Juego de luz.

Despacio como el día,
voy dando luz
a la noche,
la luna, es una espinilla
que no me exploto.

Mis calzoncillos viejos,
mis calcetines sucios....
todo es una miga de pan
que persigo.

La luz del parque a medio día
ilumina las flores, las copas
de los arboles.

Yo marcho caminando
como si la historia
no fuera conmigo.

Soy el asesino de la hierba,
soy el llorón del recuerdo.

A penas me exprimo en ella
que parece que el encuentro
es un cierre de universos,
para que las estrellas se maten
contra un suelo lleno de cielos.

Me gusta jugar, pero este juego
es demasiado serio, tanto:
que ya juego desde que era niño.

Oración

Rezo en medio
de sus brazos,
ella absuelve mis pecados.


Imagino el lago...
en su sexo
todo es más vivo.


Llevo siglos besando:
en sus labios
aún soy virgen.


Desaparezco,
aparezco,
soy un espectro de carne
en su vida de llanto.

un, dos, tres: Rayuela al revés.

Todo se para,
detenido, inmóvil.

Todo es polvo encima del mueble.

El reloj no avanza,
y me mira y se mofa.

Más quisiera yo,
saltar a la pata coja,
siguiendo el rastro
de la piedra,
pero ahora,
soy yo la piedra
y mi vida la tullida
que salta tras la utopía.

Deseo imaginar un truco
que me convierta en lo que anhelo,
pero la magia tiene su mentira,
por eso cuando más me imagino,
más me descubro asomando
la cabeza, por la chistera del mago.

Chistera de mago,
conejo mellado,
salto a la pata coja,
todos ríen de mi deforme
sueño, que imagina que flota
como el polvo, pero al caer
se da cuenta que es piedra.

Avispa y hada.

Zumba su vuelo en la oscura habitación,
se mueve mientras camina.

Ríe llorando y también; solo llora.
Es una avispa ciega y descalza,
convertida en mi hada,

ha inoculado su ciencia,
en medio de mi conciencia,
la verdad ahora me nace
cayendo como chorros
de agua lechosa.

Cuelgo sus pechos en mi cuerpo
con chinchetas.

Juega conmigo, como los niños.
es hada y muñeca de trapo.
Es todo y nada.
Es princesa de mi Exín Castillo:
Sólo deseo convertirme en niño.

En esa mirada, en ese momento:

Pensar en ella es imaginar mi estomago.
Corazón trasvasado, en medio de dos cuerpos,
que cae a trompicones sin saberlo.
Escribo en su espalda con pluma, mi deseo.

Levanto mi cara por la mañana,
la observo, y desmiembro su cuerpo
para adornar mi horizonte.

Cuelgo todos sus trozos
por mi cuerpo.
Es larga la vida, es larga...
pero mi cuerpo;
pared de sus miembros,
museo por donde resbala
su sangre y flujo,
deja estalagmitas moribundas:
Dibujando la esperanza que desde niño,
trazo a solas con mis ojos en la ausencia,
en silencio.
Oh! secuestrando corazón
colgado en el llavero,
de la puerta, del mismo infierno.

Hablando su noche.


Es agradable sentir la viscosidad.
Riego su musgo,
mi lengua es una soledad.

***

El bosque es oscuro
no entra el sol,
pero mi deseo lo ilumina.

***

Desde lejos,
sin hablarle, mi boca
la escarpa, dejando
entre mis dientes,
su espesa negrura.

Negación al lloro.

Mástil de huracán
que recrea su ardor
en mi estomago.

A penas apoyo
mi mano en la cabeza,
que mi llanto huye
por mis chimeneas.

No puedo volver.

Me pasan cosas
que no sé.
Hay momentos
que entiendo,
y sé que soy yo,
que los busco.

No se me va
el no querer,
me vuelve
lo que quiero,
como si no quisiera
cuando me huyo.

Perdido en la sombra,
no aclaro la vida
que corre
por esta calle,
que mi juventud,
dejó con migas de piedra,
para que mis dientes
se cayeran al suelo,
como migas de pan
honesto.

Bostezando sin vida

Cuanta poca libertad,
trae la medida del paso.
¡Cómo no me gusta
saber
que 
vive
su
b
e
l
l
e
z
z
a!....

sufro,
cada segundo
esta noche
que la imagino
en las estrellas
y no en mis brazos.
Me crujen
los huesos
cuando
b
o
s
t
e
z
o.

Hambruna y ayuno, amor y tortura.

No quiero esta noche
hacer nada contigo,
no deseo para que
no digas, que te engaño,
que mis palabras tienen
ese extraño poder de mentira,
no quiero follarte,
ni besar tu cuello
de esfinge, ni ese extraño
cordel de deseo
al que llamas ojos
que cuando me miran...
me ahorco.

Solo hablarte de lo que soy
cuando ya no estás, en estas
madrigueras por las que ya,
no sale ni muerte, ni vida
ni deseo ni tortura.

Deja tan solo
que baje las escaleras,
que visite la papelería,
que compre una pluma,
para que en tu espalda
escriba ese encuentro
de cebra y leona,
ese devorar de hiena,
ese arrancancarte a picotazos
los trozos de luna llena
que tu cuerpo luce en la cama,
a la vez que el mío,
en su propia esencia,
llora y se infusiona
para que huyas
por los poros del cuero,
de la piel usada y escupida...

Deja, aparta, quita, yo mando.
Yo mando; tú: sumisa...
pero sabes que si abres tu mano:
cómo de ella para comerte entera.

Reconozco.

Yo me doy aire,
me retengo
me libero
y me encierro.

Soy mi dueño,
mi esclavo.

Me ordeno,
y me siento.

Soy mi propio perro,
soy mi mano dura;
mi guante de seda.

Soporto cualquier
cosa de cualquiera,
pero no soporto
que mi dueña
me abandone...
que me deje
más de dos
primaveras
en el mismo parterre.

Yo me devoro,
soy mi acechante
ojo
para matarme,
depredo mi amor...
y
me mata mi mirada,
cuando acecha
mi cara
mientras me afeito.

Cobardía popular.

Todos vemos lo mismo,
nadie habla.

Nunca imaginé que el silencio
fuera la lengua cercenada
de los ojos.

Ridícula sociedad íntegra,
huye la verdad 
cuando es unidad
de ojos que hablan.


Pelo en un arenal

Entre los granos de arena
se encuentra el corazón
que buscas, no recuerdas
que achicharrado tu odio,
renaciste en medio de dos labios,
a una esquina del amor que nadie
supo encontrar...
entre la arena,
entre la arena, 
busco ese pelo
que dejaste,
porque ese pelo
y yo:
tenemos la misma pena.

A medias de la vida.

Y si la muerte me sorprende,
deseo en ese instante,
que el jabón del poema
enjuague mis manos;
las mismas con las que tanto
he escrito, pensando,
que el verso desarrollado...
era sonoro y perfecto.
Ay! iluso del verso,
cuan lerdo te has imaginado.

Por la espalda.

Cómo una enredadera de agua
trepa por mi espalda silenciosa,
sabiendo que mi ropa llorosa
no es más que una sucia muda.

Me persigue por todas mis estancias
se agarra fuerte para no tomar distancia,
es lo que ocurre cuando no vigilas
tus retaguardias, que en callejones
oscuros y nebulosos del alma
la muerte juega al póquer
con tu piel de negra araña.

Matemática inexacta.

Imaginarme su seno,
es perderme en la matemática
inexacta pero infinita de su cuerpo.

Ella es el cepo de mi coseno,
su vagina atormenta la hipotenusa
de mi esclavitud a su sexo.

A su lado me convierto en un cateto
de noventa grados y cuando recupero
el angulo, caigo en la cuenta
que todo gira en círculos concentricos,
de su interminable triangulo.

Fuente de agua y vida

Me gusta saciarme en su saliva,
agua estancada de su cuerpo.

Trae a mi esencia lo vacío del tiempo
ignoto.

Me quita la sed que el desierto del amor
fustiga;

su saliva...  su saliva...

Agua que apaga la sed de mi envidia.

Es un lago donde mi lengua pesca,
y siempre el pescado es un filete
fresco, que alimenta la boca.

Cerca de mí, a mi lado, ella resucita
el muerto que mi vientre alimenta.

Lengua húmeda... es la vida de la vida.

Lo poco que nos queda es bebernos
por la mojada y carnosa lengua.

Coraza de estaño

He gritado, y arañado,
en medio de mi epicentro:
pene, pezón, proscenio
y desencanto.

Daño mi propio dolor
en medio de la noche incierta.

Despiste, despiste,
nada me centra
y todo pasa
sin darme cuenta.

Mantra, Brandy y nombre

Escribí su nombre en una servilleta
del bar, mientras tomaba un brandy.
Lo escribí en repetidas ocasiones,
muchas veces, tantas que resultaba
enfermizo.
Lo leí una vez acabado, soy un enfermo,
estoy mal de la cabeza, el brandy
me atonta, soy un enfermo.
Tantas veces lo leí que sonaba
como un mantra de paz latigueando
mi cutre existencia de carne con ojos.

Salí a la calle mientras el mantra
se repetía en mi cabeza de una manera
física, lo repetía y la imagen de mi mano
escribiendo su nombre era constante.

Saqué la servilleta, la miré, la arrugué
me la metí en la boca, la humedecí
con mi saliva hasta el punto de empaparla,
imaginaba la servilleta como su vagina...

Entré en otro bar, pedí otro brandy.
Mezcle en mi boca, la saliva,
su nombre y la bebida,

Me la tragué; después, me entró
una extraña añoranza, y lloré.

Me descubro en ocasiones,
haciendo estas cosas.

Subí la calle y dejé que mi sombra
proyectara el nombre de ella
entre las baldosas mojadas,
y, casi olvidadas por el eterno
llamamiento a la soledad.

Por fin estaba en mi...
ya era tan yo, como
nunca yo mismo lo he sido.

Análisis de texto

Hablando con una puta,
en la calle Desengaño,
le consulto cuantas veces
en medio de esos cuartuchos
alrededor de esos cuchitriles
ha tenido sueños, mientras
la empotraban y el diente del viejo
salido, le goteaba saliva yodada
como si fuera mercromina
en su espalda...

Ella resuelta me contesta:

Las mismas que tú poeta,
porque las putas somos poetas.

Puta poeta,
poeta puta.

Chista a un viejo y le dice:

Ven nene que te coma el culito.

Me mira, el viejo viene.
La puta ríe, le susurra...
el viejo se va,
ella no es su sirena.

La vida es una de esas miles
de noches con viejos...
una mancha en mis bragas,
es una cucaracha que hace equilibrio
en la lata de cerveza.

Rancia mancha de las bragas.
El poeta es una puta en la calle
desengaño,
La puta es un poema
que se deshace entre mis manos.

Consulta y solución imaginativa.

¿Has andado a hurtadillas por la sangre
de quién deseas como si fuera el pasillo
de esa casa donde vivías de pequeño?

Los dedos se queman pero no encallecen,
es un andar duro, pero gusta saber
que nada hay más que quemarse,
con la sangre que te hierve al mirarte.

Locomotora de carne

Bajo la cuesta por vías
oxidadas, vieja locomotora
de lo disfrutado, todo lo quemo
y echo el humo por mis huesos,
por las juntas de mi cabeza,
por las vidas vividas, que en horas
no quemo y destrozo al parpadear
el momento que vivo.

Soy un tren ajado que al ritmo
de la calle, canta su chirriar
mientras ríe como un elefante
que muere sin regarse.

Es la vida del maquinista desconocido,
nadie lo tiene en cuenta, pero vive
él sólo en medio de la renta de lo olvidado,
sin olvidar que su deber es echar carbón...
a la cabeza del tren que viaja cuesta arriba.

Locomotora de carne,
el corazón es un motor
y las miradas la madera...

Cincel, corazón, segundo, ladrillo nuestro.

Agarrándome con sus manos,
siento que me convierto en reloj,
marco todos sus segundos
como minutos eternos,
que en su mínimo instante,
me hacen fabricar eternidad
a cada paso que doy con ella.

Sus manos, manecillas de reloj,
marcan mi existencia con el cincel
de su mirada, en un corazón
que yo creía ya de piedra.

Pasa el tiempo y me golpea
sale el sol y me resucita,
eterna rama de eucalipto,
viaje a la garganta,
todo es tiempo escaso
todo es minuto y segundo,
¿Para qué más si con menos
vivo?

En medio de esto, que al final no es nada

Bebía cerveza y estaba a punto de llorar,
pasaba gente por el lado del cristal,
pasaba sin más, sin detectar la tristeza,
como gotas de agua en la ventana
como burbujas del mar.

Bebiendo cerveza y mirando sólo,
sacaba mi móvil del bolsillo, pero
seguía sólo, llamé varias veces,
pero no me cogió nadie la llamada.

En medio de todo, el bar es un oasis,
y el alma una llamarada.

Salvavidas, mano
que se asemeja a la genova,
en barco de madera.

Me tendió la mano,
me llevó por medio de todo,
sonó el llanto de Prometeo,
mi esencia estaba casi clara,
vi claro que el oasis era el barco.

Bebiendo cerveza y a punto de llorar,
mi corazón es medio limón escurrido
en un plato de anchoas; y el alma,
una cerveza que te dispara
el gaznate, al canto del adiós sincero.

Narrando.

Releo cada letra de tu nombre
intentado romper las reglas
del poema,
pero solo encuentro novela
de pena, borrachera solitaria
y descontento de encuentro.

Quiero irme; pero la vida
no me deja, quiero marcharme,
pero tu corazón me amarra
atracando mi pena, en una lluvia
que no fabrica mares,
no más nuestra desazón
y un desencuentro...
el viento baila
burlándome en medio de todo.

Poeta en bar (II)

El poeta leyó:

Mi corazón tiene la bondad
de ser triste, es un verso en medio
de la noche y el absoluto tedio,
no olvida su beldad, pero oxida,
su más profunda soledad, dentro
de un abandono absoluto execrable
 y odioso; pero su sufrimiento es una botella
en medio de corazones, llenos de absenta,
que empapan almas y razones.

El poeta leyó su silencio; el poema
era un grito, y con ello, no hubo más
que una dejada de voz, en medio de un trago,
que en su imaginación, se desplomó.

Asi es el poeta, una piedra en un charco,
que en un día de lluvia, saca su punta
para joder la existencia.

Tras esto, levantando su mirada,
el poeta, sacó una botella,
derramó, en su cerveza, más de lo que había,
para aliñar su amargura....

Después:
Lloro
espuma del sueño.

Poeta en bar (I)

Siempre suele ir acompañado
pero no con alguien,
llega al bar sólo y sabe estarlo.

Es el poeta de la noche y lo triste,
todos lo miran y cuchichean,
parece enfermo, pero solo es poema
lo que le ronda por su cabeza.

Mira y parece que no mira,
se rasca la barba, bebe cerveza;
su mano saca la libreta negra:
escribe, nadie lo sabe,
pero es un vomito de espanto,
el verso que dedica al resto
de malevaje, que lo mira;
mientras el poema es revisado.

Insectos sonrientes

Cazar la vida y meterla en un bote con formol,
mariposa disecada, ves pasar toda la existencia,
como una manada de aves, con cabeza de cucaracha.

Parar el tiempo en un instante mientras ríes,
recrearte para siempre en ese fotograma
de tristeza, para sentirte las alas y no volar.

Mariposa muerta y llorona, ya fue tu hora,
y después, vendrá la hora de los demás,
y siempre será será la misma hora,
para todos los que coincidan
bebiéndose el formol que les cautiva.

Ser un furtivo mientras miras a los demás,
un voyeur de los bares, y las estaciones,
por donde todos los insectos, se acechan
mirándose por encima del borde del vaso.

Capta todo y mételo en el bote con la mariposa,
aun muerta, odia estar sola.

Recuerdo cuando hace tiempo...

Donde fui en mi ciudad,
no existe nieve ni frío,
pero si una calurosa muerte.

Lo ridículo y espantoso,
como necedad,
se asustaban ante
lo irrelevante y grotesco.

En mi ciudad no hay nieve
ni frío, pero si crisantemos
que derretidos por la calidez,
se entregan a la muerte
cantando un zarabanda
de niñez, sin suerte.

Astros y Galaxias

Lanza su vagina millones
de galaxias que se estrellan
contra el árbol inerte,
de una alcoba que nos espía.

Despegan en su choque
miles de estrellas siderales,
esta tarde caminaba sola
por la calle como una nota
que nadie reconocía,
era un apunte, una dirección
en un papel, en medio
de una conversación
con el seguro del coche.

Toqué su hombro,
toqué su pelo,
toqué su paso, estela opaca,
toqué mientras la miraba
a cien metros,
corrí tras ella, no deseaba perderme
su extraño perfil que describía
un inusual dibujo en medio de la calle.

Ahora soy un astronauta en medio
de las galaxias que su vagina
dispara.

Es una guerra pactada,
un acuerdo entre gemidos,
un bebernos por las lagrimas
mientras nos engañamos,
abriendo los ojos, de espaldas
al beso.

Ausencia de gravedad,
nuestros píes,
no tocan el suelo.
Floto a su alrededor,
mientras sus besos
parecen burbujas,
en medio de la habitación.

De lo lejano y distante

Corazón, camión de la basura
de tu reino de usura,
tan solo el sexo te cura.

Ya desde hace siglos,
por esas extensas llanuras
del amor que no envía cartas,
mandas telegramas
a quien amas y no te ama.

Correspondencia equivoca,
el amor nunca recibe cartas
de dos que se aman,
pero si envía borbotones,
de sangre en forma de corazón
a quién busca en medio de la tierra,
una bolsa de basura para olvidar
la razón, que es la resta al sentimiento.

Decisión, melocotón de barro
que masticas mientras todo
vuela, al crujir de un trozo
de uña seca.

Breviario de pobreza.

Tengo tanta pobreza
que la corto en rodajas
como monedas,
y, las ahorro en mi hucha
de hambre y frío.
Cuando haya llenado
todo el hueco con ella;
la romperé para comprar
un legajo de media noche.
Tengo tanta pobreza que nadie
me reza, es un adictivo alivio
saber que pobre, bien me libro.


Tic, tac

Si pudiera partir en dos
la aguja del tiempo,
mataría en formula
matemática
la definición:
Tiempo.

Cada una de ellas,
¡las manecillas!.

En medio del reloj,
que asesino
multiplica la vida
por exactitudes eternas,
nos define los segundos
como fracciones idiotas,
no recuerda:
Muere a cada instante,
la vida no es eterna.

Lagrimas que sufren en la ausencia del ectoplasma

Me llovió, ella lo hizo con ella misma,
me empapó mientras yo caminaba
por una calle cuesta arriba, empinada,

Me empapó mientras yo corría como un loco
por esas calles, mojadas; yo borracho,
no sabía otra cosa que gritarme,
sin percatarme,
que ella, me llovía.

Me llovió entre tinieblas
de labios supurados, por la tenebrosidad
de la ausencia en lo más deseado,
por no poseerlo.

Ella mi lluvia, supo mojarme en noches
en las que no me veía, pero me barajaba
como el as de su desesperación.

Me empapó con la orina de sus lagrimales,
para que me escociera su llanto
en la herida de este pecho salvaje
y mentiroso, que abre llagas,
para conducir borracho,
el esperpento de su existencia.

Ella me llovió, mientras sus piernas
se cerraban tras una noche de esperma
que no era mío.
Ella me empapó mientras yo, desmedido
me amamantaba de sus senos ausentes,
cantimploras de sangre negra,
por donde navega mi alma a contra vida,
gritando mi nombre en mi propio oído
para que ella llorase por el silencio de mi auxilio.

En medio de un cubo lleno de sange

No hay personas en la ciudad.
¡Mira!, ¿no ves?.
El color se trasforma en alguna
terminación incidente.

El áspero millón expresivo
que cruza la noche, sin explotar,
a veces nos confunde
y nos hace acuchillar con la palabra
oxidada, la creación restante
de lo inocuo, que en algún momento,
es indescifrable.

En uno mismo hay presión
que provoca la agonía de la belleza,
esa que nos mata mientras la olemos.

Pero cerramos durante meses
el pliego de lo prospero,
y la mascara que compramos
hace un tiempo, ya no es tan familiar.

Pero no dudes de sacar tus ojos
tras los agujeros de la misma,
porque si no lo haces, alguien
lo hará por ti, y tus ojos sangrientos
caerán por el hueco vacío de la mascara.

A través de la noche todo es hueco,
ahueca, y haz el inútil dentro del color
que la noche te instiga, el preocupante
volumen de lo fantástico, no es más
qué lo fanático del ser, en su máxima
explosió y colmada de podredumbre.

A la tarde se calmado, y deja que los ojos
vacíos, te llenen en medio del paseo,
que la música de los otros, tan extraña, te inunde
y por cada paso indeciso, toma la dosis excesiva
de esa droga, que te hace llegar, donde nada
y, alguien te secuestran, arrastrando
de los pelos de tu extraña existencia:
ese nombre que te quema.

Navegando en el lago rodeado de nenúfares.

Como el remo entra en el agua,
para que la barca avance,
así entra tu mirada en mi mirada,
para que yo navegue, hasta tu extensa
morada de cedros, que adormece
mi retorcida y extraña alma,
que arde en tu mínimo roce.

Navego en tu lago de nenúfares,
soplo por el bambú de tu entraña,
me acurruco más allá
de donde encuentro
el placer, que me proporciona
la extensa ladera de mimbre,
en la que tejiendo a menos,
construyo un lejano oriente
de miradas.

Navegando en el lago lleno de nenúfares,
jamás me sentí tan solo, cuando al meter
mi remo en tu agua, el único lamento,
fue el de un mirlo alborotado,
que se deshacía mientras cantaba
el catafalco de tu propia alma.

Tras el sendero que no acaba.

Desde que observé la hoja del fino sable,
siento el viento menos viento y más aire.

Anduve por el estrecho sendero de jacarandas;
su breve maleza, me permitió observar
lo iracundo de lo extravagante.

Lejana extrañeza, de lo no concluso,
que fustiga el paso a ritmo de brisa,
mientras sufre a casa pisada, esta lejana
tierra.

Diseñando amor en una esquela

Supongamos que soy un cadáver,
que mi estomago ha desaparecido
junto con mis pulmones y mi corazón,
junto con mis uñas, mi piel y mis ojos.

Que los gusanos se me han comido:
Piel, entrañas y sexo.

Supongamos que a todos nos pasa,
que algún día moriremos en medio de esto,
sin que esto, deje de ser exactamente,
nada de aquello.

Entonces el cadáver convertido
en fruto, porque para siempre vive,
deseará visitar en la noche a sus seres queridos.

El cadáver, aprendió cuando estaba rodeado
de carne a mover persianas y vasos,
el cadáver pensó con cerebro antes
de sorberlo...

Imaginemos que llegamos con forma
de cadáver putrefacto a visitar
a los nuestros, y hacerle ver nuestro
espectro...

Pero sin querer hacerles daño,
deseamos tocar todo lo que fue su vida,
su esto... su aquello... exactamente eso.

Deseo ser un muerto que en vida,
nace para amar desde lo eterno,
quizá, esté loco, o quizá sea un gusano
la muerte, que me come por dentro.

Pero desde el corazón muerto,
ya sabes cual es el mapa
de este desierto, la sed de agua,
no es de agua, sino plástico
inyectado, relleno de sangre templada,
para visitar a los vivos, como muerto.

Admirando el sufrimiento de una Gheisa.

Llora como una gheisa borracha y despedida de su entorno,
vaga por las calles, con el maquillaje de su cara, corrido por la lluvia,
su quimono empapado, es como una bayeta sucia,
se lamenta y cruje el suelo a sus pasos, se lamenta y el sol, es luna.
Solitaria y despechada, a cada paso teme que el suelo se abra
y se convierta en abismo para su muerte inesperada y oscura,
no desea más días, y menos, mucho menos, noches solitarias,
para su vida impía.

Baja las escaleras del metro en Plaza España, es una belleza
triste, risueña, dañada, sola como la rana.

No hay mundo en su alma, y no hay alma en este mundo
Cantaba mientras lloraba.

Gheisa en medio de Madrid, bajando escaleras sin saber
hacia donde se dirigen sus espadas, está segura de hacerlo.

Mira su cara en el charco, que las goteras han fabricado
en el sucio suelo del metro, en Plaza España.
piensa que es la vez que más limpia ha visto su cara.

Echará todo por su borda,  se siente barca rota en el río
de la noche clara,
renovará en medio de la urbe, su quimono
y, maquillaje de nácar, será una nueva ostra,

Morirá en su lamento, para nacer al esperpento.

Noche de onix que sin piedad nos trata,
ella sufre y desconozco el motivo,
yo admiro que su sufrimiento sea tan bello.

Caminando bajo la sombra del carbón

Descansa el dolor,
entre cerezos carbonizados.
mis pies se agrietan
bajo el suelo quemado.
Hace siglos esperan,
que el hombre camine,
pero el enmarañado bosque
de ramas, le asfixia.

Duerme alegría y, despierta
de esta noche ladina,
vida; arresta
la despedida,
sucumbe tu sonrisa,
a la más mínima.

Mordiendo lunas.

Comprando coca a la luna,
su brillo es la mejor droga.
Rasco sus sombras en el parque,
las inyecto en la vena
de mi esperpento.
Rojo, cuajado,
insomne, desprestigiado.

Trapicheo gótico.

Vomitando murciélagos en esta burla de espanto,
casi sin llegar lejos del cielo azul, no es lo que pensaba.

Pretendo ser algo que imagino, pero no represento.

Mi cara, espejo del karma, es un fuego de la bilis,
y el día el manto más negro de la vida.

Pero indago en el neutro pasaje de la hierba,
donde la adivinanza juega con mi pasado,
tejiendo un tropezón de alegría que rebota
contra el suelo, mientras el cazador late
entre lo dictado, por el paso de las calles,
como lluvia de negro tormento imaginado.

Vomitando murciélagos negros de espanto
sus alas me provocan una acidez,
por la que la primavera es nacer,
en medio de un nocturno de bajo calado,
y de continua burla de balón pinchado.

Niñez, Niñez, absurda angustia,
frente a la senectud de la estupidez,

Estrella vaga.

Las estrellas nerviosas
dentellean y arañan 
con su estela la piel
ajena del corazón,
que a solas, 
moja su desayuno
en la mirada perdida.

La estrella apagada
duerme en medio del cielo
pareciendo un pedrusco
para caerse.

Y la fugaz es como si 
dejara un puente de plata.

La vaga, la que me gusta;
holgazanea, como un mendigo;
a penas se mueve,
solo parpadea,
le da vergüenza soñar
porque se apaga,
tan solo queda en medio
del cielo negro
que para ella es vida.

Me gustan las estrellas vagas, 
porque al no moverse me iluminan,
me gustan las estrellas vagas,
porque errando es como si lloraran.

Me gusta pasear sólo, en medio de un cielo
plagado de estrellas holgazanas, soy un vago,
prefiero mirar a los vivos para iluminarlos;
mientras en mi quietud:
me suicida el brillo.

Definición de belleza.

Tallo:
Lugar donde crece la belleza,
flor exacta, momento preciso.

Ella se olvidó mientras le besaba,
que su vida fue bella para sentir,
lo pasado de lo no venido.

Doblando la ropa.

Todo es un viaje,
dobla tu vida
como una camisa
o un pantalón,
pero no pongas ilusión,
porque al final...
serán  botes de jabón vacío.

No hay más tristeza
que un bote de jabón
vacío, en una maleta
de esta vida que no va
a ninguna parte
excepto a la muerte.

Doblalo todo, doblalo,
pero no olvides
mientras lo haces
bailar como el día
de tu primer beso,
no olvides eso,
no es más que vida
la sangre, que en ese beso viaja...
Vida la del rasguño en la mirada,

y si deseas algo, desea que el rasguño,
te acaricie como la ropa doblada,
para cerrar los ojos y que la muerte
tique la entrada.

Jaiku del desprecio.

El viento es el miedo,
tiembla la hoja,
se deshace el tiempo.

Amo y desconozco

Yo amo un día
que por la mañana
se me hizo noche.

Amo por desconocimiento
de su futuro, la extrañeza
de nuestro pasado...

pero es mi golosina,
es mi domingo por la tarde
desde que la besé y su alegría
ha hecho de mi piel un mapa
exagerado de negación,
tras descubrir el cofre de mi mentira.

Pero mi alma es un banjo,
un ukelele, una nota equivoca
en medio de un grito borracho.

Ahora grito, pero no me escucho,
es extraño, cuando la golosina
es dulce, saber que su nombre
te torea y te mata si ella
con su verbo, es capaz
de abofetear tu existencia.

Día infinito.

¿Para qué  luchar?.

Si el destino está domado
y la verdad lo aguarda...

¿Para qué luchar?.

Hace años que lo veo venir,
no hay más venida que lo que veo.

¿Para qué llegar? si lo que viene,
ya sufre por que teme, a no sufrir...

Todo es un color,
todo es un cielo desteñido...

Cielo en barreño de lejía,
todo es mancha blanca
en medio del deseo...

¿Para qué venir?...
¿para qué no sufrir?,
si ya sabes que todo es solventar
sufrimiento y cansancio...

Me gusta imaginar
aunque sea ayudado,
la creación,
es una semilla donde nadie
me vio cuando reía.

Pero todo es un murmullo
de plata que se quema
en la soledad
de un callejón.

¿Para qué esto?
si la nieve, es un sueño
mejor que se derrita
con la risa.


Despertando de la vida.

Callado el pastor piensa,
el viento le purifica.
Dejó de pensar y durmió.

***

Despierta en la natura,
bosteza y despereza,
observado por la sakura.

***

Sueña con llegar,
el camino es largo,
todo a comenzado

***

Dando un paso
la estrecha y larga senda
ya parece más corta.

***

El trabajo es duro
la vida es senda
camina viviendo

***

como el viento purifica
la natura le alienta
no ha llegado el camino es largo.

***

Cae en las cuentas
dónde ha estado
ya lo ha caminado.

Nadando en plasticos

Fui al chino de la esquina,
olía a quina y era algo ladino.

Compré un flotador con cabeza
de pato, para no hundirme en la maleza.
ni sufrir mareos mientras poto.

Potó el pato; se pinchó
porque estaba defectuoso...
el flotador que no era de pato
ni de cabeza de poto.

La pota del pato, eran ramas de poto,
el agujero del plástico dibujado,
era "made in china"
para hundirme en esta charca de quina,
que es la vida.

No significaba nada, pero se inundó
de agua y no flotaba, por culpa del chino
y su comportamiento ladino,
ante la vida de pato que porto de poto.

Pato,
Poto,
Peta.

Ladino y consecuente salí del agua,
y rajé al pato, pero no era agua,
que era sangre, de este lodo,
denso de vida ladina
y china de mezquino pato,
que cuando bebí su agua
poté como un pato,
y sembré un poto que ahora
riego con ahogo.

Pato,
Poto,
Peta,
pica la sangre en la cabeza.

Disparo a bocajarro.

Nombra cualquier cosa
y todos su significados
cabrán por completo,
en medio de su palabra.

Versalo para concretarlo.

Cerezo, almendro, soledad.
Muerte, sangre, dolor, pena.
Fijación, obsesión,  olvido.
fruto, angustia, rama.

Nombra cualquier cosa
y tendrás todo lo que significa.
Construye una pared,
carga con fuerza la palabra,
es tu arma en el día,
y, es tu bala para salvar tu vida.

Apunta cerrando el ojo
fija bien el tiro y dispara.

Buscando cascaras

Debajo del sofá,
mil esquinas donde
se esconde.

Es un repentino golpe,
y miras bajo él, apartando
la tela, para encontrarlo.

Es el momento en que lloras,
y descubres, que se esfumó
dejando en su lugar
una cebolla para acostumbrarte
a llorar cuando la mondes,
mirando y olisqueando
intentando encontrar,
todo lo que has perdido.

Complicada y abrupta
pelas y pelas,
lloras y lloras,
buscas y buscas.

Corazón cebolla
alma de cántaro.

Ángel en paro

Los que se aman
acaban siempre ardiendo,
pero nunca en el infierno,
sino en el pellejo de su fuego.

Un tipo lo dijo en el bar,
el amor me tiene en paro,
desde que se juntan ellos
mis flechas nunca aciertan
por eso me emborracho
y me camuflo en una estrella,
dentro del cielo negro.

Prefiero hacer el ridículo
antes que intentar hacer un pleno,
pues el fallo de mis flechas,
el apuntar de tan de lejos,
me ha dejado ciego.

De ángel a amante,
de amante a amigo,
de amigo a ponente,
pasé por todos los estados
menos el tranquilo.

Pasé por todas las ciudades
pero descansé siempre
en la piel del fuego.

Naciendo a la ignorancia.

Llegué manchado de sangre,
una cuerda de carne me mantenía
como a un buzo muerto por asfixia.

Desde que entré no estoy vivo,
la extraña muerte no es la vida ardiente.

Fui a la cocina
abriendo los cajones
eternos de armarios finitos,
no había más que palabras conocidas
en círculos concéntricos de olvido.

Lo extraño no ha sido llegar, sino mantenerse.

Venas plenas de burbujas sin sangre que descorcha...

Seco, como un condón en su estuche.
Me viene la lagrima que lubrica la piel.
Nadie me descubre, ni me usa para inspeccionar,
pero la libertad me publicita para ser inherente
en mi forma indisoluta de olvido.

Cómo la aspirina adulta en un vaso de vino,
aspiro a generar un sueño que no provoco.

No lloro,
no goteo,
no descorcho,
no humedezco...
seco lo vital
para generar pena
sin sollozo.

Diana en Diana, es no levantarse al toque de silencio.

Cómo una barra de pan
se deja esconder en bolsas de tela
y paneras de aluminio.

Es incapaz de reconocer el mundo.
Tan solo arenga contra todo,
en función de todo lo que sabe.

Hace diana sobre su propia soledad,
y se masturba pensando en Dumbo.

Es tan triste y aburrida que con taladradora
incrusta su opinión, sudada en ejercicio de soledad
y aerobic.

No hay más que su opinión.
No existe otra cosa que su fascismo.

Duelo en la hierba, semen en la poesía.

Leía compulsivamente unos poemas de Keats,
mientras fumaba y bebía sentada en el banco de madera,
el viento le movía la falda y su respiración se agitaba,
cada vez más por su estado de ansiedad.

Yo estaba tirado en la hierba sintiendo la humedad
del césped, mi camiseta y mi bragueta mojada,
ella leyendo a Keats, como si su luz se apagara
y a ella casi que no le importaba por la variedad
del suspiro que en ella nacía mientras se empapaba
de versos.

Yo desapercibido frotando mi bragueta contra el césped,
ella absorta con los versos de Keats, disfrazados de pene,
y ahondado en ella tanto que hasta se atragantaba.

Mientras su orgasmo profundiza en el alma,
el mío empapa más mi bragueta,
no dejo de ser un enfermo, no dejo de soñar
con tomarla, y arrastrarla del pelo mientras
la poseo y la trasmuto como a una llaga.

Ella no sabe que existo, solo lee a Keats,
yo me levanto y me marcho, dejando en la hierba
la señal de nuestro duelo, que sin saberlo:
a mi me embriaga tan solo con imaginar sus bragas.

Maldito espejo.

Esta duda me asalta,
en medio de la no inspiración,
las musas existen, 
pero nunca están a mi lado 
cuando escribo, solo
cuando bebo, o hablo con algún
borracho que me cuenta entre
balbuceos, una extraña experiencia
en la que no escribe porque se le olvidan
esos imaginarios en los que al baño maría,
sostiene todos los momentos que imagina
entre cortados, y teme tener siete años
de mala suerte, por si se les resbalan
de sus manos de polvo insensato.
Maldito espejo, todo lo devuelves
insultando al menos culpable.

Antipático y desmedido

Pienso que es por las almohadas,
o por los trenes,
aunque a lo mejor sea por los peines,
o los cepillos de dientes, 
o los arboles mustios, 
o el colutorio dejado en el suelo en escala de color,
o la espera en un cuartucho semi lleno de vacío.

De vez en cuando la mentira se viste hasta la cintura de verdad,
pero me gusta buscar en lo que sea, lo que desea;
por eso digo que:
Es culpa de un frigorífico que no camina,
o de un horno que tose y esputa pollo asado.
Incluso hasta todo lo que se me olvida, 
es parte del juego, ese que me desespera
en segundos que fuera de tiempo forman parte
del despiste al que someten.

¿Y si por un causal lo mío no fuera más que un uso
de lo que en base, es la mentira que fabrica mi deseo?

En parte toda la razón está al final de este experimento,
ya no poema, porque no es lo que en métrica entra,
es lo que en métrica exacta miden y calculan.

No cuenta el deseo, ni el alma, solo la forma 
en decir las cosas como otros, pero no las que un poeta
dice ahora como algo suyo. Siempre comparan,
nunca gustan de lo nuevo.

Odiosas las que no gustan.

Pero es culpa de los cerrojos de las puertas
y de los manteles sucios que aguantan copas manchadas
de vino y babas... eso... babas... como este poema.

Pero vuelvo sobre lo que no hablo. Y reitero,

es culpa de las ruedas de los coches y de los contratos,
y de los bolígrafos con tinta verde,
y de las grapadoras, pero no de los clips.

La culpa es de la o y no de la y ¿o no?
pero el fondo es el mismo, aunque la forma 
siempre cambia y no hayan vientos, ni maneras tantas 
de definirla.

Es por esto, tan solo que atraco mientras repiquetea
mi sueño en el fondo del cajón donde guardo la navaja,
que opino de manera no cuerda y antipática:
Qué todos estamos locos.


Mientras la vida me mata.

Qué para vivir, yo soñé,
no durmiendo, ni cerrando los ojos.

Para vivir, resucité. Salí de mi encierro;
vi algo que en su brillo no era luz.

Soñar, no es dormir, soñar;
es vivir sin dormir,                                                  fabricar la verdad
de tu propio sueño,

                                                  con plastilina
               de lo vivido
y mientras la vida te mata:
te entretienes en
                                                                          dar forma a la experiencia





                                                                                                       de barco hundido.

Son retos.

Ya lo sé,
Ya lo sé,
puedo hacerme tan pesado
como música existe.

Puedo escribir tanto
que me quemarían
los filólogos,
por las patadas
al abecedario,
y al dietario,
y al calendario.

Todos los rígidos
de la lengua,
esos que a veces
no la mueven
por lo dura
que se les pone,
al criticar al resto.

Pero sigo rompiendo
lenguas, ahora que ya,
escapé de boxear contra la muerte.

Ríe el río.

Río arriba, todo es más tranquilo.
Nado cómo un salmón muerto;
contra la corriente, el zarpazo
del oso hambriento, es fechoría
adolescente.

Contra corriente, miro a todos
los que van, mientras vuelvo
y vuelco mi lagrima en agua,
así no se nota que lloro, el agua
es una mentira en el llanto.

Contra corriente nado.
Río arriba carcajeo,
mientras subo la cascada
que la vida me ofrece.

Nado superando piedras,
pero cuando caí en el charco
nadie me dijo que vivir, es nadar
contra vagina... río pantanoso
y colmado de muerte,
que al final nos cierra
con un ridículo paréntesis.

Ahora que puedo

Tan raro cómo un gato.
No domesticado.
Corazón de lavadora vieja,
estomago de corcho.

Fumo y echo humo del tabaco
de mi estomago.
En ocasiones hablo con mi suicidio,
pero me dice que le aburro.

Me gusta el vino, la cerveza,
y el té con pimienta.

Hago cosas como escribir
hasta las tantas, no duermo.

Recuerdo a mis profesores
exclamando:
¡No llegarás a nada!.

Mis padres diciendo eso de:
¡Estudia, no seas vago!.

Pero a los doce escribí mi primer poema.
desde aquél momento, el infierno me acuña.

Atardecer en el bar.

Es menos de lo que puedo soportar,
mirar a través de las manos,
sentir más allá de lo combatible

Siento que a veces todo es una guerra,
que se deshace en te quieros cantados
por una gata muda, que camina por las cornisas
de la entraña del mundo.

La guerra no es más que una escoba,
la crisis una cortina de humo,
humo de gente quemada,
abrasada por el mundo.

Sentir más allá de lo combatible,
es ganar una guerra que no se empieza.
Guerrear con lo factible, usar la palabra,
soñar que esto puede ser una carta
que al ser leída trasforme en palpito,
la inmersa miseria del poder acunado
en las esferas del oro.

Guerrear, versar,
destrozarte las manos y la lengua
con todas las razones, ser un genio
insistiendo en la razón que nadie entiende,
ser un loco que hace de ello su vida.

Pero el mundo tacha y crucifica
antes de ser afamado, y cuando lo eres,
te endiosan.

Mirar a través de las manos,
sutil palabra, nace en esa llanura espesa,
cómo si fueras mi propia guerra.




Jirón crudo y masticado

Se lamenta mi carne ahora,
ni nunca, ni después de antes.
Se lamenta y queja: ahora.

Lanza un jirón al aire,
para que se lo coma
el buitre de su actitud
hiriente.

No se da cuenta,
no lo desea,
que masticándolo
en su inconsciencia...
echa fuera de mí
esa sonrisa abyecta.

Es ahora cuando acaba,
es ahora cuando cuando ríe.
No nunca ni después,
ni jamás, ni mucho menos...
Sólo ahora,
en el dolor de la carne presente.

Guerra sin pie.

Yo tan solo imagino
que algún día alguien
tire una bomba
y destruya el mundo
tal y como lo conocemos.

Que se declare una guerra brutal
y degenerada.

Me gustaría que todo acabe
como al principio.

Cuando nadie tenía nada
y el techo tan solo era una manta.

Pero es mucho pedir para tan poca
imaginación.

Quizá algún día me vista de rojo
y por fin salga mi espíritu terrorista.

Día desapercibido

Amanece.
El día crece
y reproduce
su mínima luz
en instantes.

La gente camina,
pero desconoce
la oscura noche;
la olvida.

Anochece.
Muere lo mínimo
y se olvida
en la oscuridad
de los olvidos,
que en horas
anteriores,
vieron nacer
un rayo de persona,
que se disfrazaba
de luz, en desapercibidos
atardeceres, que no vieron
la media mañana.

Ruleta rusa, vida esperanzada.

Con un revolver bajo el brazo,
sin consciencia y con la muerte
lejos del mismo punto y sin trazo,
vine a la vida atento e inerte.

No hubo más que pólvora
donde no debió existir otra cosa,
más que un reloj que se hizo sin hora,
y una vida que arrancó a la muerte,
su mejor, la más grande hoja.

Ya se hace de noche en cada estilo,
y la flor del repudio se estremece,
con desesperanza en medio de la noche
que sin esperar la muerte y con risa; goza.

No se que hacer con toda esta munición.
desconozco el sentido de la puntería,
pero si he de matar, lo haré con razón,
lo haré sin conciencia, ni vida, ni brío,
ausente de palabra y lleno de envidia,
para en todo momento soportar la vida
con su cinto plagado de desesperadas balas.

Cabalgando en medio de la calle plena de poemas

No soy nada antes que otra cosa,
solo sé que el salvajismo me apresa,
ni poeta, ni escritor en larga madrugada,
tan solo ladrón con navaja oxidada.

Me subo en lo alto del verso
atracando su bolsillo tan lleno,
le pongo el filo en el cuello y le obligo
a salir lleno de miedo.

Me gusta desangrarlo,
asustarlo en la calle donde nace,
observar como entre mis manos
corre mientras mi cabeza lo imagina.

Soy tan bruto que le pateo,
soy tan poco poeta que lo asusto.

No soy nada antes que otra cosa.
Tan solo un salvaje que anda por la calle
con una leve cojera, y un corazón sin piedad
que observa loco, todo lo que le rodea.

Menosprecio de uno mismo.

Cómo una montaña.
Cómo un bosque quemado.
Cómo un idiota que no duerme.
Cómo lo inútil,
y lo que sucede haciendo
un ridículo espantoso.

Todo eso es poco
para un alma, que viaja
en medio de un tren
sin carril ni vía.

Todo es poco.
Todo es nada
nada se quedó
en medio de un remolino
insolente de viento
que no supo explicar
la agudeza de la propia
extrañeza.

Amor de reojo.

Siempre juré a la muerte morir después que ella,
jamás juré caminar con nadie que me agrade.

Salgo por Sol, y subo Montera,
las putas acarician a sus clientes
y te miran de reojo.

El amor es tierno cuanto más sube
su oferta.

Paro en el bar junto al sex-shop,
pajeo mi mente, imagino, y la negra
me manda un beso para sanarme...

Las putas de Montera, son la hostia
consagrada.
Comulgo con su pena, me distancio
de su negocio.

Lejos en sus países, sus hijos lloran.
Cerca sus chulos, les pegan.

Salgo por Sol, subo por montera,
pero siempre que brindo, nunca corto
oreja, pero me subastan el rabo
por veinte euros.

Excursión de la E.G.B.

Fue de pequeño,
nos llevaron de excursión,
colegios y ausencias
de la obligación impuesta.

Era un parque de atracciones,
nos dieron una lección para justificar
su escape en día de trabajo
mientras sostenían una cerveza
en sus labios.

El de historia, filosofo, decía:
El Tío-Vivo, es como la vida
todo da vueltas y debes elegir
donde subirte para pasarlo mejor.

El de matemáticas, explicó:
Con el tiro al blanco, apuntas
lo que quieres, y si aciertas, te lo llevas...

Todos compararon.
La vida es una feria, pensaba yo.

Al poco, dieron la mañana libre,
hasta que la hora de irse gastara
la cerveza fría.

Id a ver el parque hay muchas cosas
para comparar con la vida y con dios.

Todos trajeron una experiencia
una comparación,
una existencia de circo y feria
de caramelo y destino.

Callado y absoluto
tan solo imaginé,
que la única atracción
para mi, era un mareo
constante. Una angustia,
que fabricaba querer y abrazo...

¡Del Moral!, exclamó el de lenguaje.
¿¡Qué has visto que sea comparable
a la vida!?.
Tan solo la montaña rusa- contesté.
¿Y con Dios?...
La casa del terror.

Me castigaron tres días,
con tan solo siete años.

Me doy garrote

Como una rana escapo de los nenúfares que me engañan,
mudo, como un loco que escapa entre recuerdos de piezas
sueltas... me gusta desechar, lo fabricado en el  recuerdo
para traerlo con tirones de la presente historia.

Mi barriga es una bola donde el futuro no habla.
A veces rechazo lo que fabrico porque no me gusta el metal.
Menos mal que soy verdugo un de mi angustia.

Si no... me ahorcaría en mi ausencia.

Sin titulo ni posesiones.

No es tan larga la vida
como la amamos,
es más bien un resultado
fallido en una  mala apuesta.

Es más bien una cortina
en la habitación barata
de la pensión donde duermo,
por culpa de la crisis.

No es una especie de sueño,
es como un bote de cerveza
que sale de una vagina finita.

Puedo escuchar como grita
a veces mirándome en medio
de una pelea conmigo mismo,

puedo, digo, agarrarla como un vaso
en medio de la noche, donde el bar
florece como un poema de Buk,
entre mis borracheras,
donde la pena se hace tan absoluta
que deseo dejarla escapar
entre las agujas del reloj,
pero es tan perra, que se estremece,
mientras el segundo, se hace primero.

El tiempo lo adiestras.
La vida te putea.
La cerveza es un eructo:
donde el tiempo es aire con sonido.

Viviendo lo extraño.

Me gusta aislarme,
es una elección
sobre mi soledad
que trato a males
sentidos.

Me fustigo con cuero prestado.

Me critican y brindo por ellos.

No elijo, pero grito y maltrato
la buenaventura.

No hay más que cuellos
y sangre,
solo puedo matar a mordiscos
mientras devoro del olvido
su
entraña. La misma carne.

Deseo morir a cada paso,
pero me revive el sueño
que no nace.

Viajo al final de la noche
cuando la noche no es más
que un tornado negativo...

Nace en medio de un parto,
que tragando su sangre,
ahoga su simiente de esperanza
negra y soluble.

Vive en la muerte que le ahoga.
Se ahoga en la muerte que le revive;
todos nos matamos en la extraña
vida de la luz que camina hacia
el aullido.

Falso parecer.

Créeme no nací para esto,
me pusieron un motor en el culo
y me dieron cuerda,
siempre para adelante
hacía atrás ni para coger impulso.
(Me dicen)

No nací para esto, pero lo hago.
Es malo, parece ser, dar dos pasos
hacia atrás, pero entonces...

¿por qué inconscientemente
recordamos la niñez cuando estamos
a solas?

Créeme no nací para esto,
pero lo hago, voy hacia atrás,
y disfruto con ello,
tomo impulso desde que era pequeño
y mi carrera es más intensa;
Seré viejo, si llego y,
seré niño
cuando llegue.

Deshaciendo lo hecho para liberarlo con ilusión

Como el que nada hace,
nada hago, ni pregunto;
no me pregunto mi cuestión,
tan solo me muero por dentro
en mis propias manos de confuso
jardín de piedra.

Como el que nada hace,
a veces muevo los ojos
para saber el ímpetu de las cosas...
pero todo queda en una congelación
de las sombras que provocan las piedras
de mi jardín, esas que agarro en mis manos
para romper a veces mi espejo tardío.

Como el que nada hace,
hago de vez en cuando algo
que otros hacen,
como un mono de repetición
quieto, tanto, que parece
que lo único que hago es morirme
en la muerte, para estar más vivo;
pero en el fondo, no hago nada.

Si llega el momento.

Cuando deje de escribir,
la muerte llevará bolsillos
para toda mi pena y ella
con ella, se quemará viva,
pues viva la muerte se sentirá
al no tener corazones muertos
con mi poesía.

Cuando deje de escribir,
el mirlo se arrancará las plumas
con sus propias manos y,
su sombra será una sombra
castrada de vuelos llanos.

Cuando deje de escribir
el hombre dejará de ser malo
pero que me lo aseguren
que no escribo más
un renglón de espasmo.

Cuando deje de escribir digo,
que algo me estará ocurriendo
en noche de infierno abatido,
mientras corro y finjo
a escondidas en mi ombligo.

Siesta


El sueño desea cerrarme la luz,
echarme persiana, delgada carne,
visita mi alma insigne la albur
de la  llama su inimaginable.

Qué a tientas imagina
que su vida corta
se trae en almorta
la escasa: ahora inquina.

Ya lo dejo en escaso
el tiempo de descanso,
que a penas no duermo
y me quemo en sueño.

Callado mientras miro al frente

Pelos en el lavabo
mientras acuchillo
mi nombre.
Intento asearme en medio
de este sucio mundo,
pero no logro arrancar
las manchas de esta vida
que insoluble,
se mofa de mi existencia
a sabiendas de que la conclusión,
no es una sinfonía cuadrada,
sino un perfecto adiós
no diseñado.

Negación y pasión

Todo me dice no.
No hay más respuesta a todo que: no.
No hay nada, no eres nada.

El ventilador me dice no,
la ropa me dice no,
las ventanas me dicen no,
la botella me dice no,
todo me dice no, pero no quiero
escuchar no, en su no, tan solo
ser no, por mi mismo,
no por el no, sino por mi no,
y no más y nada más.

La música me dice que no,
el sofá en su abrazo vago, me dice no.

No quiero el no, y no deseo no saber
nada del no, pero todo es no.

No me digas eso,
no me llames aquello,
no fui yo,
no,
no,
no,
en el epicentro de la decisión
a mi mismo siempre... me digo: no.

No es que no quiera,
no es que no pueda,
es que, no es no, y no quiero
discutir más, por no llorar más.

No me toques.
No me abraces.
No me quieras.
No me escribas.
No me odies.

No pasa nada
no hay problema que dure cien años.

No hay mal que te mate,
si no es la muerte,
pero no olvides,
no olvides,
nunca olvides
que no quise
olvidarte...

Pero no hay nada
que lleve más allá de esta
decisión que en medio
de su epicentro
se niega en su mal...
se dice a si misma: no,
para no olvidar que todo
está lleno de noche,
que aunque huyamos de ella,
también empieza por negarse.
No, che...
No...
no te dejes al no,
que no merece la pena
negarse tanto no.

Reformando su vida aburrida.

Miro su cuerpo y cavo mi zanja
a golpe de iris carnívoro.

Soy su azada del sexo
y la agarro como al bucaro
para beberme su liquido.

Cavo una zanja en su cuerpo
mientras la miro, para penetrar
mi canalón y mojarla.

Adoro su zanja,
amo su sexo regado
de mi chorreante tubería.

Lección crepuscular.

Todos los días se sienta en el mismo sitio, 
toma sus breves e intensos tragos de agua,
mira nervioso a todos los lados, parece que busca algo.

Vuelve a beber su agua, se despereza, abre su alma,
parece recibir la vida en un trago de agua,
agrieta su cuerpo y lo muestra a la vida, 
es como un pequeño almendro, casi un bonsai
de su propia alma.

Entonces se recompone, se sacude, 
limpia su plumaje, y con el susto de la llegada
del camarero, retoma el vuelo y se marcha.

A los cinco minutos una muchacha rubia,
usurpa el lugar del gorrión, lleva minifalda,
fuma pero no sabe hacerlo, bebe café sin saborearlo.

Es un espectáculo triste y dantesco.

Acabo mi cerveza, y marcho mustio
caminando con las alas del gorrión
en mi garganta:
que desenvuelto me alecciona 
sobre la sencillez de la vida.

Algún día, todo se cumple.

Conciso,
directo,
enjuto,
dudoso...

Mi sueño viaja más rápido
que mi deseo.

Mi destino tiene un final seguro.

En mi porvenir ambos se encuentran
en mi presente tan solo uno me ayuda.

Deseo algún día, alcanzar mi sueño
aunque sea al final de mi destino...

Donde mi muerte me espera,
para soñar siempre que lo he conseguido.

Todo se cumple,
hasta lo menos deseado.

Naturaleza susurrada.

En voz baja le dije al loto
lo que me estremecía,
en voz baja al loto:
me proclamé.

En voz baja a su oído,
para que nadie lo escuchara
ni siquiera la naturaleza alta,
que con una galena celosa
me amenazó.

Pero son secretos en voz baja,
más fuertes que la nada,
aguantándolo  todo.


En voz baja al loto le dije
al completo este secreto:
en voz baja,  parece que nada se olvida.

Vida de astros.

Mientras bebíamos cerveza
en una terraza de la plaza Santa Ana,
recordaba esas escenas de las películas
en las que ella acaricia la pierna con su pie, a él
bajo la mesa, de largo mantel.

Por primera vez quise ser mujer y hacerlo.
Por ultima vez fui hombre y le dije:

Regalame tus bragas, para llenarlas
con mis astros infinitos. Esta noche me las pondré
y te sentiré en mi sexo, con el rastro de tu universo.

Acabé la cerveza, se quitó las bragas,
las olí, las hice mías, y el poema nació
en lo más profundo de mi estancia,
en lo menos cadáver de mi sentencia
que fabricaba una muerte para acatarla
entre mis manos.

Montamos en autobús,
la acompañé,
eran las cuatro de la tarde,
iba borracho de melancolía.

Entré a un bar, me puse las bragas.
Jamás la volví a ver.
No me ha hecho falta
su cuerpo, tan solo su esencia.

Lista de la compra.

En medio de un pasillo
del supermercado,
mi ansiedad es infinita.

Derramo mi decisión entre los colores
de todos los productos.

No acabo de llorar
en medio de ellos.

La decisión es inagotable.

Tan solo quiero cerveza,
pero la lista es incontable.

¿Cómo en la vida?
como en la vida.

No decido lo necesario
tan solo elijo lo que me arde
dentro.

Mira la lista de la compra.
arrugala,
tírala en el pasillo
de los enlatados.

La lista de la compra
es cómo una lata de tomate.

Sangre que ya no vive.
Zumo que nadie bebe.

Es cómo decidir en la vida,
escoger lo conocido,
escoger lo correcto,
lista elaborada,
y
al final,
siempre escogemos
lo no listado,
lo no preparado.

No nací listo.
No nací preparado.

Y la palabra redunda como la duda
ante la elección.

Caja de cerveza,
mucha bebida.

Siempre me falta
efectivo vital,
tenemos que dejar cariño
para salir calle afuera.

Bote de café,
barra de pan,
lomo de cerdo,
ventresca de atún,
pizza refrigerada,
vida al vacío...

indecisión,
indecisión...
indecisión:
Indecisos.


Somos paridos sin pedido.

Nada es gratis.
Elegir es difícil.

La soledad es cara;
tanto como salir sin pagar
lo que suspiras.

Todo tiene un precio
en esta absurda avenida
en la que retorcemos
la decisión grotesca.

Todo cuesta...
hasta la cerveza
que cambias,
por comida,
evadiendo la soledad
de lo inesperado.

Cruzando la calle en medio de la vida.

En medio del paso de cebra
soy cómo una duda
que desea llegar al final.

La luz verde parpadea,
advierto y temo no llegar.

El claxon suena,
las bocas insultan.

Mi cojera,
me retrasa,
mientras mi sonrisa
me delata.

Cruzando la calle
la humanidad se retrata:
el insulto,
el combustible,
la ansiedad,
la esperanza,
la perla,
la rosa.

Círculos de olvido.

Mira desde su rama...
rama negra de árbol pútrido.

Le conozco desde hace años
siempre que me giro, lo veo.

Es el cuervo que vino de Urano,
tiene el deseo de arrancarme
de cuajo mi chepa de silencio.

Camino despacio y recojo
las hierbas sembradas
y regadas con su sangre,
las mordisqueo y me alimento.

Vuela en círculos
cuando duermo,
pero me protege
la muerte abriendo
su paraguas blanco.

Acecha siempre,
se afila las uñas
con el pico...
susurra mi nombre
en su propio oído.

Pero ayer cuando graznaba
le agarré la pata...
y lo devoré con plumas...
su sangre cómo la hierba
sabía amarga...

Ya no mira
ni se afila el pico
y si grazna:
Eructo.

Viaje frustrado.

El brezo ha secado mi alma.
El brezo está bello y húmedo.

No deseo este campo.
No deseo este valle.

Deseo levantarme y viajar.
Deseo Viajar y no ser.

El valle es egoísta.
La naturaleza es incierta.
Las raíces del árbol
han acuchillado
la ilusión de la húmeda
realidad.

El antojo que queda manchando
la piel de la estridencia, acuna
a mi nauseabundo sigilo.

Me empeño,
me apetece,
me acobarda.

Fango, limo y amores en la calle.

Si me das un poco más de muerte
hazme antes un regalo.

Sonríe desde tu útero
hasta mi boca,
comienza la vida
desde la muerte seca.

Hazme tu regalo
de pasión evaporada.

A veces piso
demasiado fuerte
y hundo mi corazón
más bajo que mi pie.

No entiendo el barro
pero vivo bajo su techo.

Si me matas
regalame tu útero de lodo.

Si me resucitas permite
a mi sonrisa ensuciarse
con tu tristeza.

Tan solo el saber que existo
en ocasiones me eleva
donde nadie me mira.

Pero no hay sentimiento
que cure esta amargura.

Vivo bajo tu limo.

Sólo, me imagino
en medio de la muerte
con la sonrisa sucia.

Hace mucho que envié una carta
pero no escribí el remite
y ahora me vuelve
cómo un trozo de carne negra.

Pega tu oído a la pared,
escucha mi corazón,
es un rastrojo
al albur del viento,
a penas tiene vida
pero vuela en medio
del fango.

Si no entiendes esto
siempre puedes huir
pero dejarás el rastro
para que te persiga
y me trague el cieno
de tu soledad.

Solo deseo no desear,
castrar mis alas para no dormir.

Ahora, será luego
y dormiré en un hostal
de tres cucarachas,
donde masticar con hambre
su anhelo, será el manjar
de tu sangre.

Matando.

Hola.

No me digas
tu nombre.

Sólo quiero
asesinar
tu
sexo,
con mi
alma marchita.

Papel mojado, en noche de agua.

Corazón de petroleo,
tu alma tiene
espíritu
de buzón
amarillo.

Todos prostituyeron
tu boca,
dejando mensajes
blancos,
con letras
de esperma
sucio,
mensajes perdidos:
en medio
de un mundo
de media noche
violada.

Toda palabra
es una carta en el aire.

Buscando lo vivido.

¿Dónde está mi ilusión?
¿Dónde está mi corazón?
¿Dónde mi sueño despierto?
¿Viajaron por metro al desencanto?
¿Viajaron por medio del miedo, al medio, del miedo?

Yo deseo encontrar esto que un día viví,
esto que dejé en una carta que eché al buzón amarillo.

Es un desencanto crecer y dejar atás lo que has vivido
mientras soplas velas y esnifas años...
en esos escarnios que ahora deseas recuperar
en medio de la noche que te muestra
las arrugas de la diversión.

Medio miedo
miedo a medias.

Falsas Esperanzas.

Solo deseo la espera,
esa que te trae la ilusión
en forma de regalo.

La espera que tras esperar,
te recibe con grata impaciencia.

Han sido y son mucho años
los que he esperado,
ahora me toca esperar,
porque se que he perdido
muchos turnos en mi espera.

Pero esperando, mi pena sonríe
mientras la tristeza se trasforma
en esperanza que espera.

Agradeciendo esperar,
se hace esperanzado,
mientras esperas
inesperado
mirando al frente
que se destaca horizontal:
La risa vertical

Secretos como raíces.

En medio del valle,
casi olvidado por mi memoria,
se erige de forma salvaje:
mi recuerdo como un árbol.

Es tanto lo que guardo
que las raíces, ganan
en tamaño.

Es mucho.
Sequé el valle
y como árbol espantapájaros
yazco en un valle seco de arena.

Matando cielo.

Cielo roto,
por tu fisura
todos los astros
se suicidan contra la tierra.

Cielo resquebrajado,
siembras narcisos de sangre
que caminan creyéndose hombres.

Cielo: te rompes para esperanzar
lo muerto.

Aquí me declaro.

Profano tu corazón,
decapito tu alma...

Derramo entre mis manos
tu destino sin fortuna.

Poseo y hago mía
tu vida sin halago.

Eres tan mía
que me olvidarás
en el primer paso
de tu orgasmo.

Media noche...
noche a medias...
medias de tus piernas
que destrozo
con mis dientes.

Vida negra,
alma ácida.

Tu corazón es papel
de mi carta.

Mi carta viaja
en una botella,
dentro del océano
de tu inconsciencia.

Tomando un gin tonic y mirándola a escondidas

Amo su muerte,
desde sus ojos a los míos
es tan mía, que ya no me tiene.

Necesito su muerte.
Deseo que me agarre de la mano
y me lleve de paseo por los senderos
de su vida ausente,
esa vida que nadie ha buscado,
esos senderos desconocidos
que nadie quiere.

Acuno tu muerte en mi pecho
para sentirme vivo.

Vivo con tu muerte,
trago cristales,
saboreo...

Y susurro al aire
contaminado de humo:

Dame tu muerte...
y si no me la das
te la robo cuando duermas
para que no mueras en vida,
sino en los senderos que tu muerte
elija.

Deseo que sea eterna,
que su muerte no la mate,
que su muerte me hierva,
entre sexos cómo larvas
que palpitan bajo su luz
de inconsciencia.

Y le recuerdo:

Muero mientras paseo
de la mano contigo,
imaginado cómo te ríes
ante tu muerte, cuando me mira,
muriendo a cada paso
con latidos entre ramas,
que arañan el otoño
que nadie observó:
mientras yo te miraba.

Libres por el poema.

Si cosechas este poema,
cómo una violación de tu sombra,
debido a que no es más que una maraña
de intensa vivencia que recuerdas.

Cuando lo siembres, recuerda
que cada palabra ha sido cómo
un pelo de pubis
que se ha roto en medio de tu llanto.

Catulo...
me encargas versos en los que tu boca
hubiera deseado arrancar flores a mordiscos.

Ahora tan solo son negruras
de la  cortina con la que cerramos
la luz de la verdad...

Catulo,
cuando revivas de tu sueño...
déjale esta carta a Chinaski
bajo su puerta, al final,
todos los poetas escribimos
porque nos aburrimos
y
si no...
que le pregunten a Fu,
lo mucho que se aburría
Neruda de follarse siempre su verso.

Pero es mejor romper la vidas
escribiendo penas en medio
de nuestra borrachera.
Menos mal
que nacimos poetas
y
no nos meten en la cárcel;
al menos en esta época...
pero dales tiempo
a que los versos,
den rienda suelta
a la rama que rasque el cielo,
cuando el invierno se chive
de nuestra lengua libre.

Sorbo de mi soledad

Mi corazón es un filete
de segunda.

Henchido de lagrimas
bebe de su pena
en medio de la soledad
que se provoca.

Corazón,
pañuelo de papel,
cuando eras adolescente
no te mirabas en mi alma.

Ahora canta y restriega
tu pena contra la pared
de tu soledad intrínseca.

Pintando sexos

Cómo un compás
y un punta fina,
escuadra, cartabón...
pero sin regla recta
que me guíe...

Todos los caminos
son lo torcidos que imaginamos
ninguno es regla recta,
pero dibujo círculos concentricos
con mi imaginación surrealista.

El método es triste ante lo imaginativo

Me desdoblo ante la vida de tus ojos
mientras mi cuerpo se chorrea
encima de un papel que no es mejor
que tu cuerpo...

Pero mi lienzo sigue siendo tu sexo.
Sexo blanco,
sexo cetrino:
sexo de paleta descolorida...
lagrimas ensangrentadas
en medio de un limón podrido.

Editoriales higiénicas.

He recibido tres negativas
de tres editoriales distintas.

Son cómo una carta de despido.

Las tres el mismo esquema.
A las tres les gusta mucho
lo que escribo.

¿De donde sacan tiempo
para gustarle tanto lo mucho?

Yo sigo escribiendo poemas
a cada poema:
Me destrozo, y después necesito
emborracharme para olvidarlo.

Moriré escribiendo y usando
los rechazos cómo papel higiénico.

No penséis que es por desprecio.
pero es que siempre estoy en crisis
y eso... supone un ahorro.

En ella, todo es sosiego.

Si hubiese besado
todo su cuerpo de duda,
mi amor no tendría tantas preguntas.

Puse un crespón negro en su ausencia.
Me enterré en su vagina para viajar con ella.

Rasco mi nombre con mis uñas,
su sangre empapa mis deseos.

Si hubiese besado todo su cuerpo de duda
mi interrogante sería su cuna.

Lagrima salada

Recibí la mirada aviesa,
envié la carta de esperanza.

Miré mi reloj de arena,
conté el tiempo y su escasa esperanza.

Busqué en medio de una noche,
la mitad de la vida nocturna,
hallé tan solo una despedida...

El dolor,
viaja desde el estomago
al ojo:
el ojo
entonces
suda.

Méritos en la noche.

Sentado al borde
deste corazón desplumado,
el alcohol me habla.

Botellas de licor
que llevan sueños
en sus grados
de inconsciencia.

No soy mejor por esto
pero tampoco peor...

El mendigo
con sus manos rajadas del frío,
tiene más merito,
que cualquier poeta del mundo.

Todo llega, incluso cuando menos lo esperas.

El jazmín arrancado de cuajo,
es un pensamiento en el suelo de barro.

Corazón de pluma y sentir de plástico,
todo lo que tienes lo quemas con gasolina.

Ahora tu corazón no es más que una flecha
en medio de la galena.

Ahora tu alma, tan solo se desplaza entre llantos.

Sabes y conoces el final de todo esto...

No es más que luchar para morir con una sonrisa,
pero vagabundeas en horas inconclusas

Ya estás perdido...
ya es difícil que vuelvas... no hay retorno,
y morder carne cruda no es solución
para esa soledad que te ha comprado
en saldo de mercadillo...

Bebe y olvida, que la solución
es cómo un barco a la deriva:
llega a tu puerto de tristeza
cuando tu risa ha caducado.

Avión de papel

Haciendo un avión de papel.
Doblando cada una de estas calles,
dando forma a estas esquinas de yeso,
reblandeciendo el hormigón de los edificios.

Aún soy joven, quiero dar forma a este sueño.

Me camuflo y me escondo, bajo las alas de papel,
pero no hay nada maravilloso en las esquinas blandas
tan solo un yo que lucha, algo que comparto con todos,
no soy más especial, tan solo uno más.

Haciendo un avión de papel, reblandeciendo todo
con mi sangre, para dar tinte al papel blanco y forma
al duro hormigón.

Tan solo camino y giro y bajo calles y subo escaleras
y trepo vidas con mis ojos, vidas que se cruzan
en mi andar de ebrio constructor,
en mi hacer de soñador.

Haciendo un avión de papel con esta ciudad
en medio de una borrachera de gente,
que regala desesperación a cada mirada,
aburrimiento en cada paso.

Al final lo consigo, construyo
mi avión, lo aliento, lo lanzo...
viaja a mi niñez donde borracho
recoge el sueño, sin test de alcoholemia,
ni exasperación en mis bolsillos...

Vuelo en avión de papel...
lloro entre nubes de sueño.

Tarde en el retiro.

Tan solo con la botella en la mano
tan sólo y bebiendo.

Sentado en el banco de madera
del parque, junto a la avenida,
avenida plagada de coches,
y coches llenos de gente
que va y viene,
tocando el claxon de su pena.
Con el maletero, lleno de ilusiones
y el camino por delante.

Contemplo los coches.
los imagino como nichos
de la sociedad.
Nichos costosos
que nos entierran en el asfalto.

Sólo en el parque.
Solo bebo de esta botella marrón
de cerveza.

Tras de mi, la gente rema
en un estanque sin salida.

Agua que no fluye y barcas
con gente,
gente que vino al parque
a remar en agua estancada.

Observo a esa gente.
La misma que vino en coche.

yo continúo.

Sólo y bebo.
Solo bebo.

Despidiendo Ikebanas

Palabra mendiga
verso indigente.
Finas ikebanas
en las manos
del vagabundo
herido.

El bambú se balancea
sin partirse en medio de la tormenta.

Brutal ikebana,
desmenuza mi entraña,
destrozando el verbo
de la palabra angosta.

Mi sexo, ikebana de piedra,
solloza en tu noche mientras
lo olvidas.

En mi mano tan solo
un universo improbable.
En su memoria
una ikebana oscura
de flores muertas

Muerte en medio de nada, qué es un todo eterno.

Óyeme,
tus ojos son ababoles
del sufrimiento,
lloras y tus lagrimas
son la muerte del agua.

Óyeme no estés sorda
óyeme, esta lengua añora
el lirio evaporado de tu sexo.

Óyeme,
tráeme,
ven donde me:
oxido
mato
muero
y remato
cómo si estuviera
vivo
en medio de tu muerte
de santo.

Caminando en medio de la experiencia.

Apresúrate y recoge el fruto,
pronto llegará el invierno.

Apresúrate ahora que eres loto.
No esperes, el frío es amigo
de nadie.

Apresúrate, pero no tengas prisa.
Disfruta del trabajo de la recogida.

Es duro, pero aporta experiencia.

Parque en el barrio.

Juegan niños
en el parque,
ríen niños en el parque,
comen sus dulces, en el parque.
Sueñan en el parque.

En el parque donde los yonkis
nocturnos recuerdan
su niñez,
mientras daban patadas
a un balón que ahora añoran
que no fuera su cabeza,
mientras en sus venas cabalga
su niñez estrujada y tísica.

Esos yonkis fueron niños,
esos niños...
a lo peor serán poetas.

Creencia.

Tengo una creencia,
pensar y reflexionar.

Mis referentes,
mis sentimientos.

Fuera, sólo crisantemos.

Pienso,
reflexiono,
y siento.

Base de mi creencia.
Nido de mi inicio.
Jardín de principio.

Fuera, sólo crisantemos.

La vida pregunta.

¿Qué te pareció bello de todo esto?

A penas me di cuenta de ello.
Tan solo, vi algunas cosas
que me llenaron.-Contesto.

La belleza, es aquello que no viste.
Has pasado por la vida ciego.

Pero vi el azul del cielo,
el color del valle,
la inmensa longitud
del alma ebria:
¿Cómo no he podido ver la belleza?

La belleza,
se te escapó entre los dedos.
Se te escapó a la hora del café,
la dejaste huir cuando viajabas en el tren
para emborracharte con amigos.
Se escabulló, en la ratonera de tu corazón
mientras con su rabo de roedor,
te latigueaba con su esperanza.

La belleza es un ratón que huye
de la humanidad, entre las paredes.

Ahora toma aire y salta desde tu pecho,
el parapente de tu despiste
te hará aterrizar en brazos
de tú propia deformidad.

Entra por donde huyes:
es la puerta de atrás
de tu olvido

Enfréntate donde
todos te buscan:
y

soplas.

Magia negra, buitre en chistera.

Lo reconozco,
mi corazón 
es un muñeco de voodoo
al que le clavo alfileres 
mientras pienso en lo que amo,
mientras siento lo que sufro.


Siempre me gustó la magia
porque siempre fui un oculto,
de niño atrás de la fila,
de adolescente detrás del grupo,
de mayor un tímido enfermo
que robaba corazones
cómo si fueran carteras,
para freírlos en mi habitación
a oscuras, soñando su atención
en medio de la calle,
rodeado del grupo....

Siempre he sido mago
y he comprado trucos negros,
hasta cuando nací,
me sacaron de una chistera,
y mi forma de gazapo,
la cambiaron por ave de rapiña.

Me posé en la manga
del hechicero,
y con mi pico
saqué los ojos
a un dios en medio
de un retortero de basura.

Siempre me gustó la vida
por su magia oculta,
esa que en medio de su vacío,
te hace sacar conejos
del fondo de un sombrero
negro.

Polvos mágicos...
momentos extraños...
Toda la magia es una búsqueda
de la verdad que no existe.

Viejo barco a la deriva.

Cómo un pez,
se mueve en la tarde,
sin conocer su destino.

Su chepa, le pesa
tanto cómo su conciencia

Camina despacio,
cómo un koala borracho.

Su camisa es de cuadros
rojos y blancos.
Pero su corazón sigue enlutado.

Es anciano y pausado.

Atraca en la barra tras unos minutos
de deriva, la que le lleva de casa
a la cutre cafetería.

Bebe cerveza y roe las tapas
que le sirven.

Su casa es ordenada y esquiva
su carácter solitario y ensombrecido.

Es anciano,
parlotea por lo bajo a solas

Recuerda su pasado.
Maldice esta vida,
bendice la cerveza,
mordisquea la hamburguesa.

Tras esto cerrará los ojos
sin saber quién le lleva.
Piensa que está en una ratonera.

Es viudo pero siempre fue soltero.

Mirlo muerto resucita en mano de ella.

Sostiene en su mano
un mirlo muerto.

Ella es bruja,
ella es maga,
ella es hechicera.

Agita su mano.
Intenta revivirlo.
Desea que agite sus alas,
que su corazón palpite.

Ella pasa su mano por el mirlo muerto,
le dedica unos gemidos de aliento.

El mirlo, cómo en la fabula
de Leonore, reacciona a la muerte
y resucita muerto, terso
y
terrorificamente desafiante.

Se incorpora sobre sus patas
a graznar en la mano.

Ella espera que el mirlo
le agradezca el gesto,
su sacudida.

Este, en medio de su graznido,
repiquetea su mano y busca
cómo una jaula, su boca,
para esconderse y deshacerse en ella.

Sola en el parque, ella se masturba.

Se sienta sola en el parque,
tan solo una falda y una camisa sin mangas.

Quiero imaginar que no lleva bragas...

Sus sandalias las deja en el suelo,
su bolso en el banco,
la madera acaricia sus nalgas
y
su espalda.

Saca un libro de poemas:
Selección de Kenneth Rexroth.

Enciende un cigarro, da un trago
a un bote cerveza...
Abre el libro por una marca al borde de la pagina.

La brisa le sacude con timidez el pelo
y la falda, sus pezones renacen,
marcando dos colinas por la camisa.

Deseo trepar esas montañas,
morder con mis dientes
su piel de estraza.

Se descalza de un pie, se rasca...

Su orgasmo está presente, le llega.
La poesía ha entrado,
acaricia con sus versos, su cuello estriado.

Mira al frente, reflexiona, desea más poemas.
Es una salida, le gusta la poesía.
a cada verso, su vagina llora.

Explotas, yerras, aprendes

Suite.
Lanzo esto al aire
y dejo que se estrelle.

Se espachurra contra
un charco pleno de gritos
y salpica mil gotas
con mi nombre,
en noches en las que el miedo
no es más que un humo
que trepa por la enredadera
de mi cornisa grotesca.

Antes le di forma en mi cabeza,
cómo la plastilina negra
que nadie compraba,
y qué las madres
escondían.

Yo me tenía escondida
mi niñez,
me trataba cómo una madre
de plástico que sólo
derretía planetas
con las gotas
del charco
que chocaban contra
la ventana de mi inconsciencia.

Pero nació y tuve que amamantarlo
con mi seno de mugre, llenando de heces
su boca, callando así, la tormenta
que traía bajo el brazo,
tormenta disfrazada de pan.
Pan disfrazado de mugre,
Mugre que al caer al suelo
se convertían en gritos
dentro del charco
de mi imaginación,
imaginación:
desbocada,
desmembrada,
destripada,
descuidada,
descifrada,
despechada...

Imaginación como bomba
lapa...
pegada a mis subconsciente
preparada para explotar
en el momento menos
desesperado.
En medio de la tranquilidad.
Para abuso de mi cuerda estancia
en el mundo encolerizado...

Cierto día explotó
con la sabiduría del átomo
y la exasperación del sexo
impracticable.

Me regañó por los siglos de silencio,
me escondí tras la esquina,
de quién me había dado de lado.

Todo fluía sin decisión.

La explosión re-colocó
todos mis órganos
en un aullido sideral
que arañaba mi entraña,
colmada de amargura,
para que pudiera con mi mano
sacarlos de cuajo
y dispararles a la boca
con mi revolver de jarro.

Sacar el estomago me daba ansiedad
jugar con la muerte a la ruleta rusa...

Sacar el corazón, me daba un sentir despreciable
hacia todo lo que amaba...

Sacar el hígado era cómo quedarme huérfano
y convertirme en un incestuoso y arenoso
fondo sin forma.

La explosión me dio todo lo que deseaba.

Explotar es caer en cuentas con error.

Erróneamente continúo
en medio de un quicio
más estrecho que un canto,
pero ya soy trapecista,
me he acostumbrado
a caminar en casi
desequilibrio
y lo peor es que ya no me mareo
sólo mantengo la angustia
para alimentarme en tiempos
de hambruna...

Pero se que esta explosión
fue un error,
y que el error me lleva
al aprendizaje,
Lugar del que no debemos salir nunca.

Yerras,
Vagabundeas,
eres un caballo cojo
saltando setos de abismo y fallos.

Uña rota vida narrada.

Me gustan las uñas rotas,
esas que se rompen
por el borde
y parece que dibujan
un pequeño monte
de quinina...

Me gustan cuando
se desportillan,
quedan bonitas
y es cómo si contaran
una vida en un pequeño
trozo de error
partido...

Me gusta pasar la yema
del dedo por ella,
sentir su roto,
su desportillado,
cómo un craso
error inmutable.

Las uñas rotas
son lo más parecido
a nosotros en nuestro
cuerpo, que no exprese
nada.
Tan solo narran,
cuentan en su delgadez
partida,
una extraña vida de errores,
que con el tiempo crecen
y se olvida que una vez
existió el roto,
el error,
y hasta Crassus.

Cerezo solitario

El cerezo se erige
en medio del valle
dando en primavera
vida a la sakura.

Pero el cerezo solitario
en medio del bosque de bambú,
levanta sus ramas, cómo brazos
de muerte, arañando un cielo inalcanzable,
también solitario.

Son dos soledades bellas,
soledades que dan belleza,
soledades que crean y repiten
ciclo con frecuencia.

Soledades tan solas,
que la distancia entre ellas
para tocarse,
se hace también sola.

Triste vida que todo lo que toca,
lo convierte en soledad
rodeada de belleza.

Visitando la casa de mi amigo Po.

Atravesé a solas el oscuro y frondoso
bosque de cedros que lleva hasta la casa de Po.
A pocos metros, pasando la hierba fresca,
en el río que baja desde lo alto del monte Xian,
metí mis pies para refrescarlos.
La luz bañaba el bosque,
los cedros a lo lejos, dibujaban sombras y luces,
caían briznas en el río, y bajaban por su cauce
flores derramadas por la naturaleza del tiempo.

Bajaban acariciando el río.
Desde lejos eran diminutas,
al pasar por mi lado crecían,
río abajo, viajando, en el agua, 
se empequeñecían hasta desaparecer
en un meandro que giraba para su destino,
dibujando la muerte de color blanco.

Saqué los pies del río.
Refrescados y aliviados.
Me calcé mis sandalias de esparto
y caminé hasta la casa de mi amigo Po.
Llamé a su puerta y Li, sabio y conciso
consultó:

-¿Qué te ha enseñado el camino?
-Qué somos flores en el cauce del río.
y la luz nos baña creando sombras y claros- contesté.

Me invitó a té.
Me convertí en té.

Bebimos vino:
él del sabio,
yo del santo.

Amigo Li Po,
no han cambiado mucho las cosas 
desde entonces, solo han pasado algunos siglos.
y mucha frialdad hacia la sabiduría. 

Definición y geografía.

Tiburón de arena,
reloj de colmillo,
tiempo de tela,
alma de cartón,
corazón de pelele,
pies de ogro
pecho de oso
barriga de gorila,
entraña de azúcar,
cerebro escarchado,
imaginación de pájaro,
huesos cómo palos de helado.
uñas de papel.
dientes que regañan entre ellos,
ojos de servilleta,
manos de buitre,
pies de barca peluda,
pene de botella,
culo de rafia.

Mis enfados son maremotos
mi arrepentimiento cascadas.

Mis emociones gruñidos,
mis sentimientos un albornoz sucio
que me abraza.

Esta es mi geografía,
así es cómo me defino,
soy algo cobarde
y
no diré si a veces lloro.

Pero mi sangre es cerveza
y cuando lo hago
me bebo a mi mismo,
me bebo y trago sólo.

Pierdo el este

Hay días que el sol
cambia su lugar de salida.

Sale por donde nunca
sale, se esconde tras una esquina
de nube.

Días en los que sus rayos
son rayas.

Días en los que su luz
es inversa.

Días en los que pierde su norte,
que es el este,
saliendo por el norte,
que es su oeste.

Días en los que el sur
se deshace en la palma
de la mano,
se mortifica entre luces
por ser tan olvidado,
que se olvida
el sol
que el norte,
es sur
y la brújula
vuela en escoba.

Respuesta al orden

Me gusta desperdigar
la ropa por el suelo.

Tenerlo todo desordenado,
es cómo una aclamación
de la vida en su día a día.

Nada es igual
pero sabes donde está todo.

El desorden,
lo defino, cómo el orden
del ser que sabe
ordenarse en su interior.

Puedo estar siglos sin leer un libro,
pero se que lo tengo encima
de un armario,
ahí lo dejé cuando iba borracho.

La inconsciencia no es mala,
el desorden no es malo,
siempre y cuando recuerdes
con pasión, que lo eliges
para saber de modo seguro,
que solo tú:
Sabes donde está todo..