Lagrimas que sufren en la ausencia del ectoplasma

Me llovió, ella lo hizo con ella misma,
me empapó mientras yo caminaba
por una calle cuesta arriba, empinada,

Me empapó mientras yo corría como un loco
por esas calles, mojadas; yo borracho,
no sabía otra cosa que gritarme,
sin percatarme,
que ella, me llovía.

Me llovió entre tinieblas
de labios supurados, por la tenebrosidad
de la ausencia en lo más deseado,
por no poseerlo.

Ella mi lluvia, supo mojarme en noches
en las que no me veía, pero me barajaba
como el as de su desesperación.

Me empapó con la orina de sus lagrimales,
para que me escociera su llanto
en la herida de este pecho salvaje
y mentiroso, que abre llagas,
para conducir borracho,
el esperpento de su existencia.

Ella me llovió, mientras sus piernas
se cerraban tras una noche de esperma
que no era mío.
Ella me empapó mientras yo, desmedido
me amamantaba de sus senos ausentes,
cantimploras de sangre negra,
por donde navega mi alma a contra vida,
gritando mi nombre en mi propio oído
para que ella llorase por el silencio de mi auxilio.