Cuervos del sueño.

Hay muchos cuervos
pensando que mi cabeza
es un circuito,
sé que tengo que espantarlos,
lo sé, sí.

En ocasiones revolotean
y me miran guiñándome
un ojo, el ojo negro
por el que apunta la muerte.

Suelen posarse en mi
cuando me encuentro solo,
o cuando la ginebra
me ha colmado la imaginación
de alpiste, tanto, que renace
el enebro entre mi pelo,
entonces repiquetean,
y el corazón se me revoluciona
como el coche, a tope, en segunda.

Sé que no es bueno alimentarlos
pero se ceban en mi debilidad,
en mi torpe sensibilidad,
esa que me estrangula
cuando veo la cosa
más insignificante, pasar desapercibida
y nadie se ha dado cuenta
de su belleza.

Es peligroso porque saben
avivar el fuego del dolor,
que acechante, pincha
mi alma con su tridente.

Hay muchos cuervos pensando
en mi cabeza,
desde niño siempre
tuve muchos pájaros
en ella.