Soñar a perder.

Perdía a las canicas,
perdía al escondite,
perdía al tres por siete,
perdía en clase suspendiendo,
perdía los bolígrafos,
los cuadernos,
los libros de matemáticas
y sociales, y lengua,
la mochila y el bocadillo del recreo.

Perdía mi tiempo mirando
las pájaros a través de la ventana
del colegio.

Perdía los balones de fútbol,
de baloncesto, las pelotas
de tenis.

Perdía en los juegos y en los estudios.

Soñaba que era astronauta,
soñaba que era hombre de las montañas,
soñaba que caminaba solo y sin nadie,
soñaba cosas que nadie, de mi edad, soñaba;
como enamorarme pronto de alguien que se enamoraba
de mi sin tiempo, ni nada que nos olvidara.

Soñaba que no perdía nada,
que masticaba chicle en clase y no me reñían,
soñaba que perder era el comienzo de ganar
algo, porque al perder dejabas de tener,
para ganar.

Perdí mi sentido,
perdí el imán de mi brújula,
perdí el norte donde alguien olvidó
sus zapatillas.

Perdí entre idas y venidas por la ciudad
del asfalto hueco, un sentimiento de culpa
y soñé nunca más, estar de mi infierno, preso.

Me acostumbré a perder desde pequeño,
por eso cuando la vi, quise soñar no perderla,
pero el perder, es más fuerte que el sueño de ella.

Por eso ahora la perdí, mientras soñaba tenerla.