Barrotes de vello.

Sube por los barrotes,
y trepa, hasta ponerse en paralelo
con el suelo de su jaula.

Es un preso inconsciente,
con grado tres,
la custodia es compartida
y sus vistas mejores
que las nuestras.

Se cae de su techo enrejado,
sube de nuevo y mordisquea
la reja con sus dientes de lima,
que le pasaron ocultos
en una barra de pan.

De la ensalada, le doy
el tronco de la lechuga
y las hojas sueltas,
pequeños trozos
de manzana y almendra
que mordisquea
como un mendigo
un mendrugo, en noche
de diciembre.

Puedo estar horas mirándolo,
es gris y tiene ojos de escritor
loco.

En la otra habitación hay una cama,
y en el baño gel de manos,
la televisión suena y la noche
insomne sueña a disfrazarse
de vino.

Puedo estar horas mirando
el hamster, me dice más
que cualquier humano.
Cualquier animal,
es más humano que el humano,
el humano es más irracional
y menos consciente,
aún el hamster roe los barrotes,
y busca escapar,
aún no se me olvida,
estoy en la cocina,
en la cocina, hay frigorífico,
y dentro, cerveza fría.

Me abro un bote, de los altos,
me voy al salón, tomo el libro,
hojeo con mi paladar las burbujas
de la cerveza, abro el padecimiento
constante, leo un verso, junto a mi,
está ella, miro por debajo de su camisón
su vagina me recuerda al hamster.

Es hora de la libertad,
es tiempo de adentrarme
en ella y olvidarme de todo,
es el lugar perfecto, para ser
igual de preso.