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Fue a mediados del año 2005, sentía que mi cuerpo no era exactamente el mismo que a comienzos del mismo año.

Un día duchandome, note un testículo más grande que el otro, "¡¡¡Cristo"!!!- pensé, ¡¡¡parece una naranja!!! seguí palpando hasta que dí con una especie de cabeza menor, como un garbanzo, duro, tan duro que podía apretarlo con tanta fuerza, que no sentía nada, se lo dije a mi mujer y rompió a llorar. Al día siguiente fui a la doctora de cabecera, me dijo que no era nada pero que me mandaba una ecografía para asegurarse. Cuando llegué al hospital, subí a la planta de eco y me senté en una silla compartiendo enfermedad con una fila de vidas, pasé, me atendió una mujer joven, rubia, de labios gruesos, alta con buen cuerpo:



-Bajese los pantalones y los calzoncillos y tumbese-

-Joder premio!!- me vino a la cabeza.

Empezó a untarme una gelatina por los huevos y me apartó el pene a un lado con mucha delicadeza.

-Nena como sigas por ese camino, me va dar igual que mi mujer esté fuera, jajaja

la broma no le hizo mucha gracia, en fin, el mundo pierde sentido del humor a ritmo de hipoteca.

Cogió el aparato de las ecografias, y lo deslizaba de arriba abajo con la misma suavidad con la que me había cogido antes el rabo, y su cara se iba trasformando en muecas de impresión constante

en la pantalla aparecían sombras de todo tipo, se levanto, salió y entró otra doctora, tampoco estaba mal, entradita en carnes pero bien configurada,

-Mira esto.-

-Que veis?-pregunté

No me contestaron

-No es por nada pero lo que habéis untado con gelatina como si fuera una rebanada de pan con mantequilla, son mis pelotas y me gustaría saber que cojones estáis viendo!!!-

-Los tuyos- me contestó tajante la ultima doctora,-estamos viendo los tuyos y haga el favor de callarse y dejenos trabajar, para nosotras es un asunto muy serio, ¿de acuerdo?-

-Y tan de acuerdo es el asunto más serio que habéis tratado.-

al poco tiempo salió y volvió a entrar con un doctor,- este es el que me va a dar por culo-pensé.

Cogió el dichoso aparato, lo movió señalo algo en la pantalla, algo dijo, no se el que y todo acabó.

Me dieron unas toallas para limpiarme, me subí los calzoncillos, los pantalones, salí por la puerta agarré a mi mujer por la mano

- ¿Que te han dicho?

-Que era un asunto muy importante. Se preocupó.

Salimos a la calle cogimos el coche, fuimos a Madrid, entramos en un bar y pedí dos cervezas.



A los quince días cuando recogimos los resultados, me recibió la doctora de cabecera, vio las pruebas, me mandó al oncologo, este me mandó más pruebas al cabo de unos días, me dijo:

-Cancer de testículo, con metástasis en el retroperineo y aloja un nódulo en pulmón. Tienes carcinoma, seminoma, teratoma y teratoma embrionario inmaduro. Vaya, vaya la que tienes aquí liada. Caso interesante. Entras en quirófano en diez días.

-En quirófano?- pregunté

-Si tenemos que extirpar el testículo derecho y limpiar la zona.

-No me jodas me vas arrancar un huevo?!!!

-Tanto como arrancar...

-Joder!!... bueno me daba igual, tenía dos.



Después de operarme llegó la quimioterapia. La quimioterapia es como una resaca de las peores, vas por la calle y tienes la sensación de ser invisible y de que a cada paso que das se te escapa algo de vida por la suela de tus zapatos y por las costuras de tu cuerpo.



Llegaba por la mañana al hospital, subía las escaleras hasta la primera planta esperaba a que me llamaran, la mayoría de la gente se agolpaba en la puerta para entrar los primeros y si no lo hacían se encaraban con las enfermeras... que extraño prisas casi por morir, prisas para que te quemaran por dentro con líquidos más dañinos que el que el whiskey de garrafón.

La quimioterapia me dejó sin pelo, las uñas me ennegrecieron para luego caerse, me quedé sin venas y lo peor eran los pinchazos que me tenía que poner todas las noches antes de dormir, el cerebro casi no funcionaba, la polla había vivido tiempos mejores, y mi testículo el pobre viudo tan joven... la única ventaja que encontraría ahí abajo era la de tener más espacio en el salón.


En el hospital te encuentras de todo tipo de gente, es como una estación de autobuses tienes que estar con mil ojos, una mañana pululaba por la sala de espera a quimio, una maruja plañidera, pasó por todas las sillas escuchando las miserias de otros y soltando sollozos sin una lágrima, la veía acercarse, veía su aleta de tiburón llorón, deslizándose hacia mí con hambre de pena, con ganas de regocijo y llegó y me pregunto:

-Que es lo que te pasa? con lo joven que eres, madre mía de verdad no me lo quiero imaginar, cuentame¿Qué te ocurre? ¿Por qué estas aquí? ¿Qué tienes?.-

-El horóscopo señora que me lleva loco-; me levanté, me llamaron y entré a mi sesión.


En las ultimas sesiones, uno de los líquidos que me inyectaron, me provocó reacción y solo recuerdo levantar la mano, después estaba tumbado en una sala aparte y tapado con mantas, el pecho me dolía y lo tenía rojo, me habían tenido que reanimar, me fui a dar un paseo más allá de mi cuerpo, no vi túneles, ni luces al final del pasillo, solo sentí una gran paz, una inmensa tranquilidad.



Un medico, de medicinas alternativas al que visité, me preguntó si había dejado de hacer algo en mi vida... -escribir- le dije, pues escribe debes sacar tus emociones, tu cancer es emocional.

-Y caro-, le contesté. Me ha costado un huevo.