Versión solitaria.

Cansado
fui a la cocina,
agarré el cuchillo,
el más feo,
el oxidado,
saqué de mí
el amor,
lo puse
contra la mesa
del salón
y lo acuchillé,
se desangraba
entre mis manos
mi amor,
mientras ella,
lejos,
reía en otros brazos.

Mi amor moribundo
caminó hasta la puerta
y salió bajando las escaleras
hasta la calle,
allí se tendió
y llorando,
recibió mi ignorancia
y
mi
desprecio.

Mis manos
manchadas
de su sangre
volaron
a mis bolsillos.

Mi amor
asesinado
no es más que
una mancha
en el asfalto

Toma este poema,
y llévalo
en tu bolsillo,
es lo mejor
que le puede
pasar...
no al poema
sino a mi amor.