Amamantando muertos.

Pespuntes sobre costuras de aire,
ya no existen revuelos libres,
la sangre de la carne viaja
hacia las manos de lo inocuo.

Hay un bosque oscuro,
porque su propia naturaleza
la ensombrece.

Los días y los amaneceres,
se confunden con leche negra,
de un seno moribundo.

Seguimos persiguiendo lo mismo;
los mismos.

Ora nos azotan, ora nos acarician,
bien nos callamos, bien encajamos
como un boxeador borracho,
los directos de los rectos,

Poder y poderosos,
podéis suicidaros si queréis:
con este poema.