Maldito espejo.

Esta duda me asalta,
en medio de la no inspiración,
las musas existen, 
pero nunca están a mi lado 
cuando escribo, solo
cuando bebo, o hablo con algún
borracho que me cuenta entre
balbuceos, una extraña experiencia
en la que no escribe porque se le olvidan
esos imaginarios en los que al baño maría,
sostiene todos los momentos que imagina
entre cortados, y teme tener siete años
de mala suerte, por si se les resbalan
de sus manos de polvo insensato.
Maldito espejo, todo lo devuelves
insultando al menos culpable.