Excentricidad de lo social.

Camino,
floto,
dejo mi estirpe
caer por las calles,
mis ojos miran
tirando papeles
arrugados.

Entro en bares,
observo a la gente
como bebe vino,
el vino es eviterno
pero su sabiduría
es infinita,
templa las almas
saca a relucir
el espíritu animoso.

Observo los zapatos
de la gente
tan distintos
como ellos,
como yo,
los zapatos
son como
el cuerpo que envuelve
al hueso y lo protege.
Observo los dientes
barreras del abismo,
observo las lenguas,
los taburetes del bar,
la barra,
la camarera,
su camisa blanca,
el tanga de la chica
en el taburete,
los bolsos,
calcetines,
mesas,
ventanas,
cristales.
Observo todo,
me gusta...
todo está encadenado
de forma irremediable;
el vino pasa...
me acaricia,
me templa,
continuo observando
mi cuadro...

Lejos de allí,
en el cable
de luz de una carretera,
un pájaro
se posa y canta.

observo que todo
ocurre
lejos
del vino,
de los zapatos
que dentellean
al suelo,
su camiar
rastrero
sosteniendo
el canto
de lo observado,
mientras, el vino
se trasforma
en paseo de humo
y el pájaro retoma
el vuelo,
liberando
sus zapatos,
para contemplar
desde arriba:
la inmensidad de lo mínimo.