En medio de un cubo lleno de sange

No hay personas en la ciudad.
¡Mira!, ¿no ves?.
El color se trasforma en alguna
terminación incidente.

El áspero millón expresivo
que cruza la noche, sin explotar,
a veces nos confunde
y nos hace acuchillar con la palabra
oxidada, la creación restante
de lo inocuo, que en algún momento,
es indescifrable.

En uno mismo hay presión
que provoca la agonía de la belleza,
esa que nos mata mientras la olemos.

Pero cerramos durante meses
el pliego de lo prospero,
y la mascara que compramos
hace un tiempo, ya no es tan familiar.

Pero no dudes de sacar tus ojos
tras los agujeros de la misma,
porque si no lo haces, alguien
lo hará por ti, y tus ojos sangrientos
caerán por el hueco vacío de la mascara.

A través de la noche todo es hueco,
ahueca, y haz el inútil dentro del color
que la noche te instiga, el preocupante
volumen de lo fantástico, no es más
qué lo fanático del ser, en su máxima
explosió y colmada de podredumbre.

A la tarde se calmado, y deja que los ojos
vacíos, te llenen en medio del paseo,
que la música de los otros, tan extraña, te inunde
y por cada paso indeciso, toma la dosis excesiva
de esa droga, que te hace llegar, donde nada
y, alguien te secuestran, arrastrando
de los pelos de tu extraña existencia:
ese nombre que te quema.