Merodeando en su calle.

Sangrando entre mis dedos
y mis uñas,
renace el poema
mientras la recuerdo.

Llorando a solas
por los padrastros
del pecho, la onirizo
como a un esguince
del silencio.

Prefiero estar solo
si no devoro su entraña,
me gusta orinar en su puerta
cuando ella sueña oro.