Tras el sendero que no acaba.

Desde que observé la hoja del fino sable,
siento el viento menos viento y más aire.

Anduve por el estrecho sendero de jacarandas;
su breve maleza, me permitió observar
lo iracundo de lo extravagante.

Lejana extrañeza, de lo no concluso,
que fustiga el paso a ritmo de brisa,
mientras sufre a casa pisada, esta lejana
tierra.