Pisando vidas

Pisé una mierda,
podría haberme quedado
en casa, tumbado en la cama
entero,
eterno,
sincero conmigo mismo,
holgazán y vago
como me reconozco,
como me gusta que me conozcan,
misero con el esfuerzo
y recogido con el tiempo.

Pero salí a trabajar,
y pise una mierda,
una mierda que jamas
en mis sueños pensé
pisar.
No supe reaccionar,
se quedó pegada a mi pie,
a mi zapato, ese que me protege
para no ir descalzo.

Pise una mierda,
justo,
cuando más responsable
me creía.

arrastre el pie para refregarla
por el suelo y librarme de ella
pero la mierda no me dejaba
en paz.

no me deja.

Pise una mierda...
pisamos mierdas...
convivimos con ellas...
son nuestras mierdas...
y aunque te libres de ella
y no manche tu zapato,
la mierda te perseguirá
aunque el camino sea
recto y sin sombras.

Pisamos mierdas,
incluso cuando menos
imaginamos
que podemos hacerlo,
las que pisaste
huelen cuando menos
las recuerdas
para recordarte
el pasado
como un aguijón
de hedor caducado.

Salí a la calle
para ir a trabajar
y pise una mierda,
creo que fue el destino
de mi causa,
aunque dudo
y me cuestiono
si fue la causa
de mi casualidad,
de mi fatalidad,
pero pise una mierda.

Pare y restregué el zapato
contra la acera
para que quedara
allí espachurrada,
pero no se iba,
porque las que pisamos
no son mierdas,
sino nuestras vidas
que alguien suelta
en la calle
para ser pisadas.

Podría haberme quedado
en la cama hasta medio día
remoloneando...
pero fui a trabajar
y pise una mierda.