En equilibrio de la noche

Me consulto extrañezas
que no me pertenecen,
miserias del camino
que recojo como migas de pan mohoso.

En esta extrañeza de miseria,
en la vida resentida de la palabra,
como una infelicidad marchita
y dolorida,
donde el mundo se consulta
en el equilibrio de la noche,
que vence la respuesta,
a la parte
oscura del sueño.

Para qué esto?
Para qué aquello?

¡¡¡Migas de pan mohoso!!!...

Para qué los contenedores?
Para qué las bolsas de basura?
Para qué los coches?
Para qué las sillas?
Para qué la calma?

Me rebozo en esta consulta
que me toca, acariciando
mis parpados sanguinolentos,
en esa especie de extrañeza
intensa,

Para qué el sumidero?
Para qué el vino?
Para qué el fuego?
Para qué el dolor?...
Para qué la risa?.

Qué se busca?
Qué se encuentra?

Camino por la búsqueda
de la respuesta
a lo que no encuentro,
como un borracho
visionario de la muerte lenta...

Para qué el pelo?
Para qué la piel?
Para qué la arruga de la sombra?
Para qué el ojo atravesado por agujas?
Para qué, el para qué?

Consulto esto en medio
del equilibrio de la noche,
donde el sueño es una serpiente
que repta por la pregunta,
cortando su panza,
con hoja de luna negra
enrobinada,
sin hallar
la respuesta.

mientras dubitativo
lanzo al aire:
Para que todo?
Para que nada?