Reloj de río.

Yo tengo uno,
porque me gusta
el paso del tiempo,
no porque me envejezca
sino porque me gusta
atraparlo...
atraparlo,
atraparlo
atraparlo,
poseerlo
en mi muñeca
infinita;
es de acero
de polvo,
de estirpe
de perdición...
Lo lleno,
lo llevo,
es mío
porque la vida
me dice que agarre
su segundero
de doble filo,
sin miedo a la sangre
vieja de mi alma.

Avanza como un
cepo
de infinita
hermosura
que se viene
abajo,
con su
paso
de militar
inexorable.

Tengo uno,
sí,
pero no
me fijo
en su caminar
sino
en su río
completo
de meandro,
que esquiva
el aburrimiento
y se ríe
de sus agujas
de torpe arena.