Ritual y plegarias

Beso su boca
hasta empaparme
de su saliva,
de viento y lluvia.

Agarro fuerte sus caderas,
y con la otra mano,
mientras la beso,
rodeo su cuello
y aprieto con suavidad.

Meto la lengua en su boca,
y poco a poco,
en un baile maldito
que recrean nuestros
inconscientes cuerpos,
la llevo al salón
y la pongo encima de la mesa
como si fuera a operarla
el mismísimo satanás.

Bajo con impaciencia,
y hecho un perro salido,
sus pantalones y sus bragas,
sin reparar en mis antecedentes
penales,
y deseando este nuevo crimen
contra la castidad,
más sanguinolento que nunca.

Bebo vino de mi copa,
y chupo toda su raja,
esa que no regala dios,
pero es un navajazo entre
sus piernas,
que la lujuria urdió.

Meto mis dedos,
escarbo, olisqueo,
retuerzo mi legua
de lobo áspera,
mi aliento de hoja sucia,
de poema oxidado.

Mientras lo hago,
solo deseo no dejar de hacerlo
nunca.

Ella eleva su pelvis,
grita, me maldice,
me insulta,
yo afilo más mi lengua
trasformo mis dedos
en rima,

La mato,
la asesino,
la torturo,
la descoyunto,
su sangre,
su orina,
sus plegarias,
sus gritos:
Mi madrugada
mi madrugada.

Anochece entre sus piernas
mientras oculto el sol
con mis dedos y mi lengua.