Reconozco.

Yo me doy aire,
me retengo
me libero
y me encierro.

Soy mi dueño,
mi esclavo.

Me ordeno,
y me siento.

Soy mi propio perro,
soy mi mano dura;
mi guante de seda.

Soporto cualquier
cosa de cualquiera,
pero no soporto
que mi dueña
me abandone...
que me deje
más de dos
primaveras
en el mismo parterre.

Yo me devoro,
soy mi acechante
ojo
para matarme,
depredo mi amor...
y
me mata mi mirada,
cuando acecha
mi cara
mientras me afeito.