Cambiando de tema todo siempre tiene un corazón y un traspiés.

Poco caso o ninguno,
más que nada por todo,
tengo un sayo con forma de capa,
tengo un libro con cien alas.

Abro a veces para no cerrar,
y cierro a cal y canto,
lo que no me interesa
tener abierto.

Yo he robado más de una vez
pero siempre lo he avisado.

Dame tu corazón
que le ponga ruedas de papel,
dámelo que me siente,
y llegaré hasta tu pecho, siempre,
una y otra vez.

Eso sí, recuerda que las ruedas
son arrancadas de mi libro,
lo digo por si vuelo...
no olvides dejarme abierta,
la puerta de tu pecho.