Pedrada

Me gusta pasear con mi cerebro en la mano,
la cabeza abierta al aire, al cielo.

Enebro con aguja de pesca y cuerda
y la masa gris indisoluta, mantiene
la energía de la calle.

Voy haciendo círculos, agitando fuerte
la cuerda,  hasta que toma una velocidad
de vértigo, entonces...

como la piedra de David, suelto la cuerda
y sube, viaja, se empapa de sustancia sideral,
le gusta viajar, sonríe, lo sé;
oigo sus carcajadas mientras se pierde
entre la estratosfera del mundo agitado
y sincopado.

Me gusta que mi cerebro viaje,
a él le gusta que yo lo lance
fuera, lejos, a gran distancia,
recorrer años luz de sueños:
allí donde no encuentra barreras
de hueso, ni colores, ni fronteras.