Duelo en la hierba, semen en la poesía.

Leía compulsivamente unos poemas de Keats,
mientras fumaba y bebía sentada en el banco de madera,
el viento le movía la falda y su respiración se agitaba,
cada vez más por su estado de ansiedad.

Yo estaba tirado en la hierba sintiendo la humedad
del césped, mi camiseta y mi bragueta mojada,
ella leyendo a Keats, como si su luz se apagara
y a ella casi que no le importaba por la variedad
del suspiro que en ella nacía mientras se empapaba
de versos.

Yo desapercibido frotando mi bragueta contra el césped,
ella absorta con los versos de Keats, disfrazados de pene,
y ahondado en ella tanto que hasta se atragantaba.

Mientras su orgasmo profundiza en el alma,
el mío empapa más mi bragueta,
no dejo de ser un enfermo, no dejo de soñar
con tomarla, y arrastrarla del pelo mientras
la poseo y la trasmuto como a una llaga.

Ella no sabe que existo, solo lee a Keats,
yo me levanto y me marcho, dejando en la hierba
la señal de nuestro duelo, que sin saberlo:
a mi me embriaga tan solo con imaginar sus bragas.