Caminado en la mañana.

Camino único e indivisible por la senda llena de limoneros,
hace sol y me baña la cara hasta renacer en mi saliva,
de manera certera, el camino de los sentimientos verdaderos.

Entre el durazno y la abeja solo existe el acto,
que en medio de la semana que empieza,
se revisa hasta gastar su propio enfado, y así con él,
derrocharlo y tirarlo a la acequia ejecutando la limpieza.

Estoy seguro del amor, estoy seguro de mi yo,
que tan profundo se rehace entre esta senda
plagada de luz y verde amarillento,
estoy seguro de lo que soy, detrás de mi: la vida,
por delante solo los pasos certeros.