Encerrados

En ellos mismos,
son autómatas
de sus propios
sustos.

Los ves en el metro
mirando sus teléfonos
o con auriculares puestos:
son los encerrados
en esta vida.

No escuchan la sinfonía
disonante del mundo,
sus gritos,
sus cláxones,
sus camiones de basura,
sus llantos de niño
el pisar de las almas
en su vida de ajetreo...

Se encierran en ellos
como
una prisión de su cerebro,
su banda sonora
es su tarareo,
su apuesta en la vida,
es la próxima carta
del juego al solitario
en el móvil...

Están en la sala de espera
de la vida, que esperanzada,
espera
verlos nacer...
pero no abandonan
su placenta.

Son los encerrados
no miran,
no hablan,
no gesticulan
y cuando tropiezas
con ellos,
fruncen el ceño,
porque su alma
intenta liberarse
esperando la disculpa.