Adicto adivinado.

El loto es blanco,
el jabalí es blanco,
la mosca revolotea,
el sueño no llega,
me duermo en los recitales,
me aburro en el cine,
río como una bestia,
cuando tengo una cerveza
en la mano
y un poema en la otra,
quizás no me llegue
nunca más nada,
pero tampoco lo espero.

La mosca cae en las redes,
la mosca se vende en los bares,
el loto bebe hasta caerse,
el sueño no existe cuando duermes,
las putas quieren dinero,
la coca busca narices
donde hacer madriguera,
y en medio de todo esto,
mi corazón poco a poco
se convierte en un  hikikomori,
lo sé, lo presiento.