Formas erróneas. Poeta en la cama.

Tú me has creado,
desde eso que todos
llaman nada,
tu me viste y como al barro,
fuiste alfarera de mis ilusiones
y diste forma de melancolía
a este corazón desplumado.

Nunca he muerto, ni lo haré,
pero ahora en este jarrón
de barro, me ausento,
donde habita tu descontento
de piedad.
Como un subrepticio
de mi soledad,
volaré,
con mis alas de cartón y vicio.

Observación del kaos.

Yo sé que más de uno,
sabe más de lo que yo sé.

Siempre hay alguien:
Altius, Fortius, Citius, ...

Pero no me importa mantener
mi duda, para aprender más,
y nunca ser uno de los elegidos.

Mas me soporto, y me reconozco,
en acciones que no son mías,
y justo ahí aprendo.

Después de diecisiete años.

Fue tras un eterno segundo,
se cruzaron nuestros ojos,
y cupido caminó hacia el suicidio.

Redundo en mis juguetes, esos que olvidé cuidar y ahora me curan, en medio de esta soledad que fabricas.

Elegí la intensidad,
y la deriva, para ir poco
a poco, a encontrarme
con tus manos...
esas que me dicen adiós,
y me devuelven a mi niñez,
de una patada,
en el trasero de mis ilusiones.

Elegí las palabras,
porque se convierten
en hechos.

Elegí las palabras
porque jurar o prometer
no es cumplir lo que se
ejecuta.

Elegí las palabras,
porque antes de hacerlas
se fabrican en su deseo,
y renace el hecho,
mientras se resucita
del folio blanco mortecino.

Resucitaré del papel
y mi palabra será un hecho.

Cosas desde mi niñez que aún perduran

Exijo mi soledad,
en medio de todos vosotros,
como un derecho inalienable
de mi alma exigua.

Es de las pocas cosas
que me quedan,
ser yo, o al menos intentarlo,
en medio del acoso de las palabras.

Por eso si me observáis
callado, si merezco ese verbo,
y no muevo ni un parpado
de la palabra risa,
es porque el deseo
de la conjugación del momento,
es estar escurrido y recordando.

Hazle caso a tus padres.

Yo no soy tu hombre indicado,
no, si no quieres que mi lengua
pasee desde tu vagina hasta tu ano.
Ni soy tu hombre indicado, a menos
que me dejes clavarte con mi clavo,
no soy a menos que despues,
me dejes decirte al oido, sudando,
lo mucho que te amo.

Obligaciones y trabajos

Si tuviera que elegir
elegiría morir varado
entre tu cuerpo de isla
de espanto.

Pero la muerte es tan vengativa,
que me obliga a vivir sin tu nieve
ni tu sol de escarcha.

Podría morir ahora mismo,
pero me toca vivir echándote
de menos.

Silba al poeta

A menudo en la habitación,
desde ahí, desde el cuartucho,
a través del store, miro a escondidas
como pasea al perro,
mi habitación está en un piso viejo
frente al Retiro, llena de papeles escritos,
y tiene el suelo sucio.
No hay nada en la nevera, 
salvo un par de paquetes de cervezas
de las altas, las yonki latas, como las llamo,
salchichas y un bote de picante.

A veces sólo como pan mientras chupo un trozo
de sal.

Es triste, pero los hay peores, tanto, 
que no pueden observar como ella,
cual aleta de un tiburón,
corta el aire del parque mientras
silba a su perro,
y yo pienso
y yo escruto
y yo discurro con mi pobre
y solitario cerebro:
El día menos pensado, cuando silbe,
apareceré corriendo, para entregarme
a sus brazos.

Observando lo irremediable.

Hay cien maneras
pero a veces sólo un modo,
así crece la hierba,
así se besan todos.

Caras y espantos


A veces me resuelvo humillándome,
mientras mi corazón viaja en un ascensor al sótano,
o me creo algo y soy un iletrado farsante,

Ah esa queja de valor que me falta...

Velo lleno de besos,
entre tanto nací y he muerto,
recubriendo mi sombra,
olvidada y oblicua.

Inventando talleres me ocurre que tropiezo.

A mi me pasan estas cosas,
me invento siempre
y casi nunca me recuerdo.

Todos los días son noche,
noches de encuentro,
con lo que invento
y con lo que llevo dentro.

A mi me pasan estas cosas,
siempre que vago por las calles
mi sombra repta por las esquinas
y a veces huye despavorida,
y un pájaro me susurra,
y un gato me acompaña
hasta que el perro juega
con el,
y entonces me dejan
con mis cosas de dentro
y las otras,
las otras... esas que invento,
mientras todo lo demás
es fruto de la libertad
y el viento.



La inexistente noticia del adiós descosido

Abres una brecha,
y me coses una cremallera.

Viniste desde el vinilo mudo,
y me hiciste tu música,
te acercaste tan suave
que ahora me desparramo
por las esquinas y los paramos.

Susurraste con suavidad
mi nombre como un insulto.

Diste un portazo tan fuerte
al echarme,
que me pillaste el corazón
con el pestillo.

Manché de sangre tu nombre,
pero tu alma es un congelador
de muertes.

Sin puertas ni barreras, contigo no hay dificultad.

Te cuidaré,
te mimaré,
te llevaré para siempre
conmigo,
haré un agujero en tu cuerpo
nuevo,
y te meteré la anilla de mi llavero.

Abrirás todas mis puertas
no existirá cerradura,
que se nos resista,
te haría esto
porque no te quiero,
únicamente por arder
en un mismo juego.

Despido algunas cosas

Todo se rompe,
los cristales, las botellas
los astros y los vientos,
todo se hace añicos,
hasta la vida más vida
se rompe...
Somos viudos rotos,
somos muerte rota...
Todo se rompe, todo...
Todo es corazón que se destroza...
Todo se escombra hasta la muerte
rota.

A Eduardo León "Caracortada".

Equilibrio en el filo de un vaso roto

Con las entrañas desafinadas
camino desde tu adiós,
hasta el presente de mis caídas.

No sé dónde me encuentro
cuando me conozco,
dejo de conocerme
cuando me mira,
incluso cuando piensa en mi
lo sé, porque llega
como un vaso de vino
en una noche coja y ciega.

Muñeca de problemas y trapo.

Dame tus miedos,
tus caídas,
tus temores,
tus gritos,
tus broncas,
tus desprecios,
dámelo,
dame todo lo malo
que tengas,
que así vendrá quien tu quieres
que te quiera, como quieres
que te quieran.
Pero dame lo malo que tengas
para hacer una muñeca
y ponerle tu nombre,
prometo dormir con ella siempre,
y besarla

Bicicleta y pose

Miento y ardo,
es por poca valentía
y mucho miedo.
No sé dónde dejé
anoche mis ojos,
¿junto a un voladizo
de sus caderas?
esas que quiero agarrar
con fuerza y no soltarlas.

Bulería del arroyo de sangre

Bebiendo solo en la calle
te vi pasar de lejos,
pensé que estaba curado,
pero mi alma se cayó
a trozos, desde el tejado
de tu nombre.

Mi pecho lleva tu nombre
tatuado a fuego,
para que nunca me olvide
que tu adiós no fue un juego.

Pena de mano que ya no coge,
ni distingue, pena de mi mano
que ya no siente.

Arroyo de sangre, arroyo de sangre,
y no me nace del corazón mi nombre,
como antes me nacía el suyo en mi boca,
desplegando un enjambre.

Naturalezas relacionadas

Existe algo en el cerezo,
algo también en el almendro,
y si me investigo mucho,
o tan sólo un poco más,
también lo hay en la hierba,
y en los lirios y en los crisantemos
en los bambúes y en su tallo,
en la hiedra y en la piedra,
imagino que también en las venas
que no veo, ni en las montañas que subo
para dejarme bajar tras respirar
en su cima, el clímax y el éxodo de su aire,
de su vientre de madre naturaleza olvidada.

Mi cabeza como una isora cortada
también siente a veces aunque esté
en este cuerpo seco.

Hay algo en todo lo de antes, que me recuerda
a su aliento, a su piel, a sus manos, a sus besos.

Sí, me recuerda a todo eso.

Amamantando muertos.

Pespuntes sobre costuras de aire,
ya no existen revuelos libres,
la sangre de la carne viaja
hacia las manos de lo inocuo.

Hay un bosque oscuro,
porque su propia naturaleza
la ensombrece.

Los días y los amaneceres,
se confunden con leche negra,
de un seno moribundo.

Seguimos persiguiendo lo mismo;
los mismos.

Ora nos azotan, ora nos acarician,
bien nos callamos, bien encajamos
como un boxeador borracho,
los directos de los rectos,

Poder y poderosos,
podéis suicidaros si queréis:
con este poema.

Encuentros.

De crío me gustaba mascar chicle
y correr, por el parque.

Era una libertad absoluta,
no tenía deudas,
ni preocupaciones,
ni problemas en mi raquítica
salud.
mascar chicle
y
correr tras una estrella.
A encontrarme conmigo,
como cuando me encontraba
con tu vagina, en las noches
cáusticas de sexo y lamentos de ballena

Sin olvidar

Vi al cerezo
arrancarse de sus brazos
la alegría que no nacía.

Vi la hierba nacer en medio
del invierno
añorando la vida.

Vi al garudá sobre una roca
llorar por no poder emitir
su canto,
y sus lagrimas eran más bellas
que sus notas ahogadas.

Vi al río dejar pasar el agua,
y nunca el mismo crisantemo
pasaba por el mismo meandro.

He visto muchas cosas,
pero ninguna como tu orgasmo
en medio de la madrugada.

Adivina el trato

Vale, de acuerdo, empecemos de nuevo.

Yo cojo un tren y vengo de lejos, con la maleta
llena de ropa y tu corazón lejos del mío.

Ahora lo hacemos con más furia y menos tiempo,
no iré a verte nunca y nada más nos veremos
si nos encontramos.

Es fácil hacer algodón del cuerpo caído.
Es fácil si las cosas se hablan,
yo no me traje la bola de cristal
de lo contrario no necesitaría
suerte para adivinar seis números.

Vamos a hacerlo, pero en secreto,
que nadie sepa lo nuestro, así,
seremos nosotros quienes mandemos en nosotros.

Pero no olvides que por mucho que huyas,
nos seguiremos encontrando.
Es irremediable, entre otras más cosas
porque nuestros susurros aún los llevamos
dentro.

Navego en brisas

Me entró el viento,
no el del aire,
sino el del sufrimiento.
Me vino su vientre,
no el de madre,
mas sí el del fuego
que en mi arde.


Me vino el jazmín,
me llegó el aroma,
y he muerto en un mar
al tiempo,
no de las horas,
sino del frío violento.

Robando el placer de tu silencio

... Y el amor renace de mi esperma,
me gusta imaginarte cuando orinas,
incluso en actos más sucios...
Como cuando te sientas sola en la calle,
y abres tus piernas para leer un poema.

Pedazos de azucar en el bolsillo.

Hoy quiero ser cometa,
y que un niño me lleve
con el alma en hilo.

Hoy quiero ser balón de playa
y quererte con el alma.

Hoy quiero orinar como un niño
cuando se lo hace encima.

Hoy quiero,
hoy quiero,
hoy quiero.

Pero sólo quiero.

Filo y cierre.

Ya sé
que todo
tiene su interruptor.
Que las puertas tienen
llave,
que la comida vale dinero,
que la vida no es luz,
ya sé...
pero el hecho,
no es más que hacer
y deshacer lo inquieto.

Papel, madera y fuego frío.

Me invoco y provoco
soy mi aquelarre y mi hechizo,
me arrastro y me devoro,
soy mi propio gusano y mi lobo.

Salud y no salud
vida y no vida,
es peor que la muerte
que te apacigua,
me vacío,
me vacío,
No llego nunca a conocerme
cuando ella está cerca.

Sacudo mis entrañas tendidas
al sol de la noche rara.

Al fin sé, que alguien me llevará,
por esos eternos parques,
por donde las sombras no se arañan
las luces de su vitalidad exigua.

Celebro mis sombras, 
celebro mi muerte, 
celebro mi esperma,
celebro mi orina,
me celebro en medio de una calle,
y estrecho mi mano con la sonrisa
de la noche.
Papel, madera,
y fuego frío,
ahora ardo en el hielo,
lo que jamás tuve en fuego.

Cosas claras.

Si apenas sabes,
con penas vives,
no es lo mío,
sino todo lo tuyo.

A veces me resbalo
por debajo de las puertas,
intentando escabullirme
de los quehaceres,
pero se me escapa
la decisión entre mis olvidos,

Ahora no, ahora sí.
Siempre olvido decidir.

Apagado en mi

Hasta ahora
el espolón
no tenía mella.

Ahora mi disparo,
y mi amor...
Duermen en un sotano,
junto a madera seca,
que solo vive en invierno.

Despierta y avanza.

En medio de la ciudad,
abatida por el ruido,
duerme un secreto,
que despierta curiosidad.
Para eso la lucha se inventó.
No para derramar sangre,
sino para levantarse
y seguir.

Archipiélagos comparativos.

Caminas por esta sombra,
esa que me creo en la noche
con la luz de las farolas,
con las miradas de otras.

Anoche conocí una puta,
me enseñó que fuera de su oficio,
tiene un corazón vallado con púas
para que no lo dañen, y bajo su almohada,
un cuchillo porque tiene miedo,
vive sola y  se da miedo a ella misma.

En medio de la calle,
salimos del chino,
yo un bote de cerveza de las altas, 
ella una bolsa de patatas, 
una lata de atún, una barra de pan,
y una piruleta de esas de corazón.

Hablamos un rato y al final me dijo:
Sabes, la gente me critica por ser puta,
pero tu das pena porque el amor,
incluso en medio de tu diversión
te patea. No mueres de amor,
pero sí repiquetea en tu estomago,
como un mirlo solitario.
Aún así te envidio, porque eso te hace
no estar solo.

Quizás no sea un hombre correspondido,
pero soy un hombre solitario capaz
de amar, desde la noche hasta la noche.

Garrapateo en las calles, siempre tirado,
el corazón no tiene púas, pero tiene barba,
mi tripa una lata de atún, mi pene una barra de pan,
mi sangre una piruleta de corazón,
mis ojos lobos esteparios,
y mi alma la puta, duerme con un cuchillo
porque se teme a ella misma.