero
de pluma caduca.

Final en partes iguales

Se deslizó
tan suavemente hacia mi,
que cuando me tocó
con su mano en el brazo,
creí que llovía.

Era de noche en un bar,
y su sonrisa, como media luna,
me pario en una gelatina,
para sumergirse en ella,
y ser un todo viscoso
de besos.

Amanecimos bebiendo cerveza
comiendo pasteles, riendo.

Hicimos el amor en el coche,
creando un orgasmo en canon.

No quiero que cambie,
así es hasta ahora.

Como un entero,
somos dos partes,
dos capítulos,
dos historias,
que se cuentan a ellos mismos,
y contando el mismo final
dentro de mil años;
estaremos colgados
de un pecado adolescente.

Polinizando mientras camina.

Ella se esconde
tras un miscanto.
Vive como la lespedeza
que florece
en la noche.

Huele a loto
descansado
en la hoja
de una pasania.

Como la abeja
excitada y jadeante,
posa su vagina
en la floresta
y poliniza
la urbe,
mientras camina
sobre el asfalto
podrido del mundo.

Todo por la vida,
porque ella es vida
y en la palma de su mano
no hay destino,
sino un: todo irá bien.

Columpios en medio de la carretera

Conduzco de noche,
para recordar mis noches
bajo las mantas en invierno.

Leía con una linterna,
y viajaba a otros lugares,
imaginaba que era otro.

Conduzco de noche,
mientras me leo,
mi alma es una vela
soplada de recuerdos.

Viajo a través de las experiencias,
únicamente paro, para airear
mi alma, cuando la abrazo.

Ropa tendida,
ropa que se airea latiendo,
mientras meto quinta y acelero.

Tengo ganas de llegar a mi casa,
dibujar mi corazón en tu espalda
con sangre de esta herida,
que es mi niñez inconformista
replicante, egoísta,
que ama con la pureza del llanto,
ese llanto de la madrugada
a mi madre, que me rescataba
de los monstruos y bichos que me comían.

Conduzco en la noche: mi alma hacia delante
mi corazón hacia atrás,
Destinos y recuerdos, vejez proclamada
en un columpio, en medio de la carretera.

Carreteras paralelas que llevan al mismo destino.

Tengo una cicatriz en mi ceja derecha,
y una arruga en el entrecejo.

Ambas verticales y paralelas.

Una me la hice cuando era niño
por accidente, tropecé contra el mueble
de la cocina mientras corría;
no recuerdo dolor, no recuerdo sangre,
demasiado niño, poca consciencia.

La otra, ha salido sola,
por edad y gesto de indignación,
no recuerdo sangre, pero si preocupación
por el dolor.

En ocasiones todo duele, hasta mirar la hora.

Ambas comparten espacio, pero no se tocan,
jamás han tenido, ni tendrán relación,
mas ocupan un lugar en la vida.

Ahora es momento de guardar lo hallado,
por si un caso, llega el día de envejecer
la sangre con inexperiencia.

Despistado en mi

Tengo tantos pájaros
en la cabeza,
como en mis sueños.

Revolotean,
suben y bajan.

Pican de mis sesos,
me atormentan.

Tengo tantos pájaros
en la cabeza,
como en el despertar
de mis mañanas.

Se beben mi café,
me persiguen,
se posan en mis hombros,
me graznan intoxicando
la perspectiva del día.

Dejan el pasillo lleno
de plumas negras,
emiten su chillido,
roncan, y aguantan
hasta que duermo,
pero no cierro los ojos
pues sé, que esperan
a desgajar mis esperanzas
cuando el cansancio,
me haga el muerto.

Cartomancia sin alma

El camino hasta el estanque
es oscuro; la hierba es húmeda.
cuando moje mis pies, ya conoceré
el sabor de las cenizas de la muerte.

Miro, observo y callo.

Es de urgencia,
por la arena de las venas,
que me explote la boca
y acalle la rabia.

Parece que pierdo,
porque los demás se molestan,
si no gusta mi vida,
no la cambies,
cambia la tuya,
hay muchas direcciones
en el mismo camino,
si te lo propones,
nunca tendrás un accidente.

Ahora es medianoche,
tengo séis cervezas por beber,
un libro por acabar,
y mucho olvido para ti,
si lo deseas puedes cogerlo,
lo he dejado en la puerta de casa
para que no te molestes en verme
esta cara que lleva el tiempo,
cincelado en sus gestos.

Corazón gótico, dudas existenciales.

Rodeado de la escasez,                         El bambú es el cielo de los borrachos,
me adentro en mi,                                 no he decidido que hacer con la espada,
evitando la maleza                                espera bajo el árbol,
de mis tripas.                                        llegaré con mi pene suicida, colmado de final
                                                                                   

El tigre se ha suicidado
mirando el lago.                                                 Hay vidas que no llegan al esperpento.


Me atosigan desde la colina,
ahí, hay quejas infundidas y extrañas.

Ya he comenzado mi pulso,
camino solo por la sangre                           Mi vida es una especie de tómbola en la feria.
de los vasos.

Ha llegado la sequía,
vives en el sol ardiente,
pero el vaho de tu ausencia,
me quita la sed;
y puedo continuar sufriendo.

++++++++

Anoche soñé que era camarero,                        El amor, se disfraza de espera.
atendía la barra y bebía,
el bar estaba lleno
y ella no estaba.

De aquí allá,
rayando los baños
y esnifando humo
de almas presas.

Camino siempre en pos de la vida                     Olvidé la ropa en casa ajena.
tengo una espalda fuerte,                                  en la cocina sucia.
y una mochila pequeña.

Todo lo que hace sufrir,
me provoca risa,
prefiero hacerlo por lo banal.

++++++++

He bebido del odre avejentado,
y el vino me sabía a caldo agrio.                    Ahora grito y me oyes, pero el dolor no llega.
el camino es demasiado largo
para volver atrás,
prefiero pisar charcos que aún no han llovido.           El bambú es el cielo de los borrachos, no pienses
                                                                                   ahora es mejor callar y errar.


                               Volar es tan fácil como un dolor de cabeza.

Ignorancias y bellezas de lo irremediable.

Veo la muerte como un taxi,
puedo coger muchos al día,
tan sólo uno me llevará al destino
y no será el que más me guste.

Decreciendo en la tristeza.

A veces, todo el sufrimiento
del mundo,
cabe en un trago de ginebra;
en una mirada al frente mientras almuerzas,
solo en un bar de carretera,
mientras abres la puerta de tu casa,
o lees una carta,
o te quedas mirando a los ojos
de quien te habla, sin atender
lo que cuenta.

Entonces casi te asoma la lagrima,
pero la enjugas tragándola...
y continuas,
sigues,
vas,
caminas,
a ese lugar llamado:
Hacia delante,
que es como el Nunca Jamás;
únicamente habita en tu esperanza.

Arpegio de angustia que sube hasta la sonrisa. (Mirando a Lao Tse).

Lo sé,
a un te quiero
se contesta con un te quiero.

Nunca un, yo más, o y yo.

o peor: Yo también.

Y sé que un te amo,
es como si a una puta
le pides un completo,
sin decirle te quiero.

Querer es complicado,
amar a veces es exacerbarse
en uno mismo, por lo que sienten
otros, que sí están queriendo.

He tenido muchas amantes,
y tan sólo una amada.

Con ella, que es la que me salva,
le pongo los cuernos a todas,
porque es la única que por las noches
cuando duerme, me despierto, para llorar
mirándola.

No hay nada que no sepa de mi mismo,
es un terror, conocerme, cuando me descubro.


Me gusta pasar momentos en los que mataría
hasta mi propia vida,
sentir que todo lo tiro por la borda,
ahogar mi respiración con lo que amo,
porque no lo quiero.

Pero he aprendido, a caminar queriendo
lo que amo, para amar y ser amado,
aún cuando soy de lo peor, lo más malo.

Corre, corre, corre
y respira:
Es la hora de pasear al perro
con el batallón de muerte.


Desvelos, insomnios y soledad en si bemol sostenido.

Con la yema de mis dedos,
rozo en ocasiones su pelo
mientras dormita y sueña.

Sacude sus manos y ronronea
como el gato en un barco.

La miro, y me masturbo.
La admiro y contemplo,
la miro y me pregunto
cual será su sueño.

Son las dos y cuarto de la madrugada
estoy salido de órbita,
todo el mundo duerme
más allá de orión,
mientras eyaculo estrellas
iluminando el techo del cuarto,
convirtiendo las yemas de mis dedos,
en un un látigo de fuego.

Parido por cascadas bipolares.

Juego a los dados
con la muerte,
pierdo y gano.

Tristeza y dicha.

Nunca me gustó hacer trampas,
me gusta mirar a los ojos.

Corro por la barra de los bares
como la espuma de la cerveza,
aún no es mi hora,
aunque a veces no sonría.




Conversando con el espejo del ascensor.

Sopla en el mismo aire,
un viento de desesperanza,
crees que avanzas porque sonríes
mas sabes que es un teatrillo lamentable.

A todos dices que estás bien,
mas conoces que por dentro,
eres la fruta podrida del cesto.

Continua con tu farsa,
vende el humo de tu risa,
bebete la saliva de tu bilis
que aún en tu hígado y amarga,
es más dulce que el ente
de tus miserias.

Restos de una suma de desencuentros.

Hay gatos mojados,
y esquinas por las que paso,
vientres que atormento,
perro solitario.

Duermo a veces debajo de los coches,
recorro lugares por donde la desidia
acampa en la puerta,
solicitando amnistía.

Me bebo, cuando voy sin dinero
la sangre que otros no quieren.

Lanzas tu resquicio de oxigeno
al cielo,
te comes las uñas,
maldices y me odias.

Soy inconsciente,
hay muchas partes
de mi razón que no conozco
y moriré
sin encontrarlas,
moriré bebiendomelas.

Soy un borracho de la atonía.

Chocando con los árboles del pasado.

Sé que puedo mejorar,
dejar de ver caras en las paredes,
dejar de ver paredes,
olvidar ciertas caras.

Puedo ir más deprisa,
pero preferí mirar y contar
los postes de luz, en la carretera
cuando de niño viajaba,
en la parte de atrás del coche
de mis padres.

Necesito llamarme
la atención, y estar a punto
de perder, eso que que cuando
lo pierdes, te das cuenta del significado
que tenía para ti.


Hay cosas de estas, que son como un accidente
de tráfico, puedes matar y quedarte por siempre
con la secuela de la culpa, y el culo pegado a la silla.

Hoy he prometido no volver a emborracharme
con la intensidad oscura de la vida,
no ha hecho falta comprar nada...
tan solo ver como sus parpados se arquean
de emoción, cuando la beso.

En el ostracismo del sol y la ansiedad de la luz.

Ya no viajo,
es extraño un alma
sedentaria.

Corro sentado
y sufro como un perro.

Sabes que él viaja
por el dolor, y se regocija,
aunque has olvidado,
que fueron ellos,
ellos mataron y revivieron
para ahora dejarlo sólo.

Cabizbajo es el piélago
de la ignorancia.

Silencio, es momento
de hablar.

Abriendo la boca hacia el cielo, mientras cae la lluvia de su vagina.

Como una tormenta,
es lo que siento en mi cuerpo
cuando hurgo con mis dedos,
es sus agujeros.

Busco el enchufe que ilumine
mis rincones.

Sólo ella, y sus orgasmos
encienden en mi la luz,
para caminar hacia ese horizonte
de esperanza.

Siestas de vigilia, bostezadas de espanto.

Si has venido
a joder, no seas
tonta y quedate
un poco más;
que prefiero
tu jodienda, a estar
tirado a solas
en el sofá.

Quedate hasta el daño
que viene;
serás mi juguete de reyes.

Bebete mi cerveza,
eructa en mi cara
tus risas.

Si has venido a joder...
No seas tonta; quedate
para siempre de una puta
vez.

Interruptor dado, luz apagada.

Amaso un pan,
tan amargo como mi destino,
he levantado todos los tapones
de casa, los del fregadero,
el lavabo, la bañera y el bidet

Observo sentado desde el sofá
como se cuelan hasta el final,
por las cañerías sucias:

La ilusión tramada.

Mejor no contar con alguien.
Mejor contar números y letras,
hasta mejor contar segundos
por la noche, en la cama;
con los ojos abiertos a la angustia
de la luz apagada.

Tengo tantas cosas por hacer,
que es mejor no hacerlas.

Apuñalando fruta.

Es de noche y está oscuro,
la luna abre en mi carne un sendero,
en breve amanecerá, y entornaré
mis ojos, para encontrarte.

Subiendo una montaña, bajando a los infiernos, fustigando mi alma

Casi siempre la miro
callado, fijamente.

Ella siempre se incomoda,
pero desconoce la razón
de mi persistente silencio.

Ella no sabe, que cuando la miro:
la estoy leyendo y la encuentro,
en todos los libros que he devorado.

Despertando al realismo del sueño.

El fogón de la cocina,
es una vagina,
la silla es una vagina,
el sofá es una vagina,
la guitarra es una vagina,
el pantalón es una vagina,
la taza es una vagina,
el césped es una vagina,
la lata de mejillones es una vagina,
y la de chirlas y la de almejas:
también es una vagina.

La lluvia es una vagina,
las nubes son una vagina
con las que juego a buscar formas,
el fusil es una vagina,
el prado de heno es una vagina,
el misterio es una vagina,
la lectura es una vagina,
el poema es una vagina,
es por esto que cuando cierro
los ojos sueño con volver a ella,
siguiendo el rastro de mi inconsciencia.

Desconozco el anacronismo social
del hombre, 
su estúpida ingravidez enaltecida
la siento todos los días,
no hay consciencia de la realidad,
por eso me centro en el poder
de la vida, en el arrepentimiento
de mis actos.

Todo es una vagina salvaje
y
deseosa,
todo menos mi pene
que tiene forma de barco,
el cual me lleva a despertar
en la realidad de mis sueños.

Despidiendo al pequeño Miky. (Poemas ineditos de Charlotte White a Jaqueline Kennedy)

Me acostumbré demasiado
a tenerte cerca,
te leía a Po, y a Bokowski
mientras cocinaba,
o te tarareaba a Baker,
o a Morente.

Roías las rejas de tu jaula,
y nadie te llevó una lima escondida,
en una barra de pan.

Bebías pequeños tragos
de agua, comías frutos secos
y hojas de lechuga.

Ocupabas un pequeño
lugar en la cocina,
pero estabas muy presente
en nosotras.

Eras el pequeño Miky,
ahora Charlotte tiene razón
y ganan las chicas por goleada,
te fuiste,
apareciste una mañana quieto,
muy quieto, en un pequeño lecho
que tú mismo fabricaste,
imagino; porque adivinaste
que la muerte venía, al sentirte
en la cara un tumor de abandono.

Corriendo por la pradera de su nombre.

Sigo el rastro de las hojas secas,
conozco el crujir de tu sollozo,
siempre me lleva al final de la alameda
donde el adoquin y el sol:
Se besan y despiden.

Es corto pasear sin la garra
que araña la espalda,
en las noches de pelo y colmillo.

Revoloteando al extremo

Me gusta derramar
cerveza en su coño,
para luego chuparlo.

Es como si la tierra,
recibiera una lluvia
de néctar y mi lengua,
un niño que hace del barro,
su juego de guerra.

Jugando sin ilusiones.

A penas sin palabras,
me arrugo, como un folio
garabetado, en el sofá.

Ha pasado el mar,
ha pasado el viento,
ya no queda fuego;
y la vida es un juego
por el que sólo
se cuela la angustia
de lo intratable,

un juego al que siempre
toca la china al mismo.

No estoy de acuerdo,
todo es melancolía,
todo es absurdo,
viene a mi la pregunta
más peligrosa del mundo:

¿Para qué?

En el reverso contrario de lo casquivano.

Nada es real,
entro en bares
y grandes almacenes;
todo se me hace
como dibujos animados.

Ando siempre
con la boca cerrada
y la cabeza revolucionada,
el corazón me salta del pecho,
y los ojos son el balcón
de un panteísmo.

Divago en irrealidades,
todo lo que hago en días
como este, no es serio,
todos los días son iguales,
viajo bajo el jugo de la inconsciencia,
lo sé,
soy prudente e insensato.

Entrando en constancias, sectas benevolentes que fustigan lo olvidado.

Amanece sin sorpresas,
el sol en el mismo lugar,
no es necesario gemir,
tan solo cierro los ojos
y olvido camino de la ducha,
la noche, que con su oscuridad
se ha hecho tan larga.

Ahora es tiempo de agua,
cae y se marcha,
fluye y me reflota.

Vuelvo al corazón
por la senda
de lo tramado;
lo sabe tiene constancia
incluso lo esquiva,
es fácil llenarlo de alambre
es mejor evitar que sufra,
grita en voz alta.

Estoy hecho de olvido,
añoro todo lo que no he hecho.

Luna en sol, muerte al filo del beso no buscado.

Decidí escribir
con la mujer que llevo dentro,
porque en mi boca
hay una vagina
que pasea por mi lengua.

Mis poemas tienen esa menstruación
del sigilo, sangran cuando la vida
no les llega y explotan en el corazón
del que los consume.

Escribo con la mujer que llevo dentro,
por eso las letras tienen forma de coño
y llegan más lejos por ovarios;
se excitan con el roce del dedo
sobre el cursor o la página,
ven en el papel el pene donde
cabalgar a horcajadas rellenadas
de duro y largo hipérbaton.

Escribo y lamo vaginas,
como un amor lesbiano,
taciturno, incompleto;
así definido
por no encontrar
el camino del placer.

Elegí escribir con la mujer que llevo dentro
y joder al mundo con la sexualidad
de lo ambiguo,
revolcarme en los fluidos hipersensibles
de lo irrevocablemente exonerable.

Revoloteo como una mosca, entre los labios de la desesperación.

Se me forma un nudo
en la garganta,
estomago,
y en la pelvis.

El corazón parece
que se corta las venas,
y huye arrastrado
por la sangre que hierve,
se hunde en sumideros,
escurriéndose como una rata
mojada.

Aparece en mi consciencia
el miedo a no crear,
a no poder escribir.

Me lanzo entonces
como una bala perdida,
recorriendo calles,
riendo a carcajadas,
haciendo notar que estoy
muy lejos de estar mal,
pero estoy en la miseria
de la no palabra.

Puede que no encuentres
nada bonito en ese poema,
ni que guste, ni que emocione.

Pero la angustia, la ansiedad,
la desesperación;
no siempre son tan bonitas
como en algunos versos
explican otros, que también
la tienen y la padecen.

Me pregunto en el fondo, cuando ya he acabado.

Hago chocolate amargo
para guarnición
de mis decisiones.

Como un gato,
camino por el tejado
en la noche, sin caerme.

Hace mucho que no me tengo,
no hay pobreza, ni fortuna.

En cambio encuentro
en la sequedad,
de esta fuente,
la palabra, en la piedra
erosionada por el silencio.

Saco algo al fin de todo esto,
y sé que no es importante
pero me da igual todo,
cuando lo minúsculo,
toma forma de emoción
descontrolada.


Madrugando en mi estomago

Intenta fabricar una calle,
llénala de bares,
y de gente.

Luego olvídala,
no le hagas caso.

Gritará y será revolución,
es el conjunto de la unidad,
lo dijo Aristoteles,
Descartes se fijó en el hombre
abandonando la creencia
creada por el hombre.

Ahora hazlo,
súmate en tu propia
rabia y cura lo que luchas
por cambiar en tu enemigo,
ese que a veces ves,
cuando miras a otros
viéndote reflejado.

Teoría de la evolución económica, en un hombre que mira la vida, con la cabeza entre sus propias piernas.

Descreciendo,
in-madurando,
restando años
mientras los cumplo.

Volver a subir al árbol
para recuperar el verde;
olvidar el marrón, el amarillento
cetrino de la podredumbre,
que trasforma la pulpa
en un gusano con forma de dinero.

Camino a la niñez,
cuanto más viejo
me hace el tiempo,
es la manera innata
de rebelión del hombre,
un gran remedio
contra la opresión,
volver a jugar en la tierra
ahora que no tengo techo.

Jugar entre cajas de cartón,
construirme baterías con los tambores
de detergente,
y cansado de ir tras las bolsas
que en el parque, el viento elevaba,
sentarme a respirar y mascar chicle:
mirando a mi madre.

Descascarillando, apartando cortezas y óxidos

Se caen las piedras,
desprendidas sin compasión
de la montaña de mis emociones.

Lloro, siempre lloro.
Un llorica desde el colegio.

Se caen las piedras,
esas que tiraban a mi espalda
en mi niñez, por ser raro.

Se caen, y con ellas el muro
de la fortaleza en la fachada.

Soy de carne, y agua;
es por lo que me dejo
inundar por lo que me rodea,
es por lo que a veces
soy un huraño esquivo,
no quiero volver a ser
el lobo perseguido.

Quiero leer solo,
en lo alto de ese todo;
que representa su inconsciencia.

En medio de un bosque de almendros.

Palpita su nombre
entre mis piernas,
es un hueso duro de roer,
una viga de acero,
un árbol centenario.

Es el rigor mortis
que desea enterrarse
en esa delgada linea,
que favorece nuestro
horizonte.

Bolígrafos secos, imagenes desnudas

Tan inútil
como el bolsillo de mi camisa,
se me esboza esa estúpida
sonrisa.

Le nace sangre en la espalda
y se derrama mientras habla.

Agita como un aerosol,
sus manos antes de acariciarte,
concentra toda su vida,
la exprime por las mañanas 
desparramándose en besos.

Llora y no gime, 
no se lamenta, tan sólo lucha.

Vapulea a la vida con su risa,
consiguiendo dar forma, y contenido:

Al bolsillo de mi camisa.



Mirando su piel, mientras imagino que estoy en la playa. (Poemas ineditos de Charlotte White a Jaqueline Kennedy)

¿Qué haremos cuando las nubes no tengan formas?
¿Cuándo la arena del mar ya no tenga alas?
¿Cuándo los bares sean cementerios de palabras?
¿Cuándo pasear se convierta en un monótono estado del estar y no del ser?
¿Qué haremos?

y si fabricamos música con todo...
componemos una sinfonía; sinfonía de la duda.

Para escucharla cuando no tengamos
respuestas, a lo mejor; quizá y sólo quizá...
valdrá la pena haber hecho todo esto
antes de soñar por siempre,
que la verdad, cuanto menos ornato,
más nos desnuda ante la muerte,
y eso, querida, eso es la libertad.

Expediente de facto.

Jazmines ensangrentados,
el bosque pleno de bambú,
camino a solas
con el vicio escondido.

Amarillo fluorescente, calendulas en la noche.

Ya no hay lleno,
todo está vacío,
ten presente,
que robaste anoche
el elixir de mi vida,
por eso ahora
envejecer contigo
es un hecho inexorable.

Erase un lugar extraño y una uña rota.

En medio de todo,
hay una soledad sin nombre.

Inocencia por vivir,
sangre de tu adjetivo
que se derrama por mis dedos.

El abrigo del árbol
es la sombra que proyecta.

No recuerdo nada de lo que no he vivido,
pero me llegan sus vientos y me trastocan.

Existe una claridad que lava los días.

Miro al cielo y doy forma a las nubes,
es un juego que mantengo desde niño.

Hubo un intermedio.

Ahora sigo, gatos, montañas y demás dibujos
en el cielo.

Es ahora, es ahora; justo ahora,
que disfruto más que nunca
de mi niñez.

Cuanto más tiempo pase, más niño soy,
soy el adulto inmaduro, el canalla del cuento.

Desde la noche

Es la cuchara en el vaso,
tintinienando mientras limpia
la pintura del pincel.

Es el desayuno de las siete de la mañana.

Es el cuadro de Mompó.

Es el gato negro encima de las estanterías.

Es la tetera desprendiendo luz.

Es el café quita-sueño de después del desayuno.

Es la duda de no llegar a nada sin desordenar el caos.

Es el fucsia.
Es el verde.
Es el azul.
Es el amarillo.

Es el beso en la cocina a escondidas.

Es el cargador del móvil

Es el negativo en las cuentas del banco.

Es el verbo ser, que pasa a estar con una mirada.

Son muchas las razones por las que nos despertamos
por la mañana con ruido y esperanza.

Marinero de charco, viajero en el destino

Tropecé en mi charco
y me ensucié.
Salpicó sobre mi
mi propia memoria.

Asediado por mi yo profundo
navegué, sin viento,
por el barro formando,
al verme reflejado en mi inconsciencia.

Tropecé en mi charco y me reconocí,
los hombres hacemos cosas tontas,
somos aprendices de nuestros errores,
creces en los pasos, aprendes en los tropiezos,

Me reconocí en las gotas salpicadas de mi charco,
solo era barro que pude limpiar llorando.


Esperanza negra.

Levanta el oscuro vuelo,
el sueño que adormece
entre mis miedos.

Es hora de caminar sin piedras
en los bolsillos.

La tarde está soleada,
los bares abiertos,
la gente preparada...
es hora de abrir ventanas,
cuando todas las puertas
te las cierran.

Mis muertos, ya pasados,
velan por la esperanza
de mi vida.

Saliendo de la jaula, evitaba los disparos.

Siempre tenía la sensación
de llevar un hilo imaginario
en mis manos,
hacía formas y acariciaba
el aire con ellos, el hilo
era mi cordón umbilical
con otro mundo.

Tampoco pisaba las rayas
de los adoquines del suelo,
suponía caer al abismo.

Me retrasaba del grupo,
miraba los arboles,
jugaba a que me seguían,
me deslizaba entre la gente.

En mi barrio, siempre me tocaba
la piedra en la mano contraria.

Me gustaba estar debajo de la cama,
había creado una tribu ficticia y yo era
el jefe.

Tenía un perro imaginario,
que lo soltaba por las calles
y lo buscaba;
me buscaba y me perseguía
silvando y llorando
a algo que solo existía
en mi imaginación,
era solitario y risueño,
tenía la ilusión,
del tamaño de un perro,
aún la busco a veces,
sólo, cuando se escapa
de mi cabeza el perro
de mi inconsciencia.

Recibiendo el día entre sus piernas.

Hace tiempo que sigo
el sol.

Es de noche dentro de la luz.

Me gusta que me bese por las mañanas
mece mis entrañas en cuna de mimbre.

Hace tiempo que sigo el sol,
aunque sé de sobra
que es ella,
y que su vagina es una estrella
fugaz,
que riego con cerveza,
y peino con mi lengua.

Amanece cuando acaricio su cintura
y sale por el este de sus excitaciones,
un clítoris resplandeciente.

Recibo el día entre sus piernas
a las ocho de la mañana,
a las tres de la tarde,
a las once de la noche,
durante la madrugada;
el día comienza cuando
su orgasmo se vierte en mi cara.

Mordiendo peces

Me gusta ser solo,
estar solo,
sentirme solo.

Busco la soledad
como la inquietud
absoluta.

Como el estado
sublime del alma.

A veces río con gente
y bebo con personas
que no conozco.

Eso es otra soledad,
saber ser solo,
en medio de la marea
de peces muertos.

Solo, me rasco la barriga
y abro cervezas,
y me asomo al abismo
del poema, saltando
sin red, a ese tenebroso
momento en que me encuentro
dentro de mi, y me siento solo.

Saxofones borrachos, lamento de un solitario.

Pico en la noche el teclado,
como un murciélago solitario.

Emito gruñidos y toso.

el poema se fabrica dentro
de la factoría.

lleva un tercio de jugos
y cuatro de carne.

Me gusta apretarme
el pene, mientras lo hago
le doy pequeños golpes
en el glande con mi dedo
indice.

Luego en la noche,
señalo a todas partes
gritando, abro la boca
y meo.

Hay una interrelación
existente como una flauta,
entre mis poemas y mi pene.

Ven que te recoja,
quiero revelarme por todas partes
mientras escribo en tu espalda
un leve, pequeño, minúsculo,
concreto, minucioso, conciso,
intenso, arrebatador, infernal:
te quiero.

En el techo de una granja, lugar deshabitado de arácnidos, fluye a ocho patas el pensamiento humano.

Todo pasa de ser
a estar.

Es una especulación
perteneciente al panteísmo.

Una rareza de lo sutil,
que es sublime.

Algo que no es,
pero se trasforma
en lo que nunca sería
sin nada que lo sustente.

Como la nombradía
huida de la evicción,
que ignora la eternidad
de su conclusión.

Arriba y abajo, las montañas ya no son rusas.

Rompes lazos infernales de tu memoria.
Afliges tus palabras en lugares
por donde no pasaría ni el tiempo.
Sacas la lengua ante espejos.
Vives tras la cortina del vicio.
Eres la sombra de tus bolsillos.
Tu dinero tiene alas en forma de mirlo.
Te entretienes en medio del ajetreo,
hurgando el salón,
mirando al cuerpo exonerado de la perversión.

Has hecho trocha con tus dedos,
entonces dejas tus promesas en la puerta
y
esnifas,
esnifas,
esnifas.

Supresión del infierno,
los ojos son sacos de monedas,
el viaje ha comenzado,
y vas de pie en el autobús.

Llega la primavera ladrando hierba (poemas ineditos de Carlota White)

Como una ceja a la primavera,
has llegado para quedarte
no sé cuantas.

Llegarás a recibirme
aunque venga borracho,
y sin dormir varios días.

Romperás mis zapatillas
y te comerás los cables,
te reñiré y te harás la despistada.

Ladrarás cuando aúlle,
y observarás junto a ella,
la indefensión que tengo
cuando duermo, me quedo
quieto, o escribo.

Sabrás que soy más niño
que tú y que ellas;
velarás mis sombra,
para que nadie se acerque.

Vigilante y juguetona,
coserás con punzadas
oníricas, las telas que hasta ahora
estaban separadas.

De Carlota White a Jacquie Kennedy.

Sinfonía de la distancia y la esperanza.

Han sido dinastías enteras
frente a este solsticio,
las que nos han visto juntos.

++++++

Unicornio y rinoceronte,
ambos iguales en concepto,
uno es sueño, otro es incierto.

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Caen las hojas en otoño,
la luz clarea más el bosque,
el río comienza a helar.

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El vaso de vino casi vacío,
llevo su color en el alma,
la jarra está llena, aún no acaba.

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Vivo en un lugar lejos,
veo las luces en la distancia,
mientras, leo a Shiki.

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Soy hombre y mi destino es la muerte,
ya lo supe cuando me corté de niño,
lo desconocido no le incumple de la ejecución,
resucitaré del papel y mi palabra será un hecho.

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Cajas de cartón vacías,
la nevera es un cadáver,
mañana el sol saldrá
aunque las nubes lo oculten.



Mirando árboles cuando ya es tarde para el café.

Me gusta,
esa sensación del beso
impregnado de nicotina
y vino.

Justo el momento antes,
cuando el corazón se revoluciona
como un republicano de veinte años,
bombeando sangre, como consignas
en una manifestación.

Me gusta beber con ella, y emborracharme
de ese vacío por donde caben
mil canciones, y cerrarlo con saliva
intoxicada.

Mente, ideal, palpitaciones
bajo mi cremallera,
todo es una conquista de ideales,
tras mancharme de humo y hollejos.

¿Has cogido tu maleta? -No sé, pero me pesa mucho algo que no es mío-

Hay mucho ruido,
en todo.

Hay demasiado
ruido y poco silencio.

El silencio bien elegido
es como la soledad,
bien elegida,
ambas cosas valen
para escuchar tu ruido,
églogas que fabricas
en medio de las estridencias
que no son tuyas

Teorema del giro de las hélices.

Se levanta en la madrugada,
camino de la cocina
a beber agua.

Dejando el rastro de su sexo
mi nariz la sigue,
como en un viaje astral.

Apaga el fuego de la cerveza
y la cachaça,
se hidrata, canturrea,
vuelve siguiendo
las gotas de mi esperma
como una pulgarcita erótica.

Se acurruca entre mis brazos,
y permite que la invada el sueño
mientras la beso.

Micro-organismos bacteriológicos y fungicidas para germenes tristes, que lloran en cuerpos vacíos e inertes.

El poema es al objeto,
animal, humano, o flora,
como el verso es al pasajero
que lo escribe.

La distancia entre verso y poema
es la misma que entre alma y corazón,
e inversamente proporcional
al infinito del agujero que provoca
dentro del mismo y enjuto dedo.

A su vez significa la extracción
absoluta de la esencia,
cualesquiera que sea la mirada
que lo interpreta.

Ando exprimiendo todo,
porque el que escribe poemas
no es poeta; es viajero,
humano irracional
que respira piedras,
y mastica flora,

por eso digo:

Soy hombre y mi destino
es la muerte, saco el zumo,
y lo bebo,
lo bebo y lo orino,
vuelvo a ser destroza sacos
y cae todo en roto.

La formula es fácil,
la vida fácil,
el destino la muerte,
pero antes he sacar
el final de todo,
dejar las pulpas secas,
que la muerte sea zumo
de esta vida hirsuta.

Soy hombre y mi destino es la muerte.
Soy hombre y mi destino es la muerte.
Soy hombre y mi destino es la muerte.
Soy hombre y mi destino es la muerte.
Soy hombre y mi destino es la muerte

Apostando al numero ocho.

Haré de nuestra cama
nuestro fin,
las sabanas serán tu mortaja,
te mataré mientras
te crucifico.

Sudarás mi esperma,
hasta que tu gemido
sea afónico.

Como Frances Frarmer
serás envuelta en fuego.

Como Kurt Kobain
me dispararé con tus dedos.

Como Artaud
enloquecerás por tu razón.

Sudame y te sudaré.

Tu mortaja será mi sexo.

Exoneración de la búsqueda, cuando el beso trastorna mis planes.

Yo quiero que mi pene sea una cremallera,
abrirte de arriba abajo las carnes
cuando yo quiera,
descerrajarte todas tu ideas,
hacer vida con toda tu pulpa.

Yo quiero que mis ojos sean dos cuevas,
albergarte en ellos y encerrarte
en mis sueños, cuando duerma.

Yo quiero querer que todo suceda
contigo con todas mis partes,
convertirte en mis fluidos,
tragarte como saliva,
respirarte oxigeno,
latirte sangre,
eyacularte cuando te vea.

Yo quiero que todo esto sea,
parte de unas partes,
núcleo irremediable de nosotros.

Pero no puedo hacer nada,
nada,
nada,
en absoluto, nada.
Estoy muy dentro de ti,
y ya soy una identidad
de tus besos,
por eso buscarme es encontrarme
en tu saliva, en tu flujo,
en tus risas,
esas que me enredan en los días
de lluvia, y hacen que me olvide
hasta de esta vida.

Conjugando un ceda el paso, cuando en realidad, es un cruce de imaginación mirando tus ojos.

Yo sé que tu lo sabes,
nosotros lo sabemos,
una conclusión
a la que llegamos
sin saber decirlo,
pero sabiendo
que no decimos.

Tu lo sabes,
que es un verbo,
el que no hacemos
para ocultarlo.

Viene de lejos,
desde una taberna
de Lousiana,
lugar en el que se escabulle
eso que sabiéndolo
nosotros,
no lo decimos,
por temor a que otros
se den por aludidos,
y se den cuenta
del verdadero
uso del verbo,
ese que sólo tú y yo
conocemos.

Refresco de cola, con doble de vacío.

Desgañitas tu garganta
en calles de trapo,
el corazón es un queso de bola.
eres un ratón huidizo,
trepas por las rejas de tus latidos.

+ + + +  +

Aprendes a contar,
aprendes a silbar,
aprendes a comprar,
se te olvida que vives.

+ + + + + +

Dale la vuelta al premio,
lo que crees que te ha tocado
no es como lo concibes;
es todo lo contrario.

+ + + + + +

Vivir es morir,
el paraíso
por mucho que lo niegues,
es el asfalto, la huelga,
la cerveza, la risa y el llanto.

+ + + + + +

Muérete y verás,
muérete y vivirás,
muérete y sentirás
todas las cruces
como años des-cumplidos,
deseos del descuido.

+ + + + + +

Núcleos sin médula,
médula sin víscera,
víscera sin entraña,
entraña sin cariño.

+ + + + + +

Rayuelas con caída
al vacío.

Creciendo: Atravieso el asfalto.

Todos los días
tienen algo extraño.

Compras en el mercado
de la esquina,
tus manos están rotas,
agrietadas.

Escalo por ellas
hasta la borrachera
de tus ojos,
haces de mi
un muñeco de plastilina,
como pipas sentado en el suelo,
corro riendo por la calle,
miro atravesado el mundo,
cavo agujeros a la pata coja.

Lo raro de hoy,
es lo raro de ayer.

El amor es una pieza
díscola de rompecabezas,
quizá no haya más
que una cara y su goteo,
pero trasformo
cuando no estás,
tus besos en corazones
de corcho,
en barquitos de papel,
navego en un piélago de sonidos:
silencio,
silencio,
silencio.

Anagnórisis y peripecia

La amo,
no podría vivir sin ella,
me tiene enganchado,
cada vez que puedo:
La uso,
la mancho,
la chupo,
la penetro,
la muerdo,
la arrastro,
la toco,
jugueteo con ella
y mis dedos.

Suele ser cada vez que puedo
y me nace,
me brota,
resurge,
dibuja.

Me gusta tenerla en la boca
entre mis dientes,
pasar mi lengua,
meterla
pero sobre todo:
Escribirla
para darle miles de significados
y especificarlos en letra.

Así es,
amo la palabra:
Vagina.

Eje monocloroacético

Vivir es una epopeya eviterna,
ahora llueve,
pero como en todos los ciclos,
saldrá el sol y cuando esto ocurra
echaremos de menos la lluvia,
descontento generalizado,
jamás somos enteros,
siempre andamos divididos.

Meando desde lo alto del trampolín.

Convencerme de mi mismo.

Asediarme en la extensa egolatría
de mi descontento.

Esperar a que todo pase,
sentado en el sofá, mirando por la ventana.

Escuchar el timbre de la puerta,
el silbar de la cafetera,
el celofán de las galletas.

En definitiva ver como arde
mi deseo en arena.

Sentir que una piedra late
dentro de mi pecho,
y mientras ella come biscotes,
sobarle las tetas desde atrás,
pellizcar sus pezones,
mordisquear su cuello,
su oreja,
ahondar mi lengua en su oído
como si fuera un pene mojado.

Entender la vida es difícil,
lo fácil es olvidar vivirla,
abandonarte,
convencerme de no morir en cada sonido,
bautizarlos como ruidos,
enjaularme, tirar la piedra
al asfalto y bañar de sangre
el subsuelo.

Llover sobre todo,
diminutas gotas de protoplasma
ebrio de vino.


¡Ciudadano del mundo!
qué fácil expresión
para los que no detienen
el siglo y sufren en segundos.

No recuerdas ni como te llamas,
mientras ardes en esta vida,
rodeado de nombres.