Guiñando el ojo cuando no me veo.

En párvulos con cinco años,
rellenaba folios pintados
con corazones que hacía de papel
de cebolla.

Me disfrazaba de pistolero,
y disparaba con la boca,
cuando me daban... me hacía el muerto.

Jugaba con esa inocencia,
y era inocente de todos mis crímenes.

Luego, más adelante,  abría cómics
de superheroes.

Cuando todos miraban chicas,
yo miraba los pájaros por la ventana.

Ver un balón de fútbol me aburría,
prefería imaginar que era astronauta.

Ahora cierro los cómics de superheroes,
cambio de canal cuando veo el fútbol,
escribo desde un anillo de saturno,
tengo los ojos llenos de sangre negra.

La veo y entiendo el fundamento del todo.
y me deslizo por los toboganes de su destino,
con la certeza que me aportan sus llantos.

Me gusta mantener esa batalla con las sabanas,
cuando me despierto por las mañanas,
mis pies enredados,
soy un odio del sueño y me rebozo
cuando duermo con ella...
pero hallar el camino de salida,
es encontrar su túnel
con luz al final, al final de sus gritos.

El dolor se manifiesta en plazas,
y lo bebo a solas, porque soy un egoísta.

Mar amarga de melancolía que me soportas,
siento pena por ti, porque eres proveedora
única de mi falsedad y mi sombra.

Silbo a escondidas,
porque me da vergüenza hablar en público,
cuando lo hago, me dan ganas
de arrancarme las decisiones
a tiras, para clavarlas
con alcayatas en su espalda,
afortunadamente nadie puede descuidarme,
de lo contrario
en viento soplaría en contra
de todo lo que imagino.

Me disfrazaba de pistolero,
y disparaba sonidos con la boca,
con la misma que ahora beso,
con la misma que ahora callo...
pero no hablo,
pero no hablo,

pero no hablo,
pero no hablo....


Todo es como un columpio
que sube y baja, ya de párvulo
supe vaticinárme esta angustia
de bilis templada,
que sorbo hasta en verano,
como limonada de mi alma.